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UNIVERSITY OF NORTH CAROLINA 



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COLECCIÓN DE POESÍAS 



POETAS DE LA AMÉRICA DE HABLA ESPAÑOLA 



COLECCIÓN ? ¿6 

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DE 



POESÍAS 



ESCOJIDAS POR 



Enrique de Arrascaeta 



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MONTEVIDEO 



EL SIGLO ILUSTRADO 



LIBRERÍA y casa de publicaciones 

A. RIUS, EDITOR^ 
157 --CALLE SURIANO-- 157 



EL SIGLO ILUSTRADO 



MPRENTAYENCUADERNACION 

RIUS Y. BECCHI 



152 - CALLE SOR TAÑO « 154 



Esta obra es propiedad del compilador, 
quien se reserva todos sus derechos. 



AL DISTINGUIDO ESCRITOR Y QUERIDO AMIGO 



I|tfrüi[ jjfltt jni* Julián lajtniíit 



Entusiasta Vd., como yo, por la literatura americana, en 
nuestras pláticas frecuentes sobre ella, más de una vez hemos 
lamentado la escasez de libros apropiados para su difusión en 
la masa del pueblo nacional y extranjero. 

Hará algunos meses dije á Vd. que había resuelto emplear 
algunos de mis ocios en preparar una colección de la parte 
poética destinada á llenar aquel objeto. 

Conocedor Vd. de mi trabajo, no sólo me ha animado á pro- 
seguirlo con su aprobación ilustrada, sino que, con una gene 
rosidad que me deja obligado, puso Yd. á mi disposición aqué 
líos de sus libros de que yo carecía. 

Ha sido Yd., pues, hasta cierto punto, colaborador conmigo 
en este libro, y por ello su nombre y el mió deben ir en él 
unidos : yo ofreciéndolo á Yd. como un débil testimonio de 
gratitud y aprecio, y aceptando Yd. la humilde ofrenda con 
su reconocida benevolencia. 

JVlONTEVIDEO, 9 DE jJuLIO DE l88l. 



buüque De Jx)Xia¿>ca,eta. 



AL LECTOR. 



Uno de los hombres que más han contribuido, con sus 
trabajos literarios, á hacer conocer, tanto en América como 
en Europa, las producciones y los nombres de notables poe- 
tas Americanos, es, sin duda alguna, el nunca bastante sen- 
tido literato Argentino, doctor don Juan María Gutiérrez, 
muy principalmente con la publicación de la Colección de 
Composiciones en verso, escritas por Americanos, en 
el presente siglo, que con el título «América Poética» dio 
á luz en Valparaíso en 1846, en un grueso volumen de 822 
páginas. 

Quince años después, el literato venezolano doctor don 
José María Torres Caicedo, publicó en ?arís, en series su- 
cesivas, hasta 1868, tres tomos con . el título «Ensayos Bio- 
gráficos y de Crítica Literaria sobre los principales poetas y 
literatos Hispano-Americanos», en cuya obra insertó algu- 
nas de las más notables inspiraciones contenidas en la «Amé- 
rica Poética» del señor Gutiérrez, y un considerable número 
de composiciones de bardos Americanos, que se habían he- 
cho conocer y aplaudir después de aquella publicación. 

Don José Domingo Cortés, boliviano, con el auxilio de 
aquellas Colecciones, la de Poetas Peruanos, Chilenos y 
Bolivianos de don Ricardo Palma, Peruano, impresa en Pa- 
rís en 1865; de los Parnasos Peruano, Chileno y Boliviano, 
publicados por el mismo señor Cortés en Chile en 1871; 
sirviéndose ademas, de los diversos libros de poesías pu- 



VIII 

blicaclos hasta entonces por vates Americanos, siete años 
más tarde formó su gran Colección en un volumen in-folio, 
que con el título de «América Poética» imprimió en París 
en 1875. 

Cualquier inteligente que haya hojeado *esta Compilación 
ha de haber notado, no sin sorpresa, el escaso número de 
poetas Uruguayos y Argentinos que en ella figuran, cuando 
estas dos Repúblicas cuentan con tantos y tan inspirados 
cantores, como ha de haber observado, asimismo, que al- 
gunas bellas producciones se encuentran mutiladas, sin que 
por esto dejemos de reconocer que es la más copiosa colee 
cion de cuantas se han, publicado hasta el dia. 

Aparte de esta consideración, todos esos libros, volumino- 
sos los más, caros todos, sólo pueden ser adquiridos por 
personas acomodadas, aficionadas á las letras, circunstan- 
cia ésta que obsta poderosamente á que la levantada y rica 
poesía americana se difunda en las otras clases del pueblo, 
llevándole la alta enseñanza y moralidad que en general 
forma el fondo de ella, estando, por consiguiente, limitado 
hoy su conocimiento á un reducido número de personas. 

Un libro, pues, que en pequeño volumen contuviese las 
más bellas inspiraciones de poetas de toda la América de 
habla española, y que por módico precio estuviese al alcan- 
ce de todos, era una necesidad sentida, desde hace tiempo, 
entre nosotros, y satisfacerla en lo posible ha sido el objeto 
que nos hemos propuesto con la presente colección. 

Algo semejante fué, *sin duda, lo que con recomendable 
celo, se propuso la señorita Anita J. de Wittstein con un 
volumen en 8.° de «Poesías* de la América Meridional», 
que publicó en Leipzig en 1867. Pero si se considera que 
este libro, escaso hoy, ha sido formado con producciones en 
su mayor parte tomadas de la «América Poética» del señor 
Gutiérrez, y se atiende á la fecha en que fué impreso, se re- 
conocerá desde luego que faltan en él todos los poetas de 
las diferentes Repúblicas que se han distinguido después de 
la aparición de aquél. 

Para la realización de nuestro propósito no quedaba otro 



arbitrio que el que hemos adoptado, y es éste: reunir en un 
pequeño libro una producción escojida de cada uno de los 
poetas de mayor fama de la América, entresacándolas con 
particular esmero, de las colecciones y libros citados y de 
otros publicados hasta el dia, y algunas que no se encuen- 
tran en ellos, de periódicos y revistas literarias, prefiriendo 
entre ellas, las que tratan asuntos históricos, filosóficos, ó 
descriptivos de la naturaleza americana, asuntos morales, ó 
religiosos, desechando, por no permitirlo la forma reducida 
que debe tener este libro, aquéllas que revisten las propor 
ciones del canto épico ó la leyenda. 

Gomo se ve, hemos seguido un procedimiento análogo al 
que emplearía un jardinero que se propusiese formar un ra- 
millete con las más preciosas flores de un vasto y variadísi- 
mo jardín. Si los lectores encuentran el que ahora les ofre- 
cemos, tan bello como fragante, nuestras aspiraciones que- 
darán cumplidamente colmadas. 

Se notará en nuestra colección, mayor número de poetas 
uruguayos y argentinos que de las otras Repúblicas; pero 
razones hemos tenido para ello. 

Es la una que habiéndonos propuesto popularizar entre 
nosotros las producciones de los poetas americanos, nos 
interesáramos en generalizar las de los escritores de ambas 
márgenes del Plata. 

Es la otra la imposibilidad de dar cabida en nuestro libro 
á mayor número de autores, porque esto nos llevaría á for- 
mar un grueso volumen, que es precisamente lo opuesto al 
objeto que hemos tenido en vista. 

Otra razón más podríamos aducir y es que no dando lugar 
en esta colección á los asuntos eróticos, satíricos, ó que tradu- 
cen impresiones individuales, por oponerse á ello la índole 
y destino que damos á este libro, no pueden figurar en él 
los nombres de los autores que han cultivado estos géneros 
de poesías. 

Por lo demás, es de esperarse que una vez despertado y 
difundido el gusto entre la generalidad del pueblo por la poe- 
sía americana, los aficionados á ella procurarán adquirir un 



conocimiento más extenso no sólo de las otras produccio- 
nes de los poetas que se nombran en este libro, sino también 
de los otros que hemos omitido «en él, por las razones antes 
indicadas. 

Creemos asimismo que este libro, por su poco volumen, 
exiguo precio, belleza y sana enseñanza que contiene, puede 
servir para lectura y recitación en los colegios y escuelas de 
la República. 

Montevideo, 1881. 

Enrique de Arrascaeta. 



POETAS URUGUAYOS 



HIMNO NACIONAL 



CORO 

¡Orientales^ la patria ó la tumba, 
Libertad ó con gloria morir ! 
Es el voto que el alma pronuncia , 
Y que heroicos sabremos cumplir. 

'{ Libertad, libertad ! Orientales, 
Este grito á la patria salvó, 
Que á sus bravos en fieras batallas 
De entusiasmo sublime inflamó. 
De este don sacrosanto la gloria 
Merecimos . . . tiranos temblad ! 
¡ Libertad en la lid clamaremos, 

Y muriendo, también, libertad ! 

CORO 
¡Orientales, la patria ó la tumbal etc. 

Dominando la Iberia dos mundos, 
Ostentaba su altivo poder, 

Y á sus plantas cautivo yacía 
El Oriente sin nombre, ni ser. 
Mas repente sus hierros trozando 
Ante el dogma que Mayo inspiró, 
Entre libres y déspotas fieros 

Un abismo sin puente se vio. 



POETAS URUGUAYOS 



CORO 

/ Orientales, la patria ó la tumbal etc. 

Su trozada cadena por armas, 
Por escudo su pecho en la lid, 
De su arrojo soberbio temblaron 
Los feudales campeones del Cid. 
En los valles, montañas y selvas 
Se acometen con ruda altivez, 
Retumbando con fiero estampido 
Las cavernas, y el cielo á la vez. 

CORO 

% ¡Orientales, la patria ó la tumbal etc. 

Al estruendo que en torno resuena 
De Atahualpa la tumba se abrió, 

Y batiendo sañudo las palmas 
Su esqueleto, ¡ Venganza ! gritó: 
Los patriotas al eco. grandioso 
Se electrizan en fuego marcial, 

Y en su enseña más vivo relumbra 
De los Incas el Dios inmortal. 

CORO 

/ Orientales , la patria ó la tumba ! etc. 

Largo tiempo con varia fortuna, 
Batallaron liberto y señor, 
Disputando la tierra sangrienta 
Palmo á palmo con ciego furor. 
La justicia, por último, vence, 
Domeñando las iras de un rey; 

Y ante el mundo la patria indomable 
Inaugura su enseña y su ley. 



POETAS URUGUAYOS 



CORO 
¡ Orientales , la patria ó la tumba ! etc. 

\ Orientales ! mirad la bandera, 
De heroísmo fulgente crisol: 
Nuestras lanzas defienden su brillo; 
I Nadie insulte la imagen del sol ! 
De los fueros civiles el goce 
Sostengamos, y el Código fiel 
Veneremos inmune y glorioso, 
Gomo el Arca sagrada Israel. 

CORO 

¡Orientales, la patria ó la tumbal etc. 

Porque fuese más alta tu gloria, 
Y brillasen tu precio y poder, 
Tres diademas, ¡ oh patria ! se vieron 
Tu dominio gozar y perder. ( 1 ) 
¡ Libertad, libertad adorada, 
Mucho cuestas, tesoro sin par ! 
Pero valen tus goces divinos J 
Esa sangre que riega tu altar. 

CORO 

/ Orientales , la patria ó la tumba ! etc. 

De laureles ornada brillando 
La Amazona soberbia del Sud, 
En su escudo de bronce reflejan 

(1) España, Inglaterra y el Brasil, que dominaron la primera desde el 
descub imiento del Rio de la Plata hasta 1814; la segunda, seis meses del 
año 1807 ; y la tercera, desde 1817 hasta 1828, en que el país después de una 
larga guerra sacudió la dominación extranjera, y quedó independiente, cons- 
tituyéndose en República. 

(Nota del autor.) 



POETAS URUGUAYOS 



Fortaleza, justicia y virtud. 

Ni enemigos le humillan la frente, 

Ni opresores le imponen ehpié; 

Que en angustias selló su constancia, 

Y en bautismo de sangre su fe. 

CORO 

i 

¡Orientales , la patria ó la tumba! etc. 

Festejando la gloria y el dia 
De la nueva República, el sol 
Con vislumbres de púrpura y oro 
Engalana su hermoso arrebol. 
Del Olimpo la bóveda augusta 
Resplandece, y un ser divinal 
Con estrellas escribe en los cielos, 
Dulce patria, tu nombre inmortal ! 

CORO 

; Orientales % la patria ó la tumba! etc. 

De las leyes al numen juremos 
Igualdad, patriotismo y unión, 
Inmolando en sus aras divinas 
Ciegos odios y negra ambición. 

Y hallarán los que fieros insulten 
La grandeza del pueblo Oriental, 
Si enemigos, la lanza de Marte, 
Si tiranos, de Bruto el puñal. 

•» • 

CORO 
¡Orientales, la patria ó la tumba! etc. 

Francisco Acuña' de Figueroa. 



LA GLORIA 

Jk DON J^ÉLIX DE /tZARA 

Tanto en el litoral del Plata como en el 
' interior, en tocias las estaciones, y más en 
verano , suele llover con muchos relámpa- 
gos, á veces tan continuos, que apenas hay 
intervalos de unos á otros , y parece que 
está el cielo ardiendo. Allí (en América) 
las sierras, los valles, llanuras, rios, cata- 
ratas y todo son tan grandes, que en su pa- 
rangón las mismas cosas, en Europa, deben 
reputarse miniaturas y muñecos. En todo el 
continente americano son muy frecuentes 
los incendios de los bosques , sábanas ó 
pajonales, ora por la mano del hombre, ora 
por la electricidad que desenvuelve el exce- 
sivo calor. Estas quemazones sólo se detie- 
nen en los arroyos y caminos, extendién- 
dose tanto con el viento, como que yo cami- 
né más de doscientas leguas muy al Sur de 
Buenos- Aires, sobre una campiña que prin- 
cipiaba á retoñar, y había sido abrasada de 
una vez. 

(Azara, Descripción é Historia del Pa- 
raguay y del Rio di la Plata. ) 

\ Adelante ! . . . ¡ adelante ! . . . nada importa 
Que, rasgando la%óveda del cielo, 
Cual flamígera nube, ardiente velo 
Amague al Universo devorar. 



POETAS URUGUAYOS 



¡ Adelante ! ¡ adelante ! . . . nada importa 
Que zumbe el huracán, y en fiero embate 
El rayo tremebundo se desate, 

Y en sus hondos abismos ruja el mar! 

No importa que en furioso torbellino 

Se despeñe la inmensa catarata, 

•Y cubra con su sábana de plata 

El bosque y la llanura hasta el confín. 

No importa que la tierra tiemble ó ceda 

Bajo la planta del audaz viajero, 

Y no encuentre ni huella ni sendero 
Que lo conduzca de su marcha al fin. 

El adelante seguirá, ¡ adelante ! 
Cruzando siempre con mayores bríos, 
Selvas, desiertos, páramos y rios 
Que absortos dejan alma y corazón. 
El sol á plomo lanzará sus rayos . . . 
Pero es en vano que al viajero asalten, 
Que el aire incendien, y en la yerba salten 
Sus mil lenguas de fuego en rebelión. 

El impasible cruzará los brazos, 

Y aunque un instante le acongoje el fuego : 
Firme y altiva su mirada luego 

,En el vasto horizonte clavará; 

Y entre ardorosa nube de ceniza 
El terreno pisando que aun humea, 
Será el incendio su gloriosa tea, 

Y él tras las llamas adelante irá. 

¡ Siempre adelante ! . . . Fétidas lagunas, 
Negros vapores que la muerfe exhalan, 
Vampiros que con sangre se regalan, 
Insectos que se aferran á la piel, 



POETAS URUGUAYOS 



Sierpes que anuncian su presencia hiriendo, 
Tigres hambrientos que la selva aduna, 

Y que al trémulo rayo de la luna 
Rebramando se acercan en tropel. 

Bárbara tribu que se oculta aleve, 

Y allí al cristiano vengativa acecha 
Con la veloz envenenada flecha, 
Que silba, hiere, pasa y no se ve; 
Nada amedrenta ni detiene al fuerte 
Varón heroico en su fatal camino: 
Puede en él darle tumba su destino . . . 
¡ Mas no obligarle á desviar el pié ! 

Un impulso secreto, un misterioso 
Instinto que invencible le domina, 
Le arrebata, le impele y encamina 
Do cumpla su misión triste, ó feliz. 

Y cae, y se levanta, y cae de nuevo, 

Y otra vez más altivo se levanta, 

Y sigue sin temor, firme la planta, 
Sereno el pecho, erguida la cerviz. 

Acaso en premio de su afán arribe 

De su ansiada esperanza al grato puerto, 

Y á la posteridad legue cubierto 
Su nombre de aureola divinal. 

Y acaso ese demonio que persigue 
Al genio y la virtud con furia insana, 
Dé á su noble ambición tumba temprana 

Y á su memoria olvido perennal. 

¡ Esa es la gloria ! . . . los que van tras ella 
Su juventud arrojan en sus aras, 
Dichas, placeres, ilusiones caras, 
Cuanto atesora el alma y corazón. 



POETAS URUGUAYOS 



Así tan sólo se fecunda y brota 

Y se entreabre su espinoso lirio; 

Porque la gloria es . . . nada ... ó el martirio; 
¡ Es del ángel proscripto la expiación ! 

Mientras palpita el hombre, ella le pide 
Toda la savia de la vida suya, 

Y hace que ardiente sin cesar refluya 
En la fragua del tiempo, el porvenir; 
Porvenir que no llega sino cuando 
El alma rompe su mortal cadena, 

Y se remonta á la región serena 
Entre nubes de rosa y de zafir. 

Viene entonces la gloria, casta virgen, 

Que huye del hombre cuanto más la implora, 

Y en su sepulcro se le entrega y llora, 
Porque viviendo le negó su amor. 

La tierra* besa que sus restos cubre, 

Y el puro llanto que á raudales vierte, 
En luz y aromas y laurel. convierte 
La vil escoria que inspiraba horror. 

Tú fuiste, ¡ oh Azara ! también escogido, 
También en tu losa gimiendo aun está 
La gloria que un dia te vio decidido 
Arrostrar las iras del gran Paraná. 
Tu nombre aún repiten, al salvar las rocas, 
Con salto gigante, Guazú y Aguarccy, 

Y al oirlo, es fama que en sus anchas bocas 
Tiembla y se detiene su inmenso raudal. 

La brisa que viene de la ignota Pampa 
Trae una armonía dulce para* tí, 

Y hasta el indio bravo que en sus valles campa, 
La oye alborozado con gozo infantil. 



POETAS URUGUAYOS I I 

Gime el Avonquija , y en su blanca espalda 
No borran las nieves tus huellas , feliz ; 
Paraguay no tiene para tu guirnalda 
Suficientes flores en su gran jardin. 

Uruguay , la tierra do vertió á millares 
Sus más ricos clones prodigo el Señor, 
Ostenta en su bella corona de azares 
Tu nombre , diamante que á España robó. 

Y cuando vil cñusma traspasa la sierra 
Por donde impetuoso corre el Yaguaron, 
Cuentan que se rasga y. asoma en la tierra 
Brillante la línea que Azara trazó. 

Las vírgenes selvas del Chaco salvaje, 

Y los densos bosques del Yi y Tucuman , 
Dicen que al nombrarte doblan su ramaje , 

Y aromada, lluvia de sus hojas cae. 
Tiene el Plata un vago , colosal murmullo 
Con que á veces cuenta su dolor al mar , 

Y yo , que, poeta , comprendo su arrullo, 
Sé que tu memoria nunca olvidará. 

Llora por tí, Azara , porque tú no fuiste 
Ni venal, ni torpe, ni déspota cruel; 
Llora por tí , Azara , porque mereciste 
La rica diadema que puso en tu sien. 
¡ Digna y envidiable , fúlgida aureola,, 
Que alcanzó tu esfuerzo , virtud y saber ! 
¡ Déjame admirarla! ... Tu gloria española , 
También de mi patria , de América es ! 

Alejandro Hágannos Cervantes. 



EL CHARRÚA (1) 



Yo canto el ínclito esfuerzo 
De la gigantesca raza 
Que hiciera trescientos años 
Pié firme frente a la España , 
Llevando diversa suerte 
A diferentes batallas ; 
Esa , no bien conocida 
Ni aun aquí en su misma patria , 
Pero que en hechos gloriosos 
Se muestra, en ella, abultada, 
Burilando en nuestra historia 
Su nombre á punta de lanza , 
Y la que también pudiera 
Competir con la araucana , 
Si Don Alonso de Ercilla 
Fuese aquél que la cantara. 
Esa, que siendo señora 
De nuestra vasta campaña, 
Con planta fácil, ligera, 
Indómita , la paseaba , 
O en sus boyantes canoas, 
Sutiles , leves y largas , 

(1) Introducción puesta por vía de prólogo al frente del drama histórico 
del mismo nombre en cinco actos y en verso, original del autor de efte ro- 
mance, que es una verdadera joya literaria, entre otros méritos, por la exac- 
titud de los rasgos antropológicos é históricos que en él campean. 

(Nota del De.. D. A. Magariños Cervantes. ) 



POETAS URUGUAYOS 



1 

Nuestros arroyos y rios 

A todas aguas sulcaba ; 

Esa , de pecho salido , 

Ancha de hombros , de alta talla , 

De cabeza firme , erguida , 

De fisonomía animada , 

Y cuya corva nariz 
Copia era de la romana , 
De cuerpo recto y flexible , 
En ademanes, gallarda, • 
De breve andar altanero , 

Y de nervuda pujanza ; 
Esa, que por todo traje , 
A la cintura llevaba 

Un tonelete de pieles , 
Sueltas á fuer de sobadas , 

Y un quillapi , que á los hombros 
Por sobre el pecho anudaba , 
Mientras que su cabellera , 
Negra , extendida , poblada , 
Dejaba caer al descuido 

Sobre el pecho , hombros y espaldas , 

Y allá á nivel de la frente 
En' redondo -la apretaba 
Con un jirón de colores 
Ancho y á guisa ele faja ; 
Esa , de mirar severo , 
De tez brillante y tostada , 

Que el cuello , brazos , muñecas 

Y tobillos se adornaba , 

Lo mismo en fiestas que en lides , 
Con ajorcas emplumadas ; 
Esa , que briosa en el llano , 
En el aduar ó en la caza , 
Airada, quieta, ó corriendo, 
Traia consigo , por armas 



.POETAS URUGUAYOS I 5 

Arco , carcaj , y en él flechas , 

Y en la mano larga lanza , 

Y boleadoras de á dos 
Que á la cintura reataba ; 
Con éstas , al escondido 
Tras de alguna espesa mata , 
Atisbaba al avestruz , 

Al guazubirá ó la gama , 

Y alzándose de improviso 
Al aire las revoleaba , 

Y despedidas en jiros 
Al animal alcanzaban , 
Concluyendo su carrera 
Cuanto le envolvían las -patas) 
Esa que del lazo hiciera 
Serpiente negra, enroscada , 
Que al desrizar sus anillos 
Hasta la presa llegaba, 

Para rodeársele al cuello 

Y detenerla ó ahogarla ; 

Y la que también sabía 
Desafiar, y que retaba, 

E iba al campo , y cuerpo «á cuerpo , 

Esgrimiendo en él sus armas , 

Lidiaba tenaz y fiera , 

Llena de fe y esperanza , 

Mas si el destino alevoso 

Al trance la abandonaba , 

Maldiciendo su destino , 

Moría sin pedir gracia ; 

Esa , que al potro bravio 

De aquella cria de España , 

Dominándolo á su antojo , 

Le quitara ó diera alas , 

Tal ó como le placía , Z 

Dueña era ele su arrogancia ; 



1 6 POETAS URUGUAYOS 

Y, ó ya lo paraba inmóvil, 
O agitándolo , volaba , 
Pues con un leve bocado , 
No de hierro , sí de huasca , 
Gomo lo nombraba ella , 
Trepándose á sus espaldas , 
Iba en el crinado potro • 
Recorriendo la campana, 
Cruzando rios y arroyos , 

Y bosques y hondas quebradas , 

Y pantanos y chircales , 

Y lagunas y montañas , 
Siempre respirando brios , 
Siempre vomitando saña , 
Siempre blandiendo su pica , 
Siempre soñando venganza , 

Y sobre el fogoso potro ■ 
Al combate se arrajaba , 

Y en él , allí , á los cristianos 
De la América ó de España , 
Con indo.mable entereza, t 
Aunque desigual en armas , 
Arremetiéndolos , lista, 
Bizarra los afrontaba , 

Y les disputaba el campo , 
Palmo á palmo , cara á cara , 

Y golpeándose la boca , 

Que espuma en copas manaba , 
Con ella , al viento , entre gritos 
Parte de su rabia enviara , 
Mientras el cá*mpo en su potro 
Caracoleando rodeaba , 
Mostrándoseles á todos • 
Con él , y en él , con su lanza , 
Donde una espada filosa 
Embutida traia al asta , 



POETAS URUGUAYOS 1 7 



Y cuyo aguzado extremo , 
Húmedo en sangre cristiana , 
Cada vez que se blandía 
Rojas gotas salpicaba ; 
Que así iba , rebosando 
Crudas y cerriles ansias , 
Por todas partes , y en todas 
Lidiando jadeante , airada , , 
Siempre ansiando el esterminio , 
Nunca hastiada de matanza. 
En fin , yo canto la tribu 
Que hoy es polvo ; menos , nada ; 
Esa que fuera preciso . 
Para vencerla, acabarla. 



Pedro B. Bermúdez. 



POBLACIÓN DE MONTEVIDEO 

( j^EBRERO DE ÍJ24 ) 
I 

Brillaba él sol en oriente , 
Hiriendo el manto de nácar 
Con que al nacer de sus rayos 
Guarda el aurora la espalda , 

Y de las olas y el suelo 

La densa niebla ahuyentada , 
Al descubierto su mole 
Mostraba la alta montana ; 
Allí en su base bramando 
Se derrumbaban las aguas 
Por sobre rocas inmobles , 
En que soberbia descansa. 
Desierta estaba la tierra 
Sin una pobre morada , 
Donde hoy, ¡ oh ! patriante elevas 
Como paloma lozana 
Que llega al pié de la fuente 
Para bañarse en el agua , 

Y satisfecha en la orilla 
Posa y extiende las alas. 
Todo en el húmedo suelo, 
Todo en silencio callaba; 
Túrbale sólo el estruendo 



20 POETAS URUGUAYOS 



Que hace la mar en la playa , 

Y de gaviotas voraces 
La estrepitosa algazara 
Guando descubren la presa 
Que en seco dejan las aguas. 
Tal vez repente se muestra , 
Como flotante fantasma , 
Sobre peñón denegrido , 

De algún charrúa la talla , 

Y luego al punto desciende 
De su insegura atalaya, 
Miedo llevando en el rostro 

Y más que miedo en el alma , 
Pues ve á lo lejos, sin duda , 
Venir del puerto en demanda , 
Alzando montes de espuma, 
Dos anchas naves cristianas. 



II 



Ya la mitad de su curso 
El dios del Inca tocaba , ' 
Aun las arenas quemando 
Que humedeció la resaca , 
Guando un gran ruido las aves 
Hizo volar en bandadas _, 
Que entre las peñas ocultas 
O entre lá yerba posaban , 
Y luego al punto se vieron 
Cruzar lijeros la playa , 
En poderosos corceles , 
Que ansiosos el freno tascan , 
Bien ordenados guerreros , 
De cuyas fúlgidas lanzas 
Penden airosos listones 
Con los colores de España. 



POETAS URUGUAYOS 21 



Sobre un toslado revuelto 
Que en propia espuma se. baña, 
De toda aquella cuadrilla 
El noble gefe cabalga , 

Y en su mirar atrevido 

Y en su apostura gallarda , 
Decir á todos parece : 

« Don Bruno soy de Zabala » : 
Recto y leal caballero 
Del orden de Calatrava', 
A quien el rey diera el mando 
De las provincias del Plata. 
Luego que en presta carrera 
La leve arena cruzaran , 
Clavó el caudillo en la cuesta 
El pendón regio de España ; 

Y con mil flámulas bellas 

Y con mil bélicas salvas 
Le saludaron las naves , 

Que ya en el puerto le aguardan. 
Al' viento dieron entonces , 
Que mansamente soplaba., 
Las no bien rejidas velas 
De sus perezosas barcas. 
En ellas nuevos guerreros 
A tierra rápidos bajan , 

Y á los ginetes sudosos 
Contra sus pechos abrazan. 
Solaz, por breves momentos, 
Dióles Don Bruno Zabala ; 

Y al punto ordena que todos 
Dejen las lanzas y espadas , 

Y den comienzo á la empresa 
Que tiene el rey ordenada , 
Poblando aquellos contornos 
En buen servicio de España. 



22 POETAS URUGUAYOS 



III 

Del sol los rayos postreros 
Tiñen en rojo las aguas , 
Que mil cambiantes despiden 
Guando la brisa las alza ; 
De las praderas vecinas 
Suaves olores se exhalan , 
Que margaritas rastreras 
Del blando cáliz derraman; 
Negras columnas de humo 
De entre las peñas se alzan , 
Que por el cielo adormido 
El viento al fin desparrama ; 
Sobre la extensa ribera 
Aquí y allí se levantan 
Humildes chozas cubiertas 
Con blandos mimbres y paja. 
De tan endebles cimientos 
Naciste , patria adorada , 
Que ya los vates celebran 
Gomo á colmena del Plata. 
En el albor de la vida 
Fué tu ventura harto escasa , 
Pues te ligaron cadenas , 

Y aun no sabias trozarlas. 
Luego al mirarte más bella , 
Te echó un imperio la zarpa ; 
Pero tus hijos , ya fuertes , 
Te redimieron de esclava ; 

Y en mil combates terribles 
Sangre fecunda brotara 
Que de tu cuello por siempre. 
Borró esa pálida mancha. 
Creciste entonce en riquezas . 



POETAS URUGUAYOS 2} 



Y en los saberes , sin trabas ; 
Que del progreso , do quiera 
La libertad es el alma. 
De la virtud por la senda 
Mueve constante la planta , 
Que si un momento tan sólo . 
De ese camino te apartas , 
Serás al carro sangriento 
De los tiranos atada, 
O de potentes naciones 
Por largos siglos esclava. 



Adolfo Berro. 



EL TIEMPO 

Témate, j oh tiempo ! viajador amigo , 
Quien no tiene memorias , quien no espera 
Apresura tu rápida carrera : 
Aunque tú haces morir , yo te bendigo. 

Te llevas en cada hora una tristeza , 
Traes en cada minuto una esperanza , 
A cada nuevo sol , en lontananza, 
Una ilusión del porvenir empieza. 

Si destroza tu mano bienhechora , 
Su destrucción consagra , y en la puerta 
De una mansión por el amor desierta , 
El serafín de los recuerdos llora. 

Tuya es la religión del sentimiento , 
Que para siempre al corazón conserva 
Una huella de un pié sobre la yerba , 
El timbre de una voz hiriendo el viento. 

Tuyo es el musgo que á la ruina viste , 
La flor nacida en la muralla rota , 
La yedra fiel que junto al tronco brota , 
El llanto dulce y la sonrisa triste. 

La poesía , de tu mano asida , 

Va por la tierra consolando el duelo , 



20 POETAS URUGUAYOS 



Hada gentil , que en su misión del cielo , 
Rasga el cendal para vendar la herida. 

¡ Tiempo , amigo del bien ! al alma llena 
De un paraíso, en sus melancolías 
Tú le presentas los soñados dias 
Del horizonte en la región serena. 

¡ Padre de la esperanza ! con sus galas 
Deja un momento que al dolor encante ; 
El Edén de la vida está delante : 
Llévame al porvenir sobre tus alas. 

Juan Carlos Gómez. 



EL CEMENTERIO DE ALÉGRETE 

( JEn la noche ) 

Los que en las dichas de la vida ufanos 
Corréis jugando su azarosa senda, 
Ceñidos de fortuna con la venda, 
Que os muestra eternos sus favores vanos; 

Los que de risas y venturas llenos, 
Orlada en flores la altanera frente, 
Cruzáis por esta rápida corriente, 
Que en barca de dolor surcan los buenos; 

Los que libáis en la nectarea copa 
De los placeres sus delicias, suaves 
Como los trinos de doradas aves, 
Como los besos de una linda boca, 

Volved la espalda á la suntuosa sala, 
De orgullo y oro y corrupción vestida; 
Venid á este salón, á que os convida 
La muerte, ornada de su eterna gala. 

Venid á este salón, á cuya puerta 
Mal grado tocaréis en algún dia; 
Aquí de los vapores de la orgía 
Vuestra alma libre se verá despierta. 



28 POETAS URUGUAYOS 



Y es bueno conocer una posada 

A que hemos de llegar precisamente, 
Ya se marche en carroza refulgente, 
Ya arrastrando entre zarzas la pisada. 

Y es útil levantar esas cortinas, 

Que la heredad envuelven más preciosa, 

Y del que planta solamente rosa, 

Y del que coge solamente espinas ! 

Y es justo contemplar lo que nos queda 
De todos los regalos que da el mundo, 
A los que estamos en dolor profundo, 

Y á los que ensalza la voluble rueda ! 

¡ Oh ! no tardéis los favoritos de ella ! 
Lujo hay también en el palacio helado: 
Cada astro le es un artesón plateado, 
Cada horizonte una columna bella. 

Allí está el leño redentor del hombre, 
Trono de un Dios y de su sangre lleno; 

Y de esas tumbas en el yerto seno,* 
Hay riqueza y poder, beldad y nombre. 

Todo es sublime, como el Dios de todo, 

Y de su lampo la verdad os alumbra; 
La eternidad en pompa se columbra 
Sobre humana soberbia que ya es lodo. 

Lodo, y no más, dichosos de la tierra, 
Seremos y seréis ! ¿ Es un consuelo 
Que nos permite compasiva el cielo 
A los que el templo de fortuna cierra ? 

Sí, que en dolor el alma desgarrada, 



POETAS URUGUAYOS 20. 



Al reino de la muerte nos llegamos, 

Y en su espejo infalible divisamos 
Que gloria, pena, dicha, todo es nada í 

Sí, que en este lugar se os ve temblando 
Palidecer entre congoja y miedo, 

Y del manto del tiempo el viejo ruedo 
Con mano desperada asegurando ! 

Quisierais detenerle en su carrera, 
Que os arrastra tranquila y majestuosa, 

Y al batir de su pié, se abre la fosa 
Que inevitable al término os espera ! 

Y si de regia pompa precedido 
Llega á esa puerta el ataúd fastuoso, 

Es que el mundo, que os fué tan engañoso, 
Os arroja de sí con gran ruido. 

Y si se alza altanero un monumento, 
Para albergar vuestro despojo helado, 
De la humanal prudencia es un legado 
Que á la soberbia manda el escarmiento. 

Y si preces sin fin se oyen en coro 
A la fúlgida luz de mil hachones; 
Es remedar sin fe las oraciones, 
Para pedir á vuestras arcas oro. 

% Lo dudáis ? Preguntad al procer fiero 
Que entre mármol y bronce allí reposa, 
Al Creso que encubre aquella losa, 
Al bravo que aquí duerme con su acero. 

% A dónde está el poder, dónde la gloria 
Que en tanto de la tierra era preciada? 



30 POETAS URUGUAYOS 



Dó la opulencia que brilló envidiada? 
A dónde el himno audaz de la victoria ? 

I Todo pasó cual humo disipado, 
Todo pasó ! pero quedó el olvido. . . 
% Y en la tumba infeliz del que ha sufrido 
Un instante ese bien habrá faltado ? 

Ahora. . . volved á vuestro mundo hermoso, 

Y en medio del festin y sus cantares, 
Incensad de fortuna los altares, 
Envueltos en su brillo esplendoroso. 

Adormeceos en sitial dorado, 
De la lisonja al embriagante acento: 
Caigan virtud y honor para el contento 
De quien en noble cetro está apoyado. 

Hollad al débil si piedad os pide, 

Y al mísero que gime en vuestra sala, 
No le deis ni aun las sobras de la gala 
Que donde quiera vuestra planta mide ! 

Alzad la espada sanguinosa y fuerte, 

Que doma al pueblo, esclavitud sembrando, 

Y de las leyes el altar pisando, 
Poblad la tierra de orfandad y muerte ! 

Que yo, sobre las tumbas recostado, 
De vuestras dichas y poder me rio; 
En la justicia del Señor confío, 
Que sólo el que la ofende es desgraciado ! 

Melchor Pacheco y Obes. 



LA AZUCENA 

Paf^a el álbum de la señorita J£. JVI. 

Sobre la siniestra orilla 
Del caudaloso Uruguay, 
Donde á la mirada brilla 
Tanta y tanta maravilla 
Como en sus sábanas hay; 

De una gota del rocío 
Que riega la selva amena, 
En una aurora de estío, 
Al dulce arrullo del rio, 
Nació una blanca azucena. 

Enamoradas las brisas 
De tan primorosa flor, 
Entre ella y las ondas lisas 
Divagaron indecisas 
Én la ovación de su amor. 

Y ora las etéreas alas 
Cruzan recogiendo galas 
Para brindar á su ninfa, 
Ora estremecen la linfa 
Con los besos de sus alas. 

Pero triunfó la azucena 



32 POETAS URUGUAYOS 

Con su hechicero candor, 
Que hasta el céfiro encadena; 

Y de perfumes colmena 
Fué el cáliz de aquella flor. 

Siempre que el alba lucía, 
Sus pétalos entreabría 
Tímida, al puro solaz 
Que en los acentos bebía 
De la amorosa torcaz. 

Y el techo de espesa rama 
Dábale grato sopor, 
Quebrando la intensa llama 
Que en tibia lumbre derrama 
Sobre el cáliz de la flor. 

Así, del bosque á la sombra, 
Sobre la lozana alfombra 
De trébol y césped blando, 
La flor que mi verso nombra 
Va su existencia gozando. 

Gala de la verde loma 
Que fecunda el Uruguay, 
Las brisas le dan su aroma, 
Sus arrullos la paloma 

Y su sombra el ñandubay. 

Mas, ay ! . . . ¿ qué mano indiscreta 
La expone al rayo del sol, 
Que nada en su ardor respeta?... 
¡ A ella, que en la selva quieta 
La ofendiera el arrebol ! . . . 

Oh!... si del roble la sombra 



POETAS URUGUAYOS }} 



No la proteje hoy allí, 
La flor que mi verso nombra, 
Verá rodar por la alfombra 
Su pureza de alelí!... 

Porque el vértigo social, 
Como rudo vendabal, 
Amaga ya su existencia, 

Y hasta la más pura esencia 
Trueca en hálito letal ! . . . 

Porque el seductor arrullo 
De la hipócrita lisonja, 
Tiene un sonoro murmullo, 
Que con hidrópico orgullo 
La incauta beldad esponja. 

¡ Guay de la azucena hermosa 
Si los perfumes prodiga 
De que su cáliz rebosa !... 
¡ Guay de tanta mariposa 
Que sus encantos hostiga !... 

¡ Guay de la turba falaz 
Que aspira á su rico aroma, 

Y la circuye voraz, 
Como el águila rapaz 

A la inocente paloma!... 

Que si del ábrego adverso, 
¡ Ay ! no la proteje Dios, 
La flor que nombra mi verso, 
Verá su pétalo terso 
Marchito y árido en pos !... 



34 POETAS URUGUAYOS 

Pero ya torna á su nativa selva 
La blanca flor del plácido Uruguay; 
Oh ! vuelva al seno de sus lares, vuelva 
Al lado de la tierna madreselva 

Y á la sombra del regio ñandubay. 

De oliente trébol y de césped blando 
La verde alfombra la reclama allí; 

Y las brisas, de amores suspirando, 
Van guirnaldas de aromas preparando 
Para brindar á su querida hurí. 

Allá la aguardan candidos amores; 
Funesto halago y esplendor acá; 
Allí trinan canoros ruiseñores, 

Y aquí zumban los cierzos bramadores, 
Que huye su planta por ventura ya. 

Oh ! torne, torne á su nativa selva 
La blanca flor del plácido Uruguay; 
Vuelva á sus lares, que la lloran; vuelva 
Al lado de la tierna madreselva 

Y á la sombra del regio ñandubay. 

Heraclio C. Fajardo. 

Buenos Aires, Diciembre 27 de 1859. 



AL MONUMENTO 

XEVADO EN LA ^LORJDA EN CONMEMORACIÓN 
DE LA INDEPENDENCIA NACIONAL 

(Poesía premiada con medalla de oro) 

¡Para, cálido sol, tu raudo vuelo! 
Que la onda brillante 
De benéfica luz que adorna el suelo 
Con la espiga y la flor, ciña radiante 
Ese grupo de mármoles y bronces, 
Barrera levantada al hondo olvido, 

Y alto padrón de gloria 

Donde graba el esclavo redimido 
La primer frase de su libre historia! 
Truene el ronco canon, no ya de muerte 
Mensajero fatal; su acento augusto 
Al amor de lo grande y de lo justo 
Eleve el corazón del hombre fuerte. 
Vibre en el viento el címbalo sonoro: *. 
En armonioso coro 
La voz de los levitas, retumbando 
Bajo las anchas bóvedas, difunda 
Allá en el templo el cántico ferviente; 

Y mientras, vuelto en vaporoso velo, 
Del turíbulo ardiente 

En lentas nubes el incienso humea, 
Aquí, bajo la bóveda del cielo, 
La plegaria del pueblo alzada sea! 



3 Ó POETAS URUGUAYOS 



¡Dios y la libertad! Tal era el grito 
Que el corazón de Lavalleja henchía, 
Cuando el bravo proscrito 
A la victoria rápida y segura 
Su indómita falange conducía. 
¿Lavalleja clamé? Grande figura, 
¿Por qué no estás aquí? ¿Por qué el Eterno 
Los dias de los héroes no prolonga 
Aun más allá del término marcado 
Á la vida vulgar? ¡Ah! yo te viera 
Sobre ese frió pedestal alzado, 
Con el roto girón de tu bandera, 
Trémulo el brazo, trémula la planta, 
Ornar esa columna 
Que la justicia á la virtud levanta. 

Yo te saludo, veneranda sombra 
(Y las lágrimas saltan á mis ojos 
Cuando mi voz te nombra). 
Si allá, en el éter que circunda el suelo 
Donde yacen sepultos tus despojos, 
Tu espíritu flotante se pasea, 
Al contemplar el pueblo que apiñado 
Ese mármol rodea, 
Al fruto de tus obras consagrado, 
Séate dulce la gloriosa ofrenda, 
No menos justa porque fué tardía; 
Ydesde el éter, de tu amor en prenda, 
Á tu patria tu espíritu sonría! 
¡Salve otra vez, el bueno entre los buenos, 
Y para mí el mejor! .... Si entusiasmado 
En la homérica historia me absorbía 
De tus ínclitos hechos, 
No era sólo el valor lo que veía! 
Bravo te hallé cuando en la ansiada arena, 
Del primer paso al estampar la huella, 
Con los tuyos juraste 



POETAS URUGUAYOS 37 



« Salvar la patria ó perecer por ella». 

Héroe te vi de Sarandí en la pugna, 

Lanzando á la carrera tus bridones, 

Animado de aliento soberano, 

Gritar á tus legiones: 

«Garabina á la espalda y sable en mano». 

Pero aun más grande y noble 

Te pude contemplar! Guando tu frente, 

Con el laurel de la victoria orlada, 

Inclinaste tranquila y reverente 

En el recinto de la ley sagrada, * 

Y el invencible acero 

Con digno continente depusiste 

Ante esa misma ley ¡cuánto creciste! 

Tú fuiste, sí, el primero 

Que dejó, entre nosotros, en la historia 

Esta lección á la futura gente : 

«Para alcanzar los timbres de la gloria, 

«No le basta al soldado ser valiente.» 

Enjaminas de bronce burilado, 
Mirad ahí del inmortal caudillo 
El nombre venerado: 
Con él están sus ínclitos campeones, 

Y allí, á la par, nuestro primer Senado, 

Salve, ilustres varones, 

Y tú también, inolvidable dia! 

El valor y el saber, ¡oh, patria mia! 
Aquí, bajo este sol, sobre este suelo 
fundaron tus destinos soberanos: 
Al recordarlo, aquí, bajo este cielo, 
¡Descubramos la frente, ciudadanos! 
Por fin, lo ves alzado 
Ese padrón de honor, bella Florida! 
¡Tardo recuerdo del favor gozado, 



3 8 POETAS URUGUAYOS 



Porque el dolor hasta el deber descuida! 
Mármol, granito y bronces 
Relatan un poema en sus labores: 
Las memorias de entonces 
Aparten del artista y sus primores 
La plácida atención del pensamiento; 
Bronce, mármol, granito, 
Despierten de virtud el sentimiento 

Y eleven nuestra mente al infinito, 
Porque Él estaba allí: sin Él, ¿qué fuera 
La Qbra de los hombres? ¡Polvo inútil 
Que, flotando en espacios sin espacio, 
En abismos de sombra se perdiera! 
Con El, todo se viste y se colora, 

Y en las formas eternas de la idea 
Sobrevive la fuerza creadora, 
Aunque de polvo el instrumento sea. 

Vivos están los hechos de los héroes! . 
¿Qué importa que, cegado 
El odio vil por la pasión, los tuerza? 
Pocos, inermes eran, 

Y triunfos alcanzaron sobrehumanos. 

¿No sabéis el secreto de su fuerza? 

¡Todos eran hermanos! 

Pura fraternidad, hija divina 

De un Dios de amor y sacrificio santo, 

Fruto feliz de la sin par doctrina 

Que alienta el corazón y endulza el llanto 

Tú eres la roca inmoble 

Donde el torrente mugidor se estrella; 

Tú eres el fuerte roble 

Que entre el furor del huracán descuella, 

Sin que el furor del huracán lo doble! 

El amor es la unión, ella la fuerza, 

Y en ese incontrastable fundamento, 



POETAS URUGUAYOS 3 O 



En medio los embates que la acosan, 
La humana sociedad halla su asiento, 

Y honor, poder y libertad reposan. 
¡Necio aquél que pretenda, 
Tejiendo el interés y el egoísmo, 
Cubrir su prole con instable tienda! 
En su infecundo anhelo, 

¡Ay! será en vano que prolijo imite 
De la fraternidad la trama santa: 
Va laborando en hielo 
Que el primer sol de la pasión derrite, 
Ó el primer golpe del dolor quebranta. 
¡Dios y la libertad! Allí aspiremos 
El aura de verdad que nos anime 
Delante de ese noble monumento, 
Que en nuestras almas el respeto imprime, 
De un Génesis divino el pensamiento, 
De la fraternidad la idea fecunda; 
¡Que el germen puro derramado al viento, 
"fertilizando nuestras almas, cunda! 
Fraternidad — el estandarte sea 
Que muestre á nuestros hijos el camino 
Do en cada paso aproximar se vea 
El ideal de su feliz destino; 

Y si un dia, tal vez, desfalleciendo 
Con el polvo y el sol de la jornada, 
Sienten que su valor va decayendo 

Y que se dobla su cerviz cansada, 
Vengan aquí, pregunten á ese mármol 
Cuánta es la fuerza que en la unión se esconde, 

Y escuchen en la voz de los recuerdos 
Lo que el pasado al porvenir responde. 



Aurelio Berro. 



INMORTALIDAD 

Et l'homme, l'liomme seal, oh sublime folie, 
Au foud de son tombeau. croit retrouver la vie ! 

Lamartine. 

Plugo al Señor en su alta omnipotencia 
Formar el sol, la tierra, el mar y el cielo, 

Y á todo cuanto existe, dio existencia 
Con expresar su divinal anhelo. 

t 
Dijo entonce á los seres: «Animaos», 

Y al eco de su voz todos vivieron; 
A los astros les dijo: «Iluminaos», 

Y con brillante luz resplandecieron. 

Desde entonces el campo brotó flores, 

Y las flores perfumes exhalaron, 
La selva' se. pobló de ruiseñores, 
Que en los bellos arbustos anidaron. 

La fiera que en el bosque nace altiva, 
El pez que cruza el fondo de los mares, 
El reptil que entre céspedes se esquiva, 
La tórtola de lúgubres cantares, 

La aurora con sus mágicos celajes, 
La noche con su manto de tinieblas, 
Las nubes que.se agrupan en paisajes, 
Las lluvias, los torrentes y las nieblas; 



42 POETAS URUGUAYOS 



El arroyuelo y su fugaz murmullo, 
La cascada bullente y saltadora, 
La brisa que remeda un blando arrullo, 
La tempestad horrible y destructora, 

Todo brotó a la voz omnipotente 
Del Dios habitador de las alturas, 
Cuando, en los altos juicios de su mente, 
Vida y ser concedió á las criaturas. 

Pero por más que la creación asombre, 
No le bastó al Señor su obra grandiosa: 
Quiso á su imagen que naciera el hombre, 

Y dióle un alma grande como hermosa. 

Le dotó de razón é inteligencia, 
De creador y atrevido pensamiento, 

Y le dio una misión en su existencia, 
De que debe dar cuentas un momento; 

Misión sublime, digna, esclarecida, 
Que lo eleva en la turba de los seres; 
Misión de sacrificio en esta vida, 
r*ara en otra esperar gloria y placeres. 

Los que \ivís felices en el mundo, 

Y la dicha cifráis en vanos goces, 

Y os parecen los años un segundo, 
Años que en el placer ruedan veloces; 

Los que del vicio emponzoñada el alma, 
Blasfemáis del honor y la pureza, 

Y aunque ostentáis una ficticia calma, 
No os atrevéis á erguir vuestra cabeza, 



El disoluto en cuyo pecho arde 



§► 



POETAS URUGUAYOS 43 

De torpes vicios la pasión impura; 
Los que de ateos por hacer alarde, 
Nada esperáis tras de la tumba oscura; 

Todos, todos en fin, los que han vivido, 
Degradando del alma la grandeza, 
Ni su misión sublime han comprendido, 
Ni que la vida en el sepulcro empieza. 

El hombre nació al mundo inteligente, 
Para emplear en el bien su inteligencia; 
Para legar á la futura gente 
Un recuerdo inmortal de su existencia. 

El que su vida terrenal no sella 
Con actos que ennoblezcan su memoria, 
El que no deja tras de sí una huella 
De valor, de virtud, talento ó gloria, 

Desaparece de la humana vida, 
Cual la hoja que arrastra la cascada; 
Y su losa, entre tantas confundida, 
Del viajero no alcanza una mirada. 

Virtud, valor, talento, que de un nombre 
Hacéis un timbre de eternal ejemplo, 
Vosotros eleváis triunfante al hombre 
De la inmortalidad al sacro templo ! 

¡ Bendito del que al polvo ha descendido 
Con alma grande, exenta de vileza! 
¡ Bendito del que á tiempo ha comprendido 
Que la existencia en el sepulcro empieza ! 

Fermín Ferreira y Artigas. 



EL NIÑO 

(Traducción de yícTOR jivGo) 

¡ Allí el turco ha pasado ! 

Allí, como huracán de sangre y duelo, 

El rastro de sus pasos ha dejado 

En ruinas y en escombros sobre el suelo. 

Ghio, la isla de los dulces vinos, 

De montañas y valles ondulada; 

Ghio, la de los bosques de carpinos, 

Que se ufanó en las aguas retratada, 

Ora del turco so el poder impío, 

Semeja en medio al mar peñasco umbrío. 

Bajo el bárbaro azote del tirano, 

Que de duelo y de luto la ha cubierto, 

Es su antiguo esplendor recuerdo vano, 

Es su suelo feraz yermo desierto. 

Sus hijos ¿dónde están ? Nobles cayeron 

En la lid desigual y funeraria, 

Y hoy no turba en su sueño á los que fueron 

Planta humana en la playa solitaria. 

Pero allí, junto al muro 

Del soberbio palacio derruido, 

Un tierno niño, candoroso y puro, 

Pálido y dolorido,, 

Apoyado en un árbol de oxiacanto, 

Inclina la cabeza, ahogado en llanto. 



46 POETAS URUGUAYOS 



— Pobre niño, desnudo y pesaroso, 

A quien hirió con su furor la suerte, 

Huérfano ¡ ay ! acaso, sin reposo, 

Di: ¿ qué puede en tu duelo distraerte ? 

Dulce niño inocente, 

¿ Qué busca tu ilusión en sus afanes ? 

Porque asome el placer sobre tu frente, 

Y en lujo de alegría te engalanes, 

Y mueran tus congojas, 

Yo te daré el regalo que tú escojas. 

¿ Qué quieres porque vuelvan tus cabellos 

A embellecer en bucles arreglados 

La blanca espalda que se ornó con ellos ? 

Ora desaliñados 

Como hojas de sauce caen llorosos, 

Yendo á empañar tu frente con sus ondas, 

Y tus azules ojos, tan hermosos, 

Se velan ¡ ay ! bajo sus hebras blondas. 

¿ Qué es lo que puede disipar, criatura, 

De tus pesares la tormenta oscura ? 

¡ Ah ! ¿ qué puede alegrarte, pobre niño 1 

¿ Quieres la flor que se suspende airosa 

Sobre el pozo de Irán hondo y sombrío, 

La flor de lis, más bella que la rosa_, 

Azul como tus ojos, 

Cuyo azul al del cielo diera enojos % 

¿ O la fruta del árbol admirable 

Que un caballo á galope tardaría 

Cien años con empeño perdurable 

Para cruzar su sombra y no podría?. . . . 

¡ Ah ! di si sonreirás dándote el ave 

Que al bosque anima con la voz más suave ! 

¿ Qué quieres, inocente criatura, 

Para reir y prorrumpir en canto, 

Para arrojar de tu alma la tristura, 

Y de tu faz la palidez y el llanto 1? 



POETAS URUGUAYOS 47 



¿ Quieres la bella flor maravillosa? 
¿ Quieres la fruta del tuba sabrosa ? 
i O acaso el ave de pintadas alas ?. v . . 

— Amigo, el niño griego me responde, 
Quiero pólvora y balas ! 

José Sienra Carranza. 



LA VERDAD Y LA GLORIA 

Al pié de un monumento destinado 
Para ostentar la estatua de un guerrero, 
La Verdad y la Gloria se encontraron, 
Llorosa aquélla, de crespón cubierta; 
Ésta radiante de hermosura y fausto. 
— ¿Por qué te encuentro aquí, dijo la Gloria, 
Vistiendo luto y derramando llanto ? — 
— Vengo á admirar la necedad humana, 
Contestó la Verdad. — • 

— El caso es raro ! 
La Gloria replicó, pues yo he venido 
A coronar la estatua de un soldado, 
Que ya en los brazos de la turba llega, 

Y elevada será con entusiasmo. 

— ¿ Conoces bien al hombre cuyas sienes 

Vas á ceñir con tus divinos lauros ? — 

— No tan bien como tú, que hasta el arcano 

Tu mirada penetra luminosa; 

Pero ese pueblo que le ensalza tanto, 

Sus victorias recuerda con orgullo, 

Y me pide que al ídolo admirado 
Abra las puertas de mi templo augusto. 
Dicen que el bien amó con fuego sacro, 
Que adoraba á su patria cual ninguno, 
Que era en la paz virtuoso ciudadano, 

Y rayo vengador era en la guerra; 
Que presintiendo de su suelo patrio 



$0 POETAS URUGUAYOS 



Un destino glorioso, 

La espada se ciñó de un Alejandro, 

Cien pueblos subyugó bajo sus leyes, 

Y cien reyes le trajo como esclavos. — 
— Para tanto alcanzar ¿ qué fué preciso ? 
Preguntó la Verdad. — 

— Tú que el engaño 
No conoces jamas, dímelo al punto. — 
— Escucha, pues, y júzgale entretanto. 
Hijo de la ambición y el esterminio, 
Donde plantaba su corcel el casco, 
Un torrente de sangre aparecía 
Del formidable acero centellando, 
La chispa del incendio todo abrasa, 
Pueblos, ciudades, templos y palacios. 
¿ No ves la huella do se marcan hondos 
De sus legiones los sangrientos pasos ? 
¿Qué ves allí? Destrozos y ruinas, 
Muerte, orfandad, desolación y llanto. 
La ^Gloria, que esto oyó, se irguió severa 
Tendió sus alas, se perdió en lo alto. 
Entonces la Verdad, justa, indignada, 
Derriba al suelo el monumento vano, 

Y á lá turba volviéndose tranquila, 
Así le dice con acento airado: 

— Si siempre mi opinión se consultara, 
¡ Cuánto laurel el pueblo pisoteara ! 



Ramón de Santiago. 



UN RECUERDO AL CLUB UNIVERSITARIO 

En medio de las luchas aciagas y enervantes 
Que un tiempo sostuvieron el pueblo y el poder, 
Diez años hace apenas que un grupo de estudiantes 
Fundaba los cimientos del templo del saber. 

Diez años hace apenas; destacan del cimiento 
Columnas de granito de espléndido valor, 
Formando de la patria el digno monumento, 
Su página de gloria, su galardón mejor. 

Cuando hace medio siglo un Código nos dieron 
Los proceres aquellos que hoy guarda el ataúd, 
Cual dignos ciudadanos, en él instituyeron: 
Sólo hay dos gerarquías: talentos y virtud. 

La juventud ilustre que cimentó este templo, 
Esa doctrina santa bien supo comprender, 
Y de los viejos proceres para seguir su ejemplo 
Le instituyó por lema: virtudes y saber. 

Yo, admirador del genio, saludo en este dia 
Los que tan justa fama supieron adquirir, 
Pidiéndole á mi lira tan sólo una armonía 
Para cantar la gloria que alumbre el porvenir. 

Preciosa es la conquista; los ecos de la ciencia 
La bóveda del templo hoy hacen resonar, 



52 POETAS URUGUAYOS 



Mezclándose á sus voces raudales de elocuencia, 

Y de inspirados bardos el plácido cantar. 

¡ Salud á los que cumplen con férvida constancia 
Aquel precepto santo de la Constitución, 
Que encierra un anatema lanzado á la ignorancia, 
Que fuera una deshonra de la Oriental Nación. 

¡ Oh juventud que marchas en pos de tu destino, 
Buscando los reflejos fulgentes de la luz, 
¿ Qué importa que. de espinas te siembren el camino, 
Si, al fin, de las tinieblas tú rasgas el capuz ? 

Difunde la enseñanza, porque ella es la simiente 
Que estirpa de los pueblos la torpe esclavitud, 

Y un dia los poetas, al coronar tu frente, 
Podrán decirle al mundo, pulsando su laúd : 

«Mirad cómo se eleva al templo de la ciencia 
Con paso magestuoso la gran generación, 
Llevando por diadema su vasta inteligencia, 
Por luminosa antorcha la luz de la razón. 

« ¡ Salud á los obreros que en. hora bendecida 
Fundaron los cimientos del templo del saber! 
Su hermoso monumento ya es obra concluida: 
Las ciencias y las letras no pueden perecer.» 

Alcídes De-María. 



A LA ESCUELA 

( £n el día de la f^epaf^ticion de premios ) 

Al cruzar por el árabe desierto, 
Fatigado y sediento el caminante 
Cree distinguir á veces, á lo lejos, 
Las lozanas palmeras del oasis. 

Y apresura su marcha; pero en vano 
Sigue con paso rápido adelante, 
Porque es un espejismo el que persigue, 
Es un falaz y seductor miraje. 

Y tú también, ¡oh patria! cuántas veces, 
De tu existencia en el continuo oleag®, 
Soñaste con hallar en lontananza 

La realidad de un ideal brillante! 

Lo buscaste unas veces por la guerra, 
Por la guerra de hermanos implacable, 
Que siembra por do quiera muerte y luto 

Y que cosecha lágrimas y sangre! 

En la unión aparente de tus hijos, 
Lo buscaste otras veces; pero en balde! 
Con fuerzas y elementos antagónicos, 
La dicha, el bienestar, todo es instable. 



54 POETAS URUGUAYOS 



Lo buscaste por fin en la parálisis 
De la desesperación y la impotencia, 
En la paz silenciosa ele las tumbas, 
En la vida sin alma del poeta. 

Y por do quiera realidad amarga 
Hallaste, en vez de seductor miraje, 
Porque dejabas \ivo siempre, siempre, 
El maléfico germen de tus males, 

La causa de tus lágrimas sin término, 
El monstruo que roía tus entrañas, 
El veneno sutil que por tus venas, 
Secándolas, corría: ¡la ignorancia!» 

¡La ignorancia! Fantasmas y tinieblas, 
El corazón sin sentimientps nobles, 
La mente sin ideas, el espíritu 
Envuelto en larga, perdurable noche! 



I I 



¿L leváis acaso el alma entristecida 
í'orla anemia mortal del desencanto? 
¿Apagóse la luz de la esperanza 
Al soplo de tormentas que pasaron? 

¿La noble fe del corazón valiente 
Muerta cayó,, como el herido pájaro, 
Arrojando quejidos que los vientos, 
Sin oirlos siquiera, se llevaron? 

¿En la atonía de un dolor sin nombre, 
Yerto en la tumba contempláis á Lázaro, 
Sin esperanzas de que vuelva Cristo 
Con su mágica vara á levantarlo? 



POETAS URUGUAYOS 55 

Grabáis con el buril del desengaño 
Las palabras fatídicas de Dante, 

Y patria, libertad, progreso, gloria, 
Todo os induce á murmurar: «Lasciate»? 

Venid, venid á contemplar el cuadro 
Que se ofrece á la vista entusiasmada, 

Y veréis cómo baja de los cielos 

El ángel bienhechor de la esperanza. 

Viene con esos niños que á millares 
Como un emblema de inocencia pasan, 
Gomo promesa de mejor futuro, 
Gomo prueba segura de bonanza; 

Viene con los que vienen libertados 
De la noche sin fin de la ignorancia; 
Viene con los que fueron redimidos 
Por el santo Jordán de la enseñanza. 

Son las niñas de hoy, las hijas tiernas 
Que el ala maternal cubre y calienta ; 
Las madres de mañana, en cuyo espíritu 

Y en cuyo corazón la escuela siembra. 

Son los niños de hoy, los hijos tiernos 
Que aun bajo el palio paternal caminan; 

Y son los ciudadanos de mañana 
Que en la escuela se forman á la vida! 

Con ellos viene el porvenir: miradlo! 
El porvenir con sus brillantes galas: 
Páralos oprimidos, el consuelo! 
Para los abatidos, la esperanza! 

Yo te saludo, ejército invencible 



5 Ó POETAS URUGUAYOS 



De la fecunda é inmortal cruzada! 
Yo te saludo, escuela, noble escuela, 
Que matas en su germen la ignorancia! 

¡Foco inmenso de luz, astro divino 
Que iluminas el cielo de la patria; 
Fuente de paz, de bienestar, de gloria; 
Redentora del mundo, marcha, marcha! 

José Pedro Várela. 



EL TRABAJO 

La aurora de la vida 
Empieza para el arte. 
La unión le hará potente 
Del mundo en la extensión 
Sin el trabajo, hermanos, 
Que tanta luz reparte, 
No habría á la familia 
La santa protección. 

Agítese el martillo, 
Que es cetro prepotente. 
Con ese va la idea, 
Que encarna la virtud. 
¡Obreros, al trabajo! 
Vuestro taller es templo 
Do la honradez se anida 
En plácida quietud. 

¡Obreros, al trabajo 
Con fe y perseverancia! 
Volved á vuestras casas 
Cubiertos de sudor. 
¿Qué importa la fatiga 
Si el alma está contenta, 
Si el pan es amasado 
Con verdadero amor? 



58 POETAS URUGUAYOS 



¡Obreros, al trabajo! 
¿Qué importa la fatiga 
Si vuestros hijos duermen 
Al ruido del taller? 
No desmayéis, hermanos, 
Que la labor obliga. 
¡Obreros, al trabajo! 
Ya empieza a amanecer. 



Eduardo Grórdon. 



LÁ GUERRA 

— ¡ Oh nube que recorres el desierto ! 
¿ Qué ves en la cuchilla, en la llanura ? 
— ¡ Allí del procer el cadáver yerto, 
Allá el vivac con su mesnada impura ! 

— ¡ Oh tierra inculta del fecundo llano! 
¿ Cuál es tu surco y tu abundante riego ? 
— ¡ La tibia sangre del ¿caído hermano 

Y del vivac el dilatado fuego ! 

— Fulmina, hórrida nube, el rayo ardiente; 

Y tu la lava, profanada tierra, 
Para abatir la abominable frente 
Del sanguinario genio de la guerra j 

Carlos María Ramírez. 



LOS TREINTA DINEROS 

Si por treinta dineros, que á la cara 
Le arrojaron los jueces con desprecio, 
Vendió una noche el miserable Judas 
Al sublime maestro, 

Hoy seres viles, á la luz del dia, 
Titulándose apóstoles del pueblo, 
Venden su pluma y su conciencia venden 
Quizá por mucho menos. 

El cobarde judío, avergonzado 
De su traición, y arrepentido luego, 
Por propia mano se infligió el castigo 
De su crimen horrendo. 

Y los venales escritores, nunca 
Sienten rubor al recibir el precio 
De sus aplausos: las monedas toman, 
Impúdicos, riendo ! 

Protervo fuiste al negociar la sangre 
Del venerando mártir galileo; 
Ésos que venden su conciencia y pluma, 
Son, Judas, más protervos ! 

Más probidad y más honor tuviste, 
Vil Iscariote, en tan remotos tiempos, 



02 POETAS URUGUAYOS 



Que honor y probidad en los actuales 
Tienen los fariseos ! 

Tú, después de la infamia^ te colgaste; 
Los otros cuelgan una cruz al pecho, 
Y se deleitan al sonoro ruido 

De los treinta dineros. 

Washington F. Bermúdez. 



¡PATRIA MÍA! 
I 

¿De dónde vienes, pabellón sagrado, 

Bicolor, de mi patria? 
¿A dónde vas? ¿Qué buscas? ¿Quién te envía? 
¿Acaso el alma de la patria mia, 
En tus pliegues radiantes escondida, 
Viene á templar mi pecho acongojado, 
Viene á inflamar mi inspiración dormida? 
¿No peleabas ayer? ¿Hoy no peleas? 
¿No acabo de escuchar el vocerío, 

El fatal alboroto 
Que entre el polvo y el humo se levanta, 

Do tu girón flotaba 
En angrentado, desteñido y roto? 

Genio inmortal que riges las batallas, 
Tú también, como bueno, 
Tú, radiante de paz, puro y sereno, 
Al fin luchando para el bien te hallas! 

¡Gran Dios, cuánta alegría! 
Casi no te conozco, patria mia. 
Ese girón de tu bandera roto 
Que se ostenta del bien en el torneo, 

Mi corazón ensancha; 
Hoy en la fe del patriotismo creo; 



64 POETAS URUGUAYOS 



Yo cantaré la aurora en que te veo, 
Yo lloraré la sangre que te mancha. 

Patria, feliz me siento; 
Tu nombre en mi alma es abrasado rayo 
Que funde un corazón, forjando un mundo 
De entusiasmo, de fuego y de cariño. 
Para cantarte á tí . . . . ¡soy uruguayo! 
Para llorar por tí . . . ¡me siento un niño! 
Y si el lloro pueril ante el recuerdo 

De una patria adorada 
Viene á mezclarse á la chilena gloria, 

También verá su historia 
Con la de un pueblo varonil trazada: 
Si legaron á Chile sus mayores, 
Con el ser déla edad la fria calma, 
Mi patria nació joven; su ardimiento, 
Crimen fué de su edad, no de su alma. 



II 



Sonó la redención de un continente: 
Un rumor de cadenas que se roen 

Se oyó confusamente, 

Cual germen de tormenta 
Que nace, crece y que fatal revienta. 

El siniestro presagio 
Fermentó, reventó, tembló la esfera, 
Al ver que aquel volcan, hecho pedazos, 
Mostró en su cráter y en su lava hirviente, 
Que alentaba en su seno, en vez de esclavos, 
Cada pedazo una nación de bravos; 
Y de aquella vorágine potente, 
Ser colosal, que concibió un delirio, 
Fundida en los crisoles del martirio, 
De América surgió la libre frente. 



POETAS URUGUAYOS 6$ 



Mí patria allí nació: también tú, Chile, 

Peleaste como bueno; 
Mas en el campo de la lucha noble 
Dejaste todo el odio de tu seno. 
Tu herencia recogiste, y sobre el Andes 
Plantaste tu vivac; cesóla lucha, 
Tu gloria no fué efímera; no lampos 

De dicha te alumbraron: 

Tu potro sofrenaste, 

Y sin riendas cruzó libre tus campos; 

Y tu casco, tu adarga, tu celada, 

Tu lanza enmohecida, 
Colgados en tus árboles frondosos, 
Al arado y al riel dejaron paso; 

Y el férreo anulador de la distancia 
Unió tu idea del oriente á ocaso. 

La estrella de la paz sobre la frente, 

Y el vapor revolcándose, mugiendo 
Bajo tu pié, domesticado y mudo, 

Tranquila la conciencia, 

Escribiste en tu escudo: 
Dios y la libertad; paz y creencia. 
Con fe en el porvenir, lleno de vida, 
Miraste con la frente iluminada 
La frenética y loca polvareda 

Que en lucha fratricida 
Levantaba de pueblos desgraciados, 

Entre horror y baldones, 
El nefando tropel de los bridones. 

Esa, Chile, es tu historia; 
Quien tiene corazón, la llama gloria. 

Pabellón bicolor! habla á la patria; 
Haz que cesen los odios que la oprimen; 
Has visto libertad, viste su fruto; 



66 POETAS URUGUAYOS 



¡Ah! no es valor el que alimenta el crimen! 
La paz le exige su filial tributo. 

Dile que al fin comprenda 
Que hay un pueblo viril sin sangre y luto. 
Comprenderlo sabrá la patria mia. 

¡Qué! en su frente ¿no arde 
Una chispa de fe? Quien no la alienta, 
Es un pueblo cegado, es un cobarde. 

Y cobarde ¡jamas! Guarde el olvido 

Un pasado que fué, y en él se pierde; 
Pasado criminal que infama y mancha 
Al rencor que cegado le recuerde. 

Los culpados ¿do están? Ya no nos toca 
A nosotros hablar; ¡miente el que falle! 
Un crimen á otro crimen amontona: 

La patria los perdona; 
Olvide el corazón, el labio calle; 

Y un pasado de sangre vergonzoso, 
Que cruzó envenenando nuestro suelo, 
No empañe un, porvenir que luce hermoso! 

Y si hubo criminales. . . . ¡juzgue el cielo! 

Y si un pueblo de glorias se alimenta, 
Conquiste gloria, no rencor y muerte; 

Los triunfos y victorias 
Que de época infeliz la patria cuenta, 
Fueron glorias de horror. . . no fueron glorias! 
¿Qué buscas descompuesta y jadeante 
En ese campo de funesta lucha? 
Mira que acecha tu desgracia el crimen, 
Tente un momento. . . la ambición te escucha! 



¡Esclavitud! . . delira quien te nombra. 
¡Cuan dulces ante tí son guerra y muerte! 
Ante tí se levanta en tropa inerte 
De nuestos padres la tremenda sombra. 
¡Ah, nuestros padres! Al legarnos patria, 



POETAS URUGUAYOS 67 



Nos legaron su indómita altiveza 

Y un lecho de laureles 

Donde en sueño de paz y noble orgullo, 
Reclinemos radiantes la cabeza. 

¡Durmamos ese sueño de los pueblos, 
Para soñar de Dios y del trabajo 

En las santas victorias! 
Duerman en nuestros pechos los recuerdos 

De las sangrientas glorias, 
Como duermen los rayos en las nubes 

Cuando flotan serenas, 
Cual duerme la tormenta entre las ondas 
Cuando murmuran palpitando apenas, 

Como duerme en la vida 

El germen de la muerte. 
¡Ay del que turbe el sueño de los pueblos 
Y esos recuerdos de valor despierte! 

El salmo legendario de la gloria 
Nuestra cuna arrulló con rudas notas, 

Y con cadenas rotas 

Trazó la libertad sobre los campos 

La heroica introducción de nuestra historia. 

El mundo, patria mia, 
El sello de esa gloria ve en tu frente. 
Puedes dormir el sueño de los pueblos .... 
Puedes soñar un porvenir radiante, 
Que el bautismo de sangre de la gl®ria 
Te lo dieron tus padres, y es bastante. 



Si arranqué de mi lira tu desgracia, 
El mundo comprendió que tu cabeza 

Se inclinó ensangrentada 
Bajo tu misma varonil audacia, 
Bajo el peso fatal de tu grandeza. 



68 POETAS URUGUAYOS 



¡Libre te ostento ante la faz del mundo! 

Tu nombre con orgullo, 
Hago que grande entre mis labios vibre. 
¡Lloré las faltas de una patria joven! 
¡Canté las glorias de una patria libre! 



Juan Zorrilla de San Martín. 



INSPIRACIÓN 

Leves alas quisiera el pensamiento 

Para cruzar esferas, 
Para rasgar el tul de los celajes, 

Y mecido por ondas lisonjeras 

Llegar con almo aliento 
Al zenit entre diáfanos paisajes. 

Y eres tú, inspiración, la que te elevas 

Hasta el Olimpo, abierto 
A arrobos puros, entre etéreas galas, 

Y la que nunca niegas 

Al peregrino, en su vivir incierto, 
Tus mil doradas alas. 

Lo que en su afán doliente 
El alma pide á la perenne fuente 

De amor, que ha percibido 
Cerca de sí como fanal radioso, 
Es de consuelo un eco repetido, 

Y es de esperanza un rayo luminoso. 

Y en cada arranque de febril anhelo, 
Por sorprender un fallo del destino, 

Hay un eco divino 
Que responde á las ansias de la duela, 

Y el alma en su desvelo 
Tiene una voz que á su dolor acuda. 



yo . POETAS URUGUAYOS 



Salmodia más sublime 
Que los cantos del hombre desiguales : 
Aquí es el aura que en las selvas gime. . 
Allí es el suave, voluptuoso halago 

De los aéreos cendales 
Que en su linfa retrata el manso lago. . . 

Ora es del tenue ambiente 

El susurro en la tarde del estío 

Ora son las mil notas deleitosas 

Del ave, que del rio 
Deja la margen por volar sonriente 
A su bosque de mirtos y de rosas . • • • 

Fija la mente én nacarada nube 
Que cruza errante los tendidos cielos, 

La envidia cuando sube, 

La sigue cuando corre, 

Y los prismas que forma con sus velos,* 
De la mente no hay niebla que los borre. 

Como flotantes hilos, los ensueños, 

En busca de armonías, 
Se desatan en cánticos risueños, 

Y un ritmo se oye que alentarlos quiere, 
Cuando el sol nace en los serenos dias. . 

Cuando en la tarde muere .... 

De la luna los lánguidos reflejos, 
Del sol los ígneos rayos, 

Los ecos de la noche en su misterio, 

Las brisas que suspiran á lo lejos. . . . 
Todo ¡ah! vierte su imperio 

Sobre el alma en sus tímidos desmayos; 

Lo vierte el paj arillo en sus gorjeos, 



POETAS URUGUAYOS 



Si en la flexible rama dulce entona 

Sus tiernos devaneos 

De férvida alegría, 
Guando los triunfos de su amor pregona, 
Al saludar el dia 

Y el alma enagenada, 
De su embeleso ten el feliz delirio, 

Alcanza una deseada 
Chispa del áurea luz que reverbera 
En el vergel del arrayan y el lirio 

Y en los espacios que el azul vistiera. 

Las aves, las auroras, 
Las orlas de arrebol y las estrellas, 

Las flores y las brisas, 
Son de un mundo mejor las precursoras; 

Y en sus gentiles huellas, 
Van perfumes, destellos y sonrisas. 

Con sus acordes de eternal belleza, 

Arrulla á las mortales 

La fiel naturaleza. 
Todo en sus cantos es rumor amigo, 
Todos son en su luz puros raudales, 
Todo en su seno es de su bien testigo. 

Se esfuerza el alma por subir triunfante, 
De íntima pena en que el dolor la encierra^ 
Hacia el edén de su ilusión bendita; 

Y en su lucha constante, 
Se apasiona y se aferra 

Al noble sentimiento que la agita. 

Quiere alcanzar la cumbre, 

Y al iniciar la suspirada senda, 



72 POETAS URUGUAYOS 

Bajo un dosel de nítidos colores 
Tibios rayos de sol le dan su ofrenda 

De delicada lumbre; 
Su paso alfombran del pensil las flores .... 

¡Oh inspiración! . . . Corriente 
De una luz divinal, hálito blando 

, Del céfiro naciente: 
Si aquel concento en que tu genio exhalas, 
En el mundo has de ir siempre infiltrando, 

Jamas pliegues tus alas. 

Luis Melian Lañnur. 

Montevideo, Setiembre 6 de 1879. 



SOMBRA Y LUZ 

( Pe yícTOR jiVGO ) 

Mirad: los niños en redor; la madre, 
Tan juvenil y rozagante, entre ellos 
Una hermana mayor más bien parece. 
En medio de sus juegos, agitada 
Está, cual si sus cifras misteriosas 
Viese girar en la urna del destino .... 

A su lado las lágrimas se enjugan 
Y brilla la alegría: su alma noble 
Tan inocente resplandor irradia, 
Que de sus rayos al través pasando, 
La vida presa de cuidados graves, 
En gracioso ideal se transfigura ! 

Siempre los sigue su mirada ansiosa, 
Ya Enero, en el hogar, en sus placeres, 
Al calor de la lumbre los reúna; 
Ya sobre ellos el céfiro de Mayo 
Agite el pabellón de verdes hojas, 
Que con su sombra á reposar invita. 

Cuando al pasar, á veces, un mendigo, 
Mira en sus manos un juguete hermoso, 
Que excita su apetito devorante, 
Allí la madre está: bástale sólo, 



74 POETAS URUGUAYOS 



Para hacer del juguete una limosna, 

Y un ángel de su niño una sonrisa ! 

Y yo, que tengo ante mis ojos madre 
É hijos que, llenos de candor, retozan 
Como blancas palomas en la arena, 

¡ Oh ! siento palpitar el pecho mió, 
Y, disipadas las espesas nubes, 
Entreabrirse los pliegues de mi frente. 

Agustín de Vedia. 



LA GOLONDRINA Y LA FLOR 

Cómo y cuándo, no lo sé; 
Pero en un libro encontré 
De una bella golondrina 
Esta historia peregrina, 
Que en la memoria guardé. 

Al venir la primavera, 
En un ameno pensil 
Brotó una rosa hechicera, 
Que reina de la pradera 
Proclamaron otras mil. 

O 

La brisa suave, amorosa, / 

Hasta su cáliz llegó; 

A la flor enamoró 

Con expresión temblorosa; 

Pero la flor no la oyó. 

En vano también cantaron 
Los pájaros sus amores, 
Y, despreciando á otras flores, 
En vano en torno volaron 
Los pintados picaflores. 

Quizas ella no entendía 
Aquel lenguaje de amor, 
Y más bella, cada día 



76 POETAS URUGUAYOS 



Su rojo cáliz abría 

Y era su encanto mayor. 

Buscando dónde posar, 
Una alegre golondrina 
Vio, por acaso, al pasar, 
A la rosa purpurina, 
Y. . . . no pudo ya volar. 

También la rosa miró 
A la avecilla parlera, 

Y sobre el tallo tembló, 

Y suave aroma exhaló 
Su cáliz por vez primera. 

Una, bella y ardorosa, 

Y la otra, tierna y amaníe, 
La golondrina y la rosa 

Se amaron de aquel instante 
Con ternura candorosa. 

La golondrina albergó 
Junto al rosal de su amada, 

Y al lucir una alborada, 
La rosa, cuando la oyó, 
Se puso más encarnada. 

De entonces, con trinos suaves 

Y gorgeos seductores, 
Le cantaba sus amores 
Con envidia de las aves 

Y con celos de las flores. 

Y la rosa, que sentía 
Fuego de amor inocente, 
Su cáliz rojo entreabría 



POETAS URUGUAYOS JJ 



Y su perfume esparcía, 
Embalsamando el ambiente. 

Mas un dia amaneció 

La atmósfera tempestuosa, 

El cielo azul se nubló, 

Y con tristeza así habló 
La golondrina á la rosa: 

«Adiós, flor mía, me voy; 
Adiós, flor de mis desvelos; 
Ya vienen los crudos hielos, 

Y á huir de tu patria estoy 
Condenada por los cielos.» 

Y partió! Con tal encanto 

Se amaban, se amaban tanto, 
Que, al partir la golondrina, 
De la flor bañóse en llanto 
La corola purpurina. 

Después de un año volvió 
La avecilla más amante; 
A la pradera voló, 

Y con piar anhelante 

A su hermosa flor buscó. 

Vio bellas, muy bellas flores 
De suavísimos olores 

Y de color carmesí, 
Encendidas en amores; 
Mas su flor no estaba allí. 

Tal vez de pena murió, 
Creyéndose ya olvidada, 
O el huracán la arrastró, 



78 POETAS URUGUAYOS 



O quizas, de ella prendada, 
Una mano la arrancó. 

Y partió el ave, y la vieron 
Que iba loca de pesar, 
Tal, que gimiendo al volar, 
A las flores que la oyeron 
Hizo de pena llorar. 

La historia, cual está aquí, 
La encontré, siendo muy niño, 
En un libro que leí; 

Y con singular cariño 
De memoria la aprendí. 

Tan sólo porque allí había 
Flores y aves, encontré 
Bella la historia aquel dia, 
Pues de amores no entendía, 
Ni sabía lo que sé. 

Hoy miro tantos amores 

Que son como aquéllos fueron, 

Y tantos que bien quisieron, 
Cuyos sueños, como flores, 
En un invierno murieron. 



Y á veces se me imagina 

Y pienso que fué verdad 
La historia tan peregrina, 
Que aprendí en aquella edad, 
De la triste golondrina. 



Luis Fiñeiro del Campo. 



LA IGUALDAD 

¿ Dónde está la igualdad ? Yo no la veo 
En el bien material de la fortuna, 
Ni en el afán insomne del deseo, 
Ni siquiera al nacer se ve en la cuna. 

I Dónde está la igualdad ? En las remotas 
Edades de la historia, sólo admiro 
El esclavo y señor, dorios é ilotas; 
Después, patricios y plebeyos miro. 

¿Dónde está la igualdad? Acá, uno inerte; 
Más allá, quien se cree predestinado, 
Nobles y siervos, la altivez del fuerte 

Y la abyección del ser desheredado. 

¿ Dónde está la igualdad ? Yo no la veo 
En el bien material de la fortuna, 
Ni en el afán insomne del deseo, 
Ni en la historia siquiera, ni en la cuna. 

Y ella debe existir. Este incesante, 
Este insaciable, halagador anhelo, 
No es el hijo de un sueño delirante: 
Debe ser realidad en este suelo. 

Si no está del pasado en el camino, 
Ni en el bien material ni el nacimiento. 



8o POETAS URUGUAYOS 



Ni en la muerte siquiera, la adivino 
En el mundo inmortal del pensamiento. 

Hacer á la ignorancia cruda guerra, 
Descorrer de la vista el velo denso, 
Arrancar sus secretos á la tierra 

Y al mar y al aire y al espacio inmenso; 

Explorar del espíritu el arcano, 
Elevarse hasta Dios y comprenderle, 

Y al tierno niño, del saber humano 
Fecundísimos dones ofrecerle 

¡ Ahí está la igualdad, púdica diosa, 

Que se envuelve en el manto de una idea, 

Y vuela, nivelando presurosa, 
Gomo nivela al bosque la marea ! 

El saber al pigmeo lo levanta; 
Ante él el poderoso se doblega; 
El espíritu sabio se agiganta 

Y á la más alta cumbre fácil llega. 

¡ Ahí está la igualdad ! Y va hacfa ella 
Quien del saber esparce la simiente. 
¡ Ahí está la igualdad! Sigue su huella 
Quien al estudio encaminó su mente. 

Es el mundo moral campo ondulado: 
Acá llanura, más allá montaña, 

Y en el medio el abismo. Un viento helado 
Impele la pasión cual débil caña. 

Es nivel la instrucción, que siempre eleva 
Al espíritu humano á altas regiones, 
Do la ciencia á la mente la luz lleva, 
Do la razón domina las pasiones. 



POETAS URUGUAYOS 



El fanatismo religioso espira, 

Ya libre alza su vuelo la conciencia, 

Ya el esclavo al señor igual se mira .... 

¿ Quién causa ese progreso í Ved : ¡ la ciencia ! 

j Ahí está la igualdad ! Yo no la veo 
En el bien material de la fortuna, 
Ni en el afán insomne del deseo, 
Ni siquiera al nacer se ve en la cuna. . 

j Ahí está la igualdad, púdica diosa, 
Que se envuelve en el manto de una idea, 
Y vuela nivelando presurosa, 
Como nivela al bosque la marea ! 



Anacleto Dafort y Alvarez. 



EL TAMBOR DE SAN MARTIN 

Con los héroes de todo un continente, 
La muerte ha hecho sacrilego botin! 
Pero aun lucha con ella frente á frente 

Y cuerpo á cuerpo, en actitud valiente, 
El anciano Tambor de San Marlin! 

Los lacayos se arrancan la librea. 
«Termine, gritan, nuestra suerte ruin; 
Sea nación independiente, sea, 
La colonia infeliz!» ... Y á la pelea 
También corre el Tambor de San Martin! 

Escala, nuevo Aníbal, las inmobles 
Montañas, un brillante paladin; 

Y se enardecen los campeones nobles 
Al vibrante compás de los redobles 
Que lanzaba el Tambor de San Martin! 

Allá van los bizarros batallones! 

Y en Maipo, en Ghacabuco y en Junin 
Deshacen las ibéricas legiones, 
Arrollando artilleros y cañones 

Al toque del Tambor de San Martin! 

Cuentan que, en lo más recio de un combate, 
Incendia una granada al polvorin! ... 
Firme y de pié, su fibra no se abate, 



84 POETAS URUGUAYOS 



Y entre montañas de humo, el parche bate, 
Impasible, el Tambor de San Martin! 

Joven y hermoso, en Lima y sus afueras 
Lucía su uniforme y su espadin, 
Su airoso porte y bélicas maneras, 
Grujiéndole las botas granaderas 
Al rumboso Tambor de San Martin! 

¡Qué tiempos! ¡Qué aventuras! ¡Cuantas cholas 
De alma angélica y tez de serafín, 
Suspiraban llorosas, mustias, solas, 
Porque oyeron las dulces mentirolas 
Del galante Tambor de San Martin! 

Enfermo yace el invencible atleta, 
Relegado de un pueblo en el confín; 
Ya no hay dianas, ni toque de retreta. . . . 
¡Pasó, pasó la juventud inquieta 
Del ardiente Tambor de San Martin! 

¡Veneración inspira! El tierno niño, 
El joven, el soberbio mandarin, 

Y la dulce beldad de tez de armiño, 
Todos saludan con filial cariño 

Al glorioso Tambor de San Martin! 

Por él son hombres libres los ilotas 

¡Y lleva un traje de raído brin! 

Vive en un rancho, y en lugar de botas, 

Miserables y rústicas ojotas 

Sólo lleva el Tambor de San Martin! 

¡Pan y ropas y techo al veterano 

Escapado al sacrilego botin! 

¡Patria de Monteagudo y de Belgrano, 



POETAS URUGUAYOS 8$ 



Protección, protección para el anciano 

Y olvidado Tambor de San Martin! 

Que se yerguen las sombras inmortales 
De los bravos de Maipo y de Junin, 

Y estrechan, con abrazos fraternales, 
Necochea, Las Heras y Arenales, 

Al ilustre Tambor de San Martin! 



Victoriano E. Montes. 



LA ESCUELA DE LA ALDEA 

Cual nunca hermosa, como siempre bella, 

La luz del nuevo sol, iluminando 

El cuarto de la pálida doncella, 

Parece que, jugando, 

Rubor tuviera de vivir con ella; 

Sus tibios resplandores 

La conversan de amor y de ventura; 

Mas dócil al deber, aquella hechura, 

De perfección y de virtudes llena, 

Abandonando el lecho, á Dios las manos 

Eleva piadosa, y de su boca, 

Rogando con fervor por sus hermanos, 

Salen frases dulcísimas, sentidas, 

Capaces de ablandar la dura roca 

Donde mueren las olas escondidas. 

Los ojos elevando 

Con esa fe sencilla, 

Hija de los que sueñan, esperando 

Siempre, con ilusiones de ventura, 

Pensaba la doncella, 

Sola, triste, sentada 

En el umbral de la feliz morada. 

Murmullo de caricias infantiles 

El hilo interrumpió de su querella, 

Y siempre hermosa, como nunca bella, 

Con muestras de afección y de cariños 

Un beso dibujó, sin aspavientos, 

En las frescas mejillas de los niños. 



88 POETAS URUGUAYOS 



Las gárrulas endechas 

Del ruiseñor cantando en la enramada, 

Las hojas que, deshechas, 

El vendabal arrastra; la balada 

De la tórtola triste, son lecciones 

De aquella natural filosofía 

Que una virgen modesta, dia á dia 

Enseña sin discursos ni oraciones. 

Del padre que muriera combatiendo, 

Conserva con cariño la divisa, 

Y hablando á aquella raza de pigmeos, 
Vagando en su semblante una sonrisa 
Cuyo bosquejo en vano diseñara, 

Les muestra los trofeos 

Que más de uno conquistar soñara. 

Así, sin aparato, 

La escuela de la aldea, 

Jugando mucho y conversando un .rato, 

La pálida doncella regentea, 

Y diz que su lenguaje, asaz discreto, 
Risueño y persuasivo, 

No hay nadie que le escuche sin respeto, 
Ni triste que no encuentre lenitivo. 

Cruzando la cuchilla, 
Los niños van alegres á la escuela. 
Madurará el trabajo esa semilla 
Que con el viento de los años vuela, 

Y volverán al trasponer la aurora 
Hombres hechos tal vez, jamas esclavos; 
Consolarán el duelo del que llora, 
Defenderán la patria como bravos. 



Joaquin de Salterain. 



AL SOL DE LA LIBERTAD 

J£n la inauguración del monumento á la Jndependencia de la 
República 

Sol inmortal que fúlgido te ciernes, 

Cual pabellón radioso, 

Sobre el ámbito hermoso 

De la uruguaya tierra ! 

Si en el pecho se encierra 

Viva el ansia, y ardiente 

É infinito el anhelo de ensalzarte, 

La voz, para cantarte, 

Débil, i oh sol ! se siente. 

Sol de los libres, foco escintilante 

Que en rayos mil te espandes por la esfera; 

Tú, cuya imagen presta á mi bandera, 

De gloria y luz el símbolo arrogante, 

Atiende, ¡ oh sol ! amante 

Al bardo que alza el humildoso ruego. 

Pidiendo inspiración á tu almo fuego; 

Acaricia su frente 

Con un destello de tu luz ardiente, 

Y á influjo poderoso 

De tu beso de amor, la clara estrella 

Del estro irradie su fulgor en ella. 

Sol de la libertad, fuente divina 



90 POETAS URUGUAYOS 



De luz hermosa, catarata inmensa 

Que, bañando la frente alabastrina 

Del Andes gigantesco, en dos océanos' 

El raudal difundiste de tu lumbre, 

Llenando sus destellos 

De mágico fulgor la noche triste 

De la oprimida América! elevado 

En la celeste cumbre 

Donde se ostenta tu esplendente gloria, 

Te saludan ufanos 

Mil héroes inmortales en la historia 

Y sus hijos, hoy libres ciudadanos! 

El fuego del valor y el patriotismo, 

A tu influjo nació en aquellas almas 

Que admiraron al viejo continente 

Por la alta abnegación de su civismo, 

El esfuerzo potente 

Con que rompieron duros eslabones, 

Luchando cual leones 

En medio del furor de la batalla, 

Entre torrentes de letal metralla 

Y el humo embriagador de los cañones. 

La gloria de Moreno", 

De San Martin, Bolívar y Belgrano, 

De los grandes patricios 

Que desde el Plata al Orinoco, lleno 

El pecho varonil de amor de patria, 

Flamearon el pendón republicano 

Por alcanzar los dulces beneficios 

De la alma libertad; la pura gloria 

De aquellos que, gritando: «Independencia». 

De victoria en victoria, 

Abatieron la odiosa prepotencia 

Del altivo opresor, de tí nacida 



POETAS URUGUAYOS 



Fué, ¡ oh sol esplendoroso ! cuyo rayo ' 
El genio fué y la inspiración de Mayo. 

Y Artigas el insigne, el indomable 
Caudillo, cuyo brazo 

Azote justiciero 

Fué para el lusitano y el ibero, 

De tí la fuerza recibió potente 

Para blandir la espada inquebrantable 

Con que abatió del déspota la frente. 

Tu rayo enardeció la resistencia 

De tantos héroes que, de patria al grito, 

Lidiaron por la cara independencia; 

Y las Piedras, Gerrito, 
Mil otros escenarios 

De acciones dignas de perpetua fama, 
Iluminó tu llama, 

Y fué su nombre con tu fuego escrito. 

Sólo tú dar aliento 

Pudiste,, ¡ oh sol de glorias inmortales ! 

Al noble corazón y al pensamiento 

De treinta y tres ilustres orientales; 

Aquéllos que, impelidos por la idea 

De redimir la patria, á la pelea 

Con sublime entusiasmo se lanzaron, 

Segando con su acero 

Las huestes del intruso brasilero. 

¡ Cómo hermoso tu disco brillaría 
Aquel glorioso dia 

En que el suelo feliz de Aijenal Grande 
Las huellas te mostró de los valientes 
Que, henchido el corazón de fe sincera, 



92 POETAS URUGUAYOS 



Alzaron ante el mundo su bandera 
Y juraron morir independientes! 

Recuerdos son gloriosos 

De la hazaña inmortal que presenciaste, 

Que en el alma destellan 

La luz de sentimientos generosos, 

Rincón y Sarandí, Cerro é Ituzaingo; 

Nombres augustos que la fama sellan 

De los héroes que en vividos deseos 

De libertad y gloria tú inflamaste. 

Veneración eterna á los varones, 
ínclitos modernos espartanos, 
Ante quienes huyeron las legiones 
De usurpadores viles, 
Gomo ante los viriles 
Soldados de la sabia y libre Grecia, 
Huyeron los soldados de la ruina 
En Maratón, Platea y Salamina. 

Veneración eterna, y que la lumbre 

De tu amoroso rayo, 

Preste fulgentes, vividos destellos 

A la inmortal auréola 

Que corona sus frentes, en la cumbre 

De su Olimpo feliz; que nunca triste 

Veas, ¡oh sol! con lánguido desmayo, 

La celeste mansión donde residen, 

Del sumo patriotismo siendo ejemplo; 

Que allá en el templo 

Donde vive sin mancha su memoria, 

Los genios del recuerdo los circunden, 

Mariposas que busquen luz de gloria, 

Planetas que con astros se fecunden. 



POETAS URUGUAYOS <)¿ 

Sólo el santo recuerdo 

De sus altas virtudes y civismo 

Preservará á la patria del abismo 

De las ruines pasiones. — Ciudadanos 

Que de hijos blasonáis de aquellos héroes, 

Si no queréis que impúdicos tiranos 

Profanen con su planta el libre suelo 

Que os legaron prolijos 

Los que no alimentaron más anhelo 

Que patria y libertad, sed siempre dignos 

De padres tan ilustres, y en el pecho 

El culto conservad de sus virtudes; 

Defended el derecho 

De los avances del poder; en pugna 

Con lo ruin é inmoral, al despotismo 

De santa indignación el anatema 

Lanzad que lo anonade; 

Que vuestro corazón á nada tema 

Del deber en el noble cumplimiento, 

Y afrontad el sangriento 
Asesino puñal, que si él os hiere, 

El hombre morirá, la idea no muere. 

Y si extraños audaces se lanzaran 
A disputaros la preciada herencia; 
Si extranjeros pendones 
Humillar pretendieran los blasones 
De vuestra libertad é independencia, 
¡Oh! entonces, inspirados 

En la heroica pujanza 

De aquéllos que lucharon cual titanes; 

Invocando los manes 

De Artigas, de Rivera y Lavalleja,, 

Empuñad con ardor la férrea lanza, 

Al combate volad, y justiciero 

Al intruso castigue vuestro brazo; 



94 POETAS URUGUAYOS 



Y proclame la historia 

Cómo defiende el libre su bandera, 
Cómo conquista el héroe la victoria. 

Sol de la libertad ! tiende tus rayos 
Hacia esos pueblos de la vieja Europa 
Que gimen bajo el yugo 
Del César, de la Iglesia, del verdugo. 
¡ Qué ! ¿acaso siempre beberán la copa 
Amarga del esclavo ? Los rumores 
Ya se levantan de la turba inquieta, 
De libertad ansiosa; resplandores 
Ya llegaron hasta ella de tu brillo, 
De santa redención feliz aurora; 
Sacudirá del cuello el duro anillo, 

Y temblarán los tronos, 

Y el fragor de la lucha redentora 
Hará saber al mundo 

Que no se oprime al pueblo impunemente, 
Que ya no pueden imperar tiranos, 
Que los hombres son todos ciudadanos 

Y que libres alzar deben la frente ! , 

Sol de la libertad ! perenne brilla 

Sobre América hermosa, y que tu rayo 

Espléndido reluzca 

Sobre el suelo uruguayo; 

Que tu augusta presencia 

Nuncio sea divino 

De patria, libertad, independencia; 

Ilumina el camino 

De los hijos de aquellos esforzados 

Que legaron al mundo y á la historia 

Laureles en mil triunfos conquistados, 

Inolvidables páginas de gloria. 



POETAS URUGUAYOS 95 



Ilumine tu rayo nuestra senda 

Y en nuestros pechos el valor encienda, 
Para si, en triste dia, 

Peligra, ¡oh sol! la libertad amada, 

Al conato de odiosa tiranía; 

Ciudadanos altivos, 

En santa indignación hirviendo el pecho, 

Corramos en defensa del derecho 

Donde el deber sagrado nos reclame, 

Y hasta el poeta exclame, 

Como el bardo de Albion, con voz airada : 
Lira, ¡déjame eA paz! . . . / Venga una espada! 

Constantino Becchi. 

Montevideo, Mayo 5 de 1879. 



HIEDRA Y PALMERA 

Ella era una palmera 

Que sobre el verde bosque se cernía, 

Y él la hiedra rastrera, 

Que sus ramas lozanas oprimía. 

Con loco desvarío 

La hiedra á la palmera se enlazaba, 

Y el árbol con desvío 

Las hojas de la hiedra rechazaba. 

La pobre enredadera 

Volvía otra vez á su afanoso anhelo, 

Y otra vez la palmera 
Arrojaba sus ramas hacia el suelo. 

Con gotas de rocío 

Empapadas en savia apasionada, 

Lloró su sino impío 

La planta, sin amparo y sin amada; 

Pero volvió afanosa 

A enlazar con sus hojas la palmera, 

Y al fin la desdeñosa 

Sintió el calor de la pasión primera. 

Aquel amor profundo • 

Que la hiedra rastrera le tenía, 

Que ni el fulgor del mundo 

Ni el embate del tiempo conmovía, 



98 POETAS URUGUAYOS 

Hirió su pecho tierno 

Con los suaves matices de la aurora, 

Y del cariño eterno 

Arraigó en él la fuente bullidora. 

Y cuanto más mostraba 

Su pasión la tupida enredadera, 

Más esbelto se alzaba 

El tallo seductor de la palmera. 

El sol les dio sus rayos; 

El cielo, sus espléndidos colores; 

La brisa, sus desmayos; 

Y sus trinos de amor, los ruiseñores. 

En vano la tormenta 

Con ímpetu sus ramas sacudía. 

Como ola que revienta 

Contra las rocas de la mar bravia, 

Así, fuerte, altanera, 

Contra los dos amantes se estrellaba, 

Y ni una hoja siquiera 

A sus ramas cruzadas arrancaba. 

Hoy se alzan amorosas 

En el bosque frondoso y solitario; 

Las bóvedas umbrosas 

Sirven á su cariño de santuario. 

Perderá el cielo su color profundo, 
Las olas morirán en la ribera; 
Pero jamás perecerá en el mundo 
El amor de la hiedra y la palmera. 

José G. Busto. 



LA TOCADORA DE ARPA 

En tí escuché el murmurio 
Del sauce con las auras, 
La queja de las olas 
Besando las arenas de la playa; 

Esa armonía incierta 

Del mar dormido, en calma, 

En la hora que la sombra 

Con el silencio sobre el mundo avanza: 

Ecos tiernos, lejanos, 

Que en el espacio vagan, 

Y vienen al espíritu 

Con el lamento de una voz hermana; 

El rumor del desierto; 

La silbadora ráfaga 

De los vientos que cruzan 

Su llanura salvaje y desolada; 

Los cantos que saludan 

Al asomar el alba; 

Rugidos de torrente; 

El toque de oración en la montaña; 

El acento, el suspiro 
Del corazón que se arría, 



00 POETAS URUGUAYOS 



Vibrando en el recuerdo 

Los himnos de la vida en su mañana; 

Del labio amante, trémulo, 

La promesa jurada; 

En la noche serena 

El acorde gentil que al amor llama; 

Allá, como un ensueño, 

Onda doliente y rápida 

En el torreón sombrío, 
Endechas de cautiva solitaria; 

La voz de la inocencia 

Que á la ternura encanta; 

El ruego de la madre 

Por el hijo que corre á la batalla; 

Del infeliz proscripto 

La despedida amarga, 

Dejando cuanto adora 

Para morir ausente de la patria. 

Tristezas y dulzuras, 

Sollozos y plegarias, 

En confusión sublime 

Cruzaron como nubes por mi alma. 

Y en mi delirio placido, 
Me pareciste un hada, 
El genio de las musas 
Arrullando al poeta en la desgracia. 

Y un rayo de consuelo 
Sentí que me inundaba, 
Como entre ruinas tristes 

La suave lumbre de la luna pálida. 



POETAS URUGUAYOS I Oí 

Y el mundo de recuerdos, 
De muertas esperanzas^ 
Historia de la vida 

Que el corazón en su sagrado guarda; 

Todo se estremecía 
Al sonido de tu arpa, 

Y te aclamé llorando, 

¡ Yo que creía no tener más lágrimas ! 

Antonio Lamberti. 



POETAS ARGENTINOS 



HIMNO NACIONAL ARGENTINO 

Oíd, mortales, el grito sagrado: 
¡Libertad, libertad, libertad! 
Oíd el ruido de rocas cadenas, 
Ved en trono á la noble igualdad. 
Se levanta en la faz de la tierra 
Una nueva, gloriosa nación, 
Coronada su sien de laureles, 

Y á sus plantas rendido un león. 

• • 

CORO 

Sean eternos los laureles 
Que supimos conseguir; 
Coronados de ¡/loria vivamos, 
O juremos con gloria morir. 

De los nuevos campeones los rostros 
Marte mismo parece animar; 
La grandeza se anida en sus pechos; 
A su marcha todo hacen temblar. 
Se conmueven del Inca las tumbas, 

Y en sus huesos revive el ardor, 
Lo que ve renovando á sus hijos 

. De la patria el antiguo esplendor. 

CORO 

Sean eternos los laureles, etc. 



IOÓ POETAS URUGUAYOS 



Pero sierras y muros se sienten 
Retumbar con horrible fragor; 
Todo el pais se conturba por gritos 
De venganza, de guerra y furor. 
En los fieros tiranos la envidia 
Escupió su pestífera hiél; 
Su estandarte sangriento levantan 
Provocando á la lid más cruel. 

CORO 

Sean eternos los laureles, etc. 

¿No los veis sobre Méjico y Quito 
Arrojarse con saña tenaz, 
Y cuál lloran, bailados en sangre, 
Potosí, Gochabamba y la Paz? 
¿No los veis sobre el triste Caracas 
Luto y llanto y muerte esparcir? 
¿No los veis devorando cual fieras 
Todo pueblo que logran rendir? 

CORO 

Sean eternos los laureles, etc. 

A vosotros se atreve, Argentinos, 
El orgullo del vil invasor: 
Vuestros campos ya pisa, contando 
Tantas glorias hollar vencedor. 
Mas los bravos que unidos juraron 
Su feliz libertad sostener, 
A estos tigres sedientos de sangre, 
Fuertes pechos sabrán oponer. 

CORO 

Sean eternos los laureles, etc. 



POETAS ARGENTINOS I07 



El valiente argentino á las armas 
Corre ardiendo con brío y valor: 
El clarín de la guerra, cual trueno 
En los campos del sud resonó. 
Buenos-Aires se pone á la frente 
De los pueblos de la ínclita Union, 

Y con brazos robustos desgarran 
Al ibérico altivo león. 

CORO 

Sean eternos los laureles, etc. 

San José, San Lorenzo, Suipacha, 
Ambas Piedras, Salta y Tucumarí, 
La Colonia, el Océano, los Andes, 
El Cerrito y muralla oriental, 
Son letreros eternos que dicen: 
« Aquí el brazo argentino triunfó; 
Aquí el fiero opresor de la patria 
Su cerviz orgullosa dobló. » 

CORO 

Sean eternos los laureles, etc. 

La victoria al guerrero argentino 
Con sus alas brillantes cubrió, 

Y azorado á su vista el tirano, 
Con infamia á la fuga se dáó: 

Sus banderas, sus armas se rinden 
Por trofeos á la libertad, 

Y sobre alas de gloria alza el pueblo 
Trono digno á su gran majestad. 

,CORO 

Sean eternos los laureles, etc. 



108 POETAS ARGENTINOS 



Desde un polo hasta el otro resuena 
De la fama el sonoro clarín, 

Y de América el nombre enseñando, 
Les repite, mortales, oid: 

«Ya su trono dignísimo abrieron 
Las Provincias Unidas del Sud»; 

Y los libres del mundo responden: 
«¡Al gran pueblo Argentino, salud!» 

CORO 

Sean eternos los laureles, etc. 



Vicente López y Planes. 



LA CONCORDIA 



Dell fate un corpo sol di memtri amici, 
Fate un capo che gli altri indrizzi e frene. 

(Gerusalemme literata.) 



¡ Ay ! proteje, Señor, tu hermosa hechura ! 
Por tí este pueblo sacudiera el yugo 

De servidumbre dura; 
Y, en tu inmensa bondad, al fin te plugo 

Darle nueva existencia, 
Y llamarle á gozar de independencia. ■ 

No abandones jamas la tierna planta 
Al furor de los vientos, cuando apenas 

Lozana se levanta. 
Libra á tu pueblo, ¡ oh Dios ! de las escenas 

De discordia inhumana, 
Que destruyen la tierra americana. 

Si en merecida pena á sus delitos, 
Impuso tu justicia á otras naciones 

Los males infinitos 
Que traen las fraternales disensiones, 

El pueblo del Oriente, 
Como recien nacido, es inocente. 

Sálvale, por piedad: no se marchiten 
Jamas sus esperanzas deliciosas; 

Sin fin en él habiten 
La concordia y la paz, hijas dichosas 



10 POETAS ARGENTINOS 



De la virtud, consuelo 
Al hombre justo, dado por el cielo. 

A su sombra benéfica florecen 

Las ciencias y las artes bienhechoras; 

Los pueblos se engrandecen, 
Llenos de vida; y leyes protectoras 
La perfección alcanzan 

Y moderada libertad afianzan. 

La concordia es la fuente más fecunda 
De los bienes que gozan los humanos; 

Y como el sol inunda 

Con su fulgor las cumbres y los llanos, 

Ella con su influencia 
A todo # sabe dar nueva existencia. 

Al verla se despeñan al abismo 

La ambición prepotente, la ignorancia, 

El ciego fanatismo, 
La sacrilega y ruda intolerancia, 

Y todos los errores 

Que las pasiones traen con sus furores. 

Ella fué la que un dia dio renombre 
A mi patria: por ella el universo 
Veneraba su nombre, 

Y la historia veraz y el rico verso 

En página divina 
Honraron la República Argentina. 

El cielo la robó tanta ventura. 
Llanto y respeto á su fatal estrella; 

Y el que, con lengua impura, 
Se atreva mancillar su fama bella, 

Y su desgracia insulte, 
En el profundo averno se sepulte. 



POETAS ARGENTINOS I I I 



Sus males evitad, hijos de Oriente, 
De la concordia al delicioso abrazo 

Yolad alegremente: 
Él os estreche con perpetuo lazo, 

Ahogando en vuestra orilla 
De la anarquía la letal semilla: 

La madre entonces besará tranquila 
Al hijo de su amor, sin que la muerte 

De la rebelde fila 
Se lo arrebate en flor, y á dura suerte 

Su ancianidad condene, 

Y de amargura y de dolor la llene. 

Ni temerá el colono que inclemente 
El soldado feroz sus mieses tale, 

Dejando solamente 
La negra huella que el furor señale; 

Y de pueblos cubiertos 
Los campos se verán que hoy son desiertos. 

Mis votos oye, ¡ oh Dios omnipotente ! 

Y una familia sola reunida 

Forma en el rico Oriente, 
Que á leyes paternales sometida, 

La peligrosa rienda 
Nunca usurpar con crímenes pretenda. 

Ampara tú su juventud dichosa, 

Y hostias de paz adornen tus altares; 

Con mano bondadosa 
Vierte sobre ella dones á millares 

De la gloria y ventura. 
¡ Ay ! protege, Señor, tu hermosa hechura ! 

Florencio Várela. 



DE MI MUERTE 

Ora benigno me dilate el cielo 
Estos momentos que llamamos vida; 
Ora le plazca que el presente sea 
Mi último dia; 

Bien me acostumbre la dolencia larga 
A ver de lejos que la muerte llega; 
Bien, como rayo que improviso hiere, 
Súbita venga; 

Ya me arrebate del^festin alegre, 
Entre los brindis del lijero Baco; 
Ya cuando, á solas, de mi patria lloro 
Tristes los hados, 

Sin que me aflija roeclora duda 
Bajaré impávido á la eterna noche, 
Y las riberas pisaré tranquilo 
Del Aqueronte. 

Iré á presencia de mi juez severo 
Sin ese miedo que al impío turba; 
Que por mi causa no corrió en la tierra 
Lágrima alguna. 

Tiemble el malvado que evitar pudiendo 
Llanto y dolores, corazón de piedra 



114 POETAS ARGENTINOS 



Al afligido que á su vista gime, 
Bárbaro muestra. 

Torpe calumnia que mi vida amarga, 
Fiero me pinta con colores negros, 

Y el pecho blando que me dio natura, 

Finge de acero. 

Mas como el numen que al mortal espera 
En las regiones donde no se miente, 
No me hará cargo de dolor ajeno, 
Mi alma no teme. 

¡ Oh cielo ! escucha mi ferviente voto, 

Y no me niegues lo que sólo ruego 
Para el momento en que la tumba helada 

Me abra su seno: 

Primero muera que mi tierna esposa, 
Muera primero que mis dulces hijas, 

Y moribundo, con errante mano, 

Pulse la lira. 

Juan Cruz Várela. 



LA CAUTIVA 

PARTE PRIMERA 

BI, BBSIBRTO 

lis vont. L'espace est grand. 

Era la tarde, y la hora 

En que el sol la cresta dora 

De los Andes. El desierto 

Inconmensurable, abierto 

Y misterioso, á sus pies 

Se extiende; triste el semblante, 

Solitario y taciturno 

Gomo el mar cuando un instante 

Al crepúsculo nocturno 

Pone rienda á su altivez. 

Gira en vano, reconcentra 
Su inmensidad, y no encuentra 
La vista, en su vivo anhelo, 
Do fijar su fugaz vuelo, 
Como el pájaro en el mar. 
Do quier campos y heredades, 
Del ave y bruto guaridas; 
Do quier cielo y soledades 
De Dios sólo conocidas, 
Que él sólo puede sondar. 



Il6 POETAS ARGENTINOS 



A veces la tribu errante, 
Sobre el potro rozagante, 
Cuyas crines altaneras 
Flotan al viento- lijeras, 
Lo cruza cual torbellino, 
Y pasa; ó su toldería 
Sobre la grama frondosa 
Asienta, esperando el dia; 
Duerme, tranquila reposa, 
Sigue veloz su camino. 

¡ Cuántas, cuántas maravillas, 
Sublimes y á par sencillas, 
Sembró la fecunda mano 
De Dios allí ! ¡ Cuánto arcano 
Que no es dado al vulgo ver ! 
La humilde yerba, el insecto, 
La aura aromática y pura, 
El silencio, el triste aspecto 
De la grandiosa llanura, 
El pálido anochecer, 

Las armonías del viento, 

Dicen más al pensamiento, 

Que todo cuanto á porfía 

La vana filosofía- 

Pretende altiva enseñar. , 

¿ Qué pincel podrá pintarlas 

Sin deslucir su belleza ? 

¿ Qué lengua humana alabarlas ? 

Sólo el genio su grandeza 

Puede sentir y admirar. 

Ya el sol su nítida frente 
Reclinaba en Occidente, 
Derramando por la esfera 



POETAS ARGENTINOS II7 



De su rubia cabellera 
El desmayado fulgor. 
Sereno y diáfano el cielo, 
Sobre la gala verdosa 
De la llanura, azul velo 
Esparcía, misteriosa 
Sombra dando á su color. 

El aura, moviendo apenas 
Sus alas, de aroma llenas, 
Entre la yerba bullía 
Del campo, que parecía 
Como un piélago ondear. 
Y,la tierra, contemplando 
Del astro rey la partida, 
Callaba, manifestando, 
Como en una despedida, 
En su semblante pesar. 

Sólo á ratos, altanero 
Relinchaba un bruto fiero 
Aquí ó allá, en la campaña; 
Bramaba un toro de saña; 
Rujia un tigre feroz; 
O las nubes contemplando, 
Como estático y gozoso, 
El yajá de cuando en cuando 
Turbaba el mudo reposo 
Con su fatídica voz. 

Se puso el sol; parecía 
Que el vasto horizonte ardía; 
La silenciosa llanura 
Fué quedando más oscura, 
Más pardo el cielo, y en él 
Con luz trémula brillaba 



Il8 POETAS ARGENTINOS 



Una que otra estrella, y luego, 
A los ojds se ocultaba, 
Gomo vacilante fuego 
En soberbio chapitel. 

El crepúsculo, entretanto, 
Con su claro-oscuro manto 
Veló la tierra; una faja 
Negra como una mortaja,. 
El Occidente cubrió; 
Mientras la noche bajando 
Lenta venía, la calma, 
Que contempla suspirando 
Inquieta á veces el alma, 
Con el silencio reinó. 

Entonces, como el ruido 
Que suele hacer el tronido 
Cuando retumba lejano, 
Se oyó en el tranquilo llano 
Sordo y confuso clamor; 

Se perdió y luego violento, 

Como baladro espantoso 
De turba inmensa, en el viento 
Se dilató sonoroso, 
Dando á los- brutos pavor. 

Bajo la planta sonante 
Del ágil potro arrogante 
El duro suelo temblaba, 

Y envuelto en polvo cruzaba, 
Como animado tropel, 
Velozmente cabalgando; 
Víanse lanzas agudas, 
Cabezas, crines ondeando, 

Y como formas desnudas 
De aspecto extraño y cruel. 



POETAS ARGENTINOS 119 



¿ Quién es ? ¿ Qué insensata turba 

Con su alarido perturba 

Las calladas soledades 

De Dios, do las tempestades 

Sólo se oyen resonar ? 

¿ Qué humana planta orgullosa 

Se atreve á hollar el desierto, 

Cuando todo en él reposa ? 

¿ Quién viene seguro puerto 

En sus yermos á buscar ? 

¡ Oíd ! Ya se acerca el bando 
De salvajes atronando 
Todo el campo convecino. 
¡ Mirad ! Gomo torbellino 
Hiende el espacio veloz. 
El fiero ímpetu no enfrena 
Del bruto, que arroja espuma; 
Vaga al viento su melena, 
Y con lijereza suma 
Pasa en ademan atroz. 

¿ Dónde va 1 ¿De dónde viene ? 
¿ De qué su gozo proviene ? 
¿ Por qué grita, corre, vuela, 
Clavando al bruto la espuela, 
Sin mirar alrededor ? 
¡ Ved ! que las puntas ufanas 
De sus lanzas, por despojos, 
Llevan cabezas humanas, 
Cuyos inflamados ojos 
Respiran aún furor. 

Así el bárbaro hace ultraje 
Al indomable coraje 
Que abatió su alevosía; 



120 POETAS ARGENTINOS 



Y su rencor todavía 
Mira con torpe placer 
Las cabezas que cortaron 
Sus inhumanos cuchillos, 
Exclamando: «Ya pagaron 
Del cristiano los caudillos 
El feudo á nuestro poder. 

«Ya los ranchos do vivieron, 
Presa de las llamas fueron, 

Y muerde el polvo abatida 
Su pujanza tan erguida. 

¿ Dónde sus bravos están ? 
Vengan hoy del vituperio 
Sus mujeres, sus infantes, 

Que gimen en cautiverio, 
A libertar, y como antes, 
Nuestras lanzas probarán.» 

Tal decía; y bajo el callo 
Del indómito caballo, 
Crujiendo el suelo temblaba; 
Hueco y sordo retumbaba 
Su grito en la soledad; 
Mientras la noche, cubierto 
El rostro en manto nubloso, 
Echó en el vasto desierto 
Su silencio pavoroso, 
Su sombría majestad. 



Esteban Echeverría. 



EL REY BALTASAR 



melodía hebraica 



Mane, Thccel, P liares. 



En el impío festín 

El rey Baltasar estaba, 

Con la corona en las sienes 

Y sobre un trono de plata. 

Y damas y cortesanos 

Y toda la sierva grey 

Se postraba y exclamaba: 
/ Gloria al Rey ! 

De Israel los vasos de oro 
Que se trajeran mandaba, 

Y en ellos el vino beban 
Sus concubinas amadas. 

De orgullo y lascivia lleno, 
Sus ricos mantos desgarra, 

Y en la desnudez hermosa 
Su disolución halaga. 

Y damas y cortesanos 

Y toda la sierva grey 

Se postraba y exclamaba: 
/ Gloria al Rey ! 



22 POETAS ARGENTINOS 



— Los ojos verdes del rey 
Parecen dos esmeraldas; 
La púrpura de la rosa 
Sus rojos labios no iguala. 

— Dichosa la virgen bella 
Que oye sus dulces palabras; 
Dichosa la que en sus brazos 
De amor el aliento exhala. 

— Prudente y sabio .es el. rey; 
Justicia tan sólo manda; 
La tierra adora sus leyes; , 
Ventura eterna le aguarda. 

— ¿ Qué vale el Dios de Israel 
Contra el poder de su espada ? 
De los míseros judíos, 
¿Cuál es la triste esperanza ? 

Y damas y cortesanos 

Y toda la sierva grey 

Se postraba y exclamaba: 
¡Gloria al Rey! 

En esto una horrible mano 
Sobre la pared grabara 
Sentencia que nadie. entiende, 

Y el rey Baltasar temblaba. 

Era Mane, Thecel, Phares 
La inscripción ele la muralla, 

Y al rey, la corte y al pueblo 
Terror de muerte causaba. 

A sus magos les pregunta: 



POETAS ARGENTINOS 12} 



— ¿Qué dicen esas palabras? 

Y ellos responden confusos: 

— Nuestra ciencia no lo alcanza. 

La reina entonces le dice: 
—Llama á Daniel: ¿á qué aguardas? 
Es hombre de Dios querido, 

Y en él tu padre confiaba. 

Y damas y cortesanos 

Y toda la sierva grey 
Se alejaba y exclamaba: 

^¡Ay del Rey! 

— Si aclaras este misterio, 
Que á mi corazón espanta, 
Segundo te haré del reino 

Y vestirás escarlata. 

— Triste mortal, ¿qué me ofreces 
Guando á tí todo te falta? 
En esa inscripción yo leo: 
«Tú vas á morir mañana.» 

En esa inscripción yo leo: 
«El moro y persa mañana 
Se dividirán tu reino, 
Las riquezas de tu casa. 

«Pues blasfemaste de Dios, 
Tu triste huesa mañana 
Del último de tus siervos 
Será con desprecio hollada .... 

«El gozo de los tiranos 
Es cual fosfórica llama, 



124 POETAS ARGENTINOS 



Que en la noche tenebrosa 
De las tumbas se levanta. 

«Sólo un momento es la tierra 
De sus caprichos esclava; 
Pero él pasa y sus verdugos 
Son polvo, gusanos, nada.» 

En tanto al mísero rey 
La pena y terror desmayan; 
Busca á los suyos, y encuentra 
Sólo á Daniel, que le hablaba; 

Pues damas y cortesanos 
Y toda la sierva grey 
Se alejaba y exclamaba: 



¡A y del Rey! 



José Rivera Indarte. 



LA GAVIOTA Y EL CANARIO 

Un rico extravagante de mi patria 
Puso entre rejas ele oro á una gaviota, 
Mientras enjaula de grosero junco 
A un canario dulcísimo aprisiona. 

Pues sin más razón que ésta, con desprecio 
Mira aquélla al cantor, y me lo apoca, 
Quien, harto al fin de humillación y ultrajes, 
Así reprende, por su orgullo, ala otra: 

«¿ Quién eres tú ? Recuerda que en el río 
Ayer no más andabas con tu tropa, 
Tras de inmundo alimento, fastidiando 
A todos con tu voz ingrata y ronca. 

¿ Y porque habitas en dorada jaula 
Hoy quieres presumir de gran señora, 

Y mirar con desden y menosprecio ■ 
Las buenas cualidades que me adornan? 

«Pues sabe que yo aquí, como en el campo, 
Soy capaz de encantar á cuantos me oigan, 

Y tú bajo ese techo, ó por los aires, 

No serás más que inmunda y graznadora.» 

Nobles modernos que lográis por suerte 



I2Ó POETAS ARGENTINOS 

A un palacio pasar desde una choza, 
No ajéis al pobre, porque puede un dia 
Hablar como el canario si se enoja. 

Gabriel Real de Azúa. 



MONTEVIDEO 



Semejante á ondina bella 
Su cuerpo airoso descuella. 

E. Echeverría. 



De las entrañas de América 
Dos raudales se desatan: 
El Paraná, faz de perlas; 

Y el Uruguay, faz de nácar. 
Los dos entre bosques corren 
O entre floridas barrancas, 
Como dos grandes espejos 
Entre marcos de esmeraldas. 
Salúdanlos en su paso 

La melancólica pava, 
El picaflor y el jilguero, 
El zorzal y la torcaza. 
Como ante reyes, se inclinan 
Ante ellos seibos y palmas, 

Y le arrojan flor del aire, 
Aroma y flor de naranja. 
Así siguiendo su senda, 
Sobre sus lechos se arrastran: 
Luego en el Guazú se encuentran, 

Y reuniendo sus aguas, 
Mezclando nácar y perlas 
Se derraman en el Plata. 



28 POETAS ARGENTINOS 



¿El Plata? y. es verdad. Ancha llanura 
De bruñido metal que nunca acaba, 
Parece el rio cuya diestra lava 
De Buenos-Aires el soberbio pié; 
Cuya izquierda tendiendo hacia el Oriente, 
De una joven beldad la falda toca; 
Beldad guardada por gigante roca, 
Que el Plata inmenso desde lejos ve. 

Y es fama que esa roca majestuosa 
A la bella ciudad pusiera nombre, 

Cuando en medio del mar, al verla, un hombre, 

Monte veo, del mástil exclamó. 

En frente de ese monte nació un pueblo 

Con un cinto de muros y cañones, 

Do clavaron tres reyes sus pendones, 

Que colérico el Plata contempló. 

fe envidiaron los r'eyes, rica joya, 

Y un dia en su corona te ostentaron, 

Y al mirarte otro dia, sólo hallaron, 
En vez de joya, duro pedernal. 
Entonces adornaste la diadema 

De la joven República de Oriente, 

Que te muestra á los pueblos en su frente 

Desde el Cerro, su eterno pedestal. 

Ahí estás, Montevideo, 
Extendida sobre el rio, 
Como virgen que en estío 
Se ve en el lago nadar. 
La Matriz es tu cabeza, 
Es la Aguada tu guirnalda, 
Blancos techos son tu espalda, 
Y tu cintura, la mar. 



POETAS ARGENTINOS I 29 



Ciudad coqueta, sonríes 
Cuando ves los pabellones 
De poderosas naciones 
Flamear en rico bajel. 

Y les pagas las ofrendas 
Que ellos traen á tu belleza, 
Con tu campo y la riqueza 
Que derrama Dios en él. 

En tu puerto á centenares 
Mécense los masteleros, 
Como bosques de palmeros 
Que sacude el vendabal. 

Y si en él se ve de noche 
Navegar rápida vela, 
Parece garza que vuela 
De algún lago en el juncal. 

En las noches sin estrellas, 
Tenebrosas del invierno, 
Cuando el mar es un infierno 
Que al marino hace temblar, 
Tú benéfica iluminas 
Sobre tu roca gigante, 
Un fanal que al navegante 
Seguro norte va á dar. 

En otro tiempo los reyes 
Levantaron alta* valla 
De impenetrable muralla, 
Para oprimirte, beldad. 
Pero el hierro del esclavo 
Sacudiste de tus brazos, 

Y los muros á pedazos 
Derrumbó la libertad. 



30 POETAS ARGENTINOS 



Eres tú, Montevideo^ 
Del Plata blanca sirena, 

Y tu entraña una colmena 
Cuya miel es el amor. 
Feliz el labio que guste 

De tu miel, ciudad de amores, 
Que tus hijas son las flores 
Que dan tan dulce licor. 

Tus hijas todas son ángeles 
En dulzura y en pureza, 
Son estrellas en belleza, 
De la vida el iris son. 
Por ellas, sólo por ellas, 
Eres tú, Montevideo, 
De mi memoria recreo, 
De mis sueños ilusión. 

Y si tú crees en los sueños, 
Escucha, oh pueblo, uno mió: 
Yo soñé que veía al río 
Salir de su ancho cristal, 

Y que á ti y á Buenos-Aires 
En sus brazos estrechaba, 

Y así unidos os dejaba 
En un abrazo inmortal! 

Si eres sólo un ensueño, dulce idea, 
Que fascinas mi ardiente fantasía, 
No amanezca jamas el triste día 

Que te borre de mí. 
Pero no, que en los cielos está escrito 
En la página de oro del destino, 
La unión del Oriental y el Argentino 

Que en mis ensueños vi. 



Luis L. Domínguez. 



CAICOBÉ 

J^EYENDA GUARANÍ 

A MI AMIGO EL DOCTOR DON FLORENCIO VÁRELA 

Un árbol hay pequeño de la tierra 
Que tiene rama y hoja menudita: 
En tocando la hoja ella se cierra, 
Y en el punto se pone muy marchita. 

(Centenera, Argentina, canto 3 o , octava 3 a ) 

Seule parmi les fleurs, devant l'homme craintive; 
Sans doute il te souviens que mortelle autrefois 
De ta jenue pudeur on mécoimut la voix. 

(Roucher). 

Esas huellas en la arena 
Que el viento besa y destruye, 
Son de una indiana morena 
Que de dos mancebos huye. 

En los pasos de la huida 
Pone lijereza suma, 
Pues va, cual flecha, vestida 
De mil levísimas plumas. 

Parece nube pintada 
De las auroras de estío, 



132 POETAS ARGENTINOS 



Que deja sombra rosada 
Sobre la nácar de un río. 

Lleva las trenzas caídas 

Y va sembrando corales, 
Como las gotas llovidas 
Que ciernen los vendábales. 

Como torcaz, huye al nido 
Cobijado entre las ramas, 
Porque ha escuchado el silbido 
Que le anuncia astutas tramas; 

Y teme perder del seno 
Una joya misteriosa, 
Talismán contra el veneno 
De la serpiente dañosa. . 

Ya se ha engolfado en las ramas. . 
La oculta ya el bosquecillo 
Con sus verdosas" retamas 
Salpicadas de amarillo; 

Ya circundó la laguna. . . 
Ya atraviesa la cañada, 
Cual se desliza la luna 
Sobre la linfa parada. 

Y no prosigue Caída 

De cansancio está en la alfombra, 
Que extiende yerba florida 
Al amparo ele la sombra; 

Y pone avara la mano 
Sobre el agitado seno, 
Ardiente como el verano, 
Matador como el veneno. 



POETAS ARGENTINOS I}} 



Y al sol, que ya en Occidente 
Se aduerme en nubes doradas, 
Alza piadosa la frente 

Con humildosas miradas; 

Y entre perlas de su llanto, 

Y entre perlas de su boca, 
Así entona un triste canto 
Que con sollozos sofoca: 

«¡Te vas, esposo, con tus rayos de oro 
A enardecer el seno de otras bellas, 

Y á mí me dejas, anegada en lloro, 
A la pérfida luz de las estrellas! 

«Yo soy tu indiana Caicobé, amorosa, 
Más que otra alguna por tu amor gozada, 
A quien todos del sol llaman esposa, 

Y por amarte á tí la más tostada. 

«Yo, la que salgo á tu primer destello, 

Y alzo la voz en alabanza tuya; 

La que llora en la noche y dobla el cuello, 

Y como la torcaz tu sueño arrulla, 

«Yo quedo sola y perseguida, ¡esposo! 
Mano extranjera llegará á mi seno, 
Que el talismán que guardo misterioso 
No es bastante á evitar todo veneno. 

«Tú, que conviertes en vapor los lagos 

Y deshaces en aguas las neblinas, 
Que crias al calor de tus halagos 
Mariposas con alas peregrinas; 

«Tú que en la concha de la mar transformas 



134 POETAS ARGENTINOS 



Gotas lloradas por la aurora en perlas, 
Que de vapores de la tarde formas 
Fantasmas que placer causan al verlas, 

«Cambíame en rayo de tu luz pintado, 
En mariposa que tu luz refleje, 
En árbol por la brisa acariciado, 
Ó en tórtola amorosa que se queje. 

«Así inocente viviré en el aire 

Lleno de tu esplendor, de aromas lleno, 

Para que torpe mano no desaire 

El santo talismán que traigo al seno.» 

El sol parece suspenso 
En el confín del espacio, 
Envuelto en nubes de incienso , 
Gomo al dintel de un palacio. 

Tiene una faja azulada 
Por diadema de la frente, 
De oro y zafir recamada 
Por los genios del poniente. 

Y de su disco de fuego 
Soltando en olas la llama, 
Se emboza, como por juego, 
Con las nubes que más ama; 

Y ellas se agolpan celosas 
Demandándole sonrisas, 
Para parecer vistosas 
En las alas de las brisas. 

En tanto, sobre la grama 
Yace Caicobé y suspira 



POETAS ARGENTINOS I 35 



Como la azorada gama 
Guando entre lazos se mira. . . . 

¡Ay! que se escuchan los pasos 
De los mancebos. . .Ya llega, 
Tendiendo membrudos brazos, 
Aquél que el amor más ciega; 

El de renegridos ojos, 
En forma de almendra hendidos, 
Que despiden rayos rojos, 
Gomo carbones prendidos; 

Aquél que pone en el ruego 
De la amorosa porfía, 
El calor que darda el fuego 
Del cielo de Andalucía; 

Y tiene para la guerra 
Un alazán africano 

Y una ancha espada que aterra 
Cuando amenaza en su mano. 

Mas los crespones morenos 
Con que la tarde se enluta, 
Guando va quedando en menos 
La luz y más diminuta, 

Cayeron precipitados 
Sobre el crepúsculo incierto, 

Y en lobreguez sepultados 
Quedaron cielo y desierto; 

Sin que una chispa siquiera 
De algún etéreo diamante 
En las alturas luciera 
Con inquietud rutilante. 



1^6 POETAS ARGENTINOS 



Tan negro está, que el mancebo 

Que corre sobre la arena 

Al apetitoso cebo 

De la guaraní morena, 

Detiene el paso, y se estrega 
Despavorido la vista, 
Creyendo que Dios le ciega 
Para que en pecar no insista. 

Y el santo temor del cielo, 
Que en los peligros renace, 
Poniendo traba á su anhelo, 
Postrar en tierra le hace. 

Un árbol, nunca visto en el desierto, 
Apareció al nacer de la mañana 
Allí donde entre sombras encubierto 
Fué el talismán de la inocente indiana. 

Este árbol asombroso, 
Nacido entre una noche y una aurora, 

Tal vez allí creado 
Por el Dios de la luz tierno y celoso, 

Es fama que atesora 
Las virtudes de un pecho recatado. 

Ábrese entero á respirar las brisas, 

Amoroso se embriaga 
Al nacer de la aurora con sus risas, 

Y los deseos en su llanto apaga. 

Pero así que la mano ' 
Toca en sus hojas, ó el aliento humano, 
Las hojas se enrojecen, 

Y púdicas se cierran y estremecen. 

Juan Liaría Gutiérrez. 



LOS TRÓPICOS 

Fragmentos de "^l^eregrino" 

Y en medio de las sombras 
Enmudece la voz del peregrino, 

Y el rumor de las ondas solamente 

Y el viento resbalando por el lino, 
Sobre el Fénix se oía, 

Que como el genio de la noche huía 
En las alas del viento tristemente, 
Alumbrando sus huellas 
Sobre el azul y blanco las estrellas. 

¡Qué bello es al que sabe sentir con la natura, 
Pasar al mediodía del circo tropical, 

Y comparar el cielo de la caliente zona 
Con el que tibia pinta la luz meridional ! 

¡ Los trópicos ! radiante palacio del crucero (1) 
Foco de luz que vierte torrentes por do quier! 
Entre vosotros toda la creación rebosa 
De gracia y opulencia, vigor y robustez. 

Guando miró imperfecta la creación tercera 

Y le arrojó el diluvio la mano de Dios, 
Naturaleza, llena de timidez y frío, 
Huyendo de los polos, al trópico subió. 

(1) Constelación del Sur. 



3 8 POETAS ARGENTINOS 



Y cuando dijo: basta, volviéndola sus ojos, 

Y decretando al mundo su nuevo porvenir, 
El aire de su boca los trópicos sintieron 

Y reflejarse el rayo de su mirada allí. 

Entonces como premio del hospedaje santo 
Naturaleza en ellos su trono levantó, 
Dorado con las luces de la primer mirada, 
Bañado con el ámbar del hálito de Dios. 



Y derramó las rosas, las cristalinas fuentes, 
Los bosques de azucenas, de mirtos y arrayan; 
Las aves que la arrullan en melodía eterna, 

Y por su linde rios más anchos que la mar. 

Las sierras y los montes en colosales formas, 
Se visten con las nubes, de la cintura al pié: 
Las tempestades ruedan y cuando al sol ocultan, 
Se mira de los montes la esmalterada sien. 

Su seno engalanado de primavera eterna, 
No habita ese bandido del Andes morador, 
Que de las duras placas de sempiterna nieve 
Se escapa entre las nubes á desafiar al sol. 

Habitan confundidos la tigre y el jilguero, 
Tócanos, guacamayos, el león y flPtorcaz, 

Y todos, cuando tiende su oscuridad la noche, 
Se duermen sobre el dátil, en lechos de azahar. 

La tierra, de sus poros vegetación exhala, 
Formando pabellones para burlar al sol, 
Ya que su luz desdeña, pues tiene del diamante, 
Del oro y el topacio magnífico esplendor. 



Naturaleza virgen, hermosa, radiante, 



POETAS ARGENTINOS I 39 



No emana sino vida y amor y brillantez; 
Donde cayó una gota del llanto de la aurora, 
Sin ver pintadas flores no muere el astro rey; 

Así como la niña de quince primaveras, 
De gracias rebosando, de virginal amor, 
No bien recibe el soplo de enamorado aliento 
Guando á su rostro brotan las rosas del rubor. 

¡ Los trópicos ! El aire, la brisa de la tarde, 
Resbala como tibio suspiro de mujer, 
Y en voluptuosos giros besándonos la frente, 
Se nos desmaya el alma con dulce languidez. 

Mas ¡ay! otra indecible, sublime maravilla 
Los trópicos encierran, magnífica: la luz. 
La luz ardiente, roja, cual sangre de quince años, 
En ondas se derrama por el espacio azul. 

¿ A dónde está el acento que describir pudiera 

El alba, el mediodía, la tarde tropical, 

Un rayo solamente del sol en el ocaso, 

O del millón de estrellas un astro nada más ? 

Allí la luz que baña los cielos y los montes 
Se toca, se resiste, se siente difundir: 
Es una catarata de fuego despeñada 
En olas perceptibles que bajan del cénit. 

El ojo se resiente de su punzante brillo, 
Que cual si reflectase de placas de metal, 
Traspasa como flecha de imperceptible punta 
La cristalina esfera de la pupila audaz. 

Semeja los destellos espléndidos, radiantes, 
Que en torbellino brota la frente de Jehová, 



40 POETAS ARGENTINOS 



Parado en las alturas del Ecuador, mirando 
Los ejes de la tierra por si á doblarse van. 

Y con la misma llama que abrasa vivifica 
La tierra que recibe los rayos de su sien, 
E hidrópica de vida, revienta por los poros, 
Vegetación manando para alfombrar su pié. 

Y cuando el horizonte le toma entre sus brazos, 
Partidas las montañas, fluctuando entre vapor, 
Las luces son entonces vivientes inflamados 
Que en grupos se amontonan á despedir al sol. 

Enrojecidas sierpes entre doradas mieses 
Caracoleando giran en derredor á él, 

Y azules mariposas en bosques de rosales 
Coronan esparcidas su rubicunda sien. 

Y más arriba, cisnes de nítido plumaje 
Nadando sobre lagos con lindes de coral, 
Saludan el postrero suspiro de la tarde 
Que vaga como pardo perfume del altar. 

Y muere silenciosa mirando las estrellas 
Que muestran indecisas escuálido color, 
Así como las hijas en torno de la madre 
Guando recibe su alma la mano de Dios. 

Si en peregrina vida por los etéreos llanos 
Las fantasías bellas de los poetas van, 
Son ellas las que brillan en rutilantes mares 
Allá en los horizontes del cielo tropical. 

Allí las afecciones se avivan en el alma; 
Allí se poetiza la voz del corazón; 
Ailí es poeta el hombre; allí los pensamientos 
Discurren solamente por la región de Dios. 



POETAS ARGENTINOS 141 



Un poco más. ... y el mustio color de las estrellas 
Al paso de la noche se aviva en el cénit, 
Hasta quedar el cielo bordado de diamantes 
Que por engaste llevan aureolas de rubí. 

Brillantes, despejadas, inspiradoras, bellas, 
Parecen las ideas del infinito ser, 
Que vagan en el éter en glóbulos de lumbre 
No bien que de su labio se escapan una vez. 

Y en medio de ellas rubia, cercana, trasparente, 
Con iris y aureolas magníficas de luz, 
La luna se presenta como la Virgen madre 
Que pasa bendiciendo los hijos de Jesús. 

José Mármol. 



EL CIGARRO 

En la cresta de una loma 
Se alza un ombú corpulento, 
Que alumbra el sol cuando asoma, 

Y bate, si sopla, el viento. 

Bajo sus ramas se esconde 
Un rancho de paja y barro, 
Mansión pacífica, donde 
Fuma un viejo su cigarro. 

En torno los nietos mira, 

Y con labios casi yertos, 

« ¡ Feliz, dice, quien respira 
El aire de los desiertos ! 

«Pueda, en fin, aunque en la fuente 
Aplaque mi sed sin jarro, 
Entre mi prole inocente 
Fumar en paz mi cigarro. 

«Que os mire crecer contentos 
El ombú de vuestro abuelo, 
Tan libres como los vientos 

Y sin más Dios que el del cielo. 

«Tocar vuestra mano tema 
Del rico el dorado carro: 



144 POETAS ARGENTINOS 

Á quien le toca, hijos, quema, 
Gomo el fuego del cigarro. 

«No siempre movió en mi frente 
El pampero fria cana; 
El mirar mió fué ardiente, 
Mi tez rugosa, lozana. 

«La fama en tierras ajenas 
Me aclamó noble y bizarro; 
Pero ya, ¿ qué soy ? Apenas 
La ceniza de un cigarro. 

«Por la patria fui soldado, 
Y seguí nuestras banderas 
Hasta el campo ensangrentado 
De las altas Cordilleras. 

«Aun mi huella está grabada 
En la tumba de Pizarro. 
Pero, ¿ qué es la gloria ? nada; 
Es el humo de un cigarro. 

«¿ Qué me dejan de sus huellas 
La grandeza y los honores ? 
Por la paz, hondas querellas; 
Los abrojos por las flores. 

«La patria, al que ha perecido 
Desprecia como un guijarro. . . . 
Como yo arrojo y olvido 
El pucho de mi cigarro. 

«Las horas vivid sencillas, 
Sin correr tras la tormenta; 
No dobléis vuestras rodillas 
Sino al Dios que nos alienta. 



POETAS ARGENTINOS 1 45 



«No habita la paz más casa 
Que el rancho de paja y barro; 
Gozadla, que todo pasa, 
Y el hombre como un cigarro.» 



Florencio Balearce. 



EL SALMO DE LA VIDA 

LO QUE EL CORAZÓN DEL JOVEN DICE AL SALMISTA 

¡Oh! no me digas que la «vida es sueño», 
Triste salmista, en tu canta? amargo, 
Porque el alma no vive en el letargo, 
Que es de la muerte pálido diseño. 

La vida es real y su destino es serio, 

Y no es su fin en el sepulcro hundirse: 
Que «ser polvo y en polvo convertirse» 
No es del alma el divino ministerio. 

Ni es del hombre la senda ó el destino, 
El reposo, el dolor, ni la alegría) 
Sino la acción, para que cada dia 
Avance una jornada en su camino. 

Que la ciencia es muy larga, el tiempo estrecho, 

Y el corazón más varonil y fuerte 
Bate el fúnebre paso de la muerte, 
Cual velado tambor dentro del pecho. 

En el vivac del mundo, alza tu escudo! 
En el campo de acción, arma tu diestra! 
Sé un héroe de la vida en la palestra, 

Y no el rebaño que se arrea mudo! 



I48 POETAS ARGENTINOS 



Del porvenir los pasos son inciertos; 
Vive y obra sin tregua en el presente; 
Tu corazón en tí, Dios en tu mente! 
Deja al pasado sepultar sus muertos! 

Los héroes que en tu mente divinizas, 
Te muestran que la vida es noble y bella, 

Y ellos te enseñan á estampar la huella 
Del tiempo en las arenas movedizas. 

Tal vez algún hermano fatigado, 
Náufrago de los mares de la vida, 
Recobre aliento en su alma dolorida 
Al encontrar tu paso señalado. 

¡De pié, en acción, con varonilpujanza, 

Y el corazón dispuesto á todo evento, 
Sigamos de la vida el movimiento, 
Guiados por el trabajo y la esperanza! 

Longfelow. Traducción de Bartolomé Mitre. 



EL POETA Y EL SOLDADO 



POETA 

Soy el. alma divina 
Que alienta el corazón de las naciones; 
El astro que sus glorias ilumina! 
, Soy la canción primera 
Que hace flamear al viento su bandera 

Y levanta á su sombra sus legiones! 

Soy la eterna esperanza 
Que en la frente del hombre reverbera 

Y á cuya luz la humanidad alcanza, 
Desde su cárcel de fatiga y duelo, 

A vislumbrar el rastro 
Que deja de astro en astro 
El Creador de los orbes en el cielo! 

Soy el arrullo de la fe sublime 
Que en el idioma de los cielos canta 
Al alma de tos mártires, que gime 
En la encendida hoguera, 

Y al corazón del Cristo, que redime 
Desde su cruz la humanidad entera 

Y á su origen divino la levanta! 

Soy el rayo celeste que colora 
La bóveda estrellada de la tierra; 



I 50 POETAS ARGENTINOS 



Soy el rubor de la inmortal aurora 
Que abrillanta y que dora 
Cuanto en la vida la ilusión encierra! 

Yo canto al mundo las eternas leyes 
Que la sublime libertad inspira, 
Y al arrancar la estrofa de mi lira 
Hago temblar el trono de los reyes! 

Al son del arpa mia 
La desolada humanidad despeja 

Su doloroso ceño: 
Yo acompaño en mis cánticos su queja, 

Yo arrullo su agonía, 
Yo la cierro los ojos y la enseño, 

Del sepulcro á la puerta, 

Que la muerte es un sueño 
Que en la inmortal eternidad despierta! 

Yo soy el arpa que en el triste suelo 
Templa de Dios la mente soberana,, 
Para que cante á la creación humana. 
¡Mortal, álzate al cielo! 

SOLDADO 

Yo soy la sangre universal que late 
De la patria en las venas; 

Mi pecho es su muralla de combate! 
Yo desnudo la espada 
Por su gloria sagrada 

Y rompo de su planta las cadenas! 

Yo soy su vengador. Yo soy el brazo ' 
Que aplasta la conquista en su sendero. 
' Y estrella el cráneo del león ibero 
En la nevada sien del Ghimborazo! 



POETAS ARGENTINOS I 5 



Yo soy la carne de cañón que alfombra, 

Sangrienta y palpitante, 

Rota y hecha girones, 

El camino triunfante 
Que conduce á la gloria sus legiones! 

Yo soy la abnegación desconocida 

Y la pena ignorada; 
Soy la sangre vertida 

Con todo el sacrificio de la vida, 
Y sin otra ambición en su carrera 
Que un girón de bandera 
Que sepulte mis miembros en la nada! 

El amor, el cariño, 
Del dulce hogar el apacible encanto, 
Las caricias angélicas del niño 

Y de la madre el llanto; 
Todo lo que encadena 
A la tierra y al cielo, 

Lo arrojo á la orfandad, lo hundo en el duelo, 

Y con frente serena 

Marcho al sublime horror de la batalla! . . . 
Guando el lamento de la patria suena, 
Hasta el lamento de la madre calla! 

Yo soy el centinela de su gloria, 
Yo marco con mi espada su destino, 

Yo mismo hago su historia 
Regando con mi sangre su camino! 

Para que el eco de su nombre vibre 
Y cruce su estandarte el mundo entero, 

La hago inmortal, y muero 

Gomo un soldado libre! 



152 POETAS ARGENTINOS 



¿Cuál es la brecha en que tu lira amante 
Batalla por la fe que tanto anhela? 

POETA 

El destierro del Dante, 

La tumba de Várela, 
El tajo de la infame guillotina 
Que hace rodar la frente iluminada, 

Y los dos brazos de la Cruz divina 
En la cumbre del Gólgota clavada! 

Esa es la brecha que el deber me fija; 
La paz universal es mi bandera; 
A su gigante sombra se cobija 
La humanidad entera! 

Mis armas no son armas de la muerte: 
Son la fraternidad y la esperanza; 
El grito del cañón no es el más fuerte: 
Donde él no llega, la razón alcanza! 

Allá en el porvenir reluce un dia 
Sin hierros, sin banderas, sin cañones: 
Esa es la patria tuya! esa es Ja mia! 
¡La patria universal de las naciones! 

SOLDADO 

La cuna del futuro es el presente 

Y la paz es el fruto de la guerra! 
Bajo ese sol ¿no brillará mi frente?. . . 
No! yo he caído en la primer jornada, 
Al pié de mi bandera idolatrada 

Y abrazando mi tierra! 



POETAS ARGENTINOS I 53 



POETA 

Sí : ha de brillar en la lejana historia 

De la pasada gloria, 
En la epopeya de supremo duelo 

Que el poeta divino 
Cantará á las batallas del camino 
Que salva el hombre de la tierra al cielo! 

SOLDADO 

— Esa es la gloria mía? 

POETA 

— Esa es tu palma! 

SOLDADO 

¡Hasta ese sol, adiós! Tú eres mi hermano! 

POETA 

Adiós? Jamas! Marchemos de la mano; 

Tú eres el corazón, yo soy el alma! 



Ricardo Gutiérrez. 



LA LUZ Y LA SOMBRA 



Era la tarde y la hora 
En que el sol la cresta dora 
De los Andes. 



E. Echeverría. 



Rojo el sol, en el ocaso 
Sus resplandores hundía, 
' Y la sombra, que venía 
Siguiendo á la luz el paso, 

— Para, luz, y ven conmigo, 
Exclamó; ven un momento, 
Que há mucho el deseo siento 
De conferenciar contigo. 

— ¿ Sí ? Pues que cese tu afán, 
Dijo la luz á la sombra; 

Y sea la verde alfombra 
Nuestro mullido diván. 

Sombra y luz se reclinaron 
Sobre una verde colina, 

Y hete aquí la vespertina 
Conversación que entablaron: 

— Mira, sombra, empieza ya, 

Y trata de ser concisa, 



1^6 POETAS ARGENTINOS 



Pensando en que estoy de prisa, 
Pues mi padre, el sol, se va. 

— Há mucho noto el desden 
Con que la espalda me das. 

— ¿Y por qué vienes detras ? 

— Veo, que contestas bien. 

Pero hazme la confesión 
De que tu faz refulgente 
Algo tiene de insolente.... 

— ¡ Aprehensión, sombra, aprehensión ! 

Haces muy mal en tomar 
Mi esplendor por insolencia, 
Que es la ley de mi existencia 
Brillar y siempre brillar. 

Y mira, sombra, lo siento, 
Hasta por la paz de tu alma, 
Que te arrebate la calma 
Envidioso sentimiento. 

— ¡ Envidiarte yo ! ... ¿Y por qué ¥ 

— ¿ Y lo preguntas, cuitada % 

— Tú no eres mejor en nada. 

— Que eres ciega bien se ve. 

Yo soy la primer mirada 
Que el sol á la tierra envía, 

Y vengo trayendo el dia 
Entre una nube rosada. 

Del mar en el horizonte 
Apenas voy ascendiendo, 

Y ya me están sonriendo 

El agua, el llano y el monte. 



POETAS ARGENTINOS I $7 



Yo tino de azul el cielo, 
Yo arrebolo los espacios, 
Yo recamo de topacios 
De la blanca nube el velo. 

De la mar en las espumas 
Yo brillo á la madrugada, 
Gomo una pluma rosada 
Entre blanquísimas plumas. 

Yo me sé descomponer 
En mil variados colores, 
Que dan su tinte á las flores 
Y su brillo al rosicler. 

Soy hermana del calor, 
Que fecunda la natura, 
É hija del sol, que madura 
La espiga del labrador. 

Soy la antorcha sideral 
Que la creación ilumina; 
Soy la sonrisa pristina 
Del mismo Dios inmortal. 

— Con atención escuchó 
Tu apología orgullosa. 
Ahora escucha, luz hermosa : 
También quién soy te diré. 

Yo soy la viuda del dia, 
Que, envuelta en mi negro velo. 
Voy derramando en el suelo 
Mi dulce melancolía. 

Me dan por nombre la noche, 



I$8 POETAS ARGENTINOS 



Y á mi misterioso encanto, 
Abren las flores su broche 
Para perfumar mi manto. 

Siempre la verde pradera 
Con amor me está llamando, 

Y las brisas van jugando 
Con mi negra cabellera. 

Y no de las flores bellas 
El solo tributo tengo : 
Fíjate, y verás que vengo 
Con mi diadema de estrellas. 

A mis pies traigo la luna, 
Compañera del que vela, 

Y que en la plata riela 
De la plácida laguna. 

Del rayo del sol de estío 
Neutralizo los rigores, 
Regando á frutos y flores 
Con suavísimo rocío. 

El amor siempre halló en mí 
Amiga discreta y fiel, 

Y de sus horas de miel 
Muda confidente fui. 

Siempre mi tupido manto 
Ha velado generoso 
Del jornalero el reposo, 
Del que es infeliz el llanto. 

Traigo á todo corazón 
Religioso sentimiento, 



POETAS ARGENTINOS 1 59 



Pues que yo á mi paso siento 
El rumor de la oración. 

Aquí la sombra calló, 

Y su voz aun resonaba 
Guando la luz, que lloraba, 
En sus brazos se arrojó. 

Depuestos los negros celos, 
Luz y sombra se estrecharon, 

Y de hinojos adoraron 
Al monarca de los cielos ; 

Jurándose ante ese Dios, 
Que, á la hora vespertina, 
Siempre al pié de esa colina 
Se abrazarían las dos. 



Estanislao del Campo. 



¡ADELANTE! 

|Ea, muchachos! es la aurora! arriba! 
Tomad el hacha y el martillo, y vamos; 
Si, como ayer, tenaces trabajamos, 
El monte derribado caerá. 
Alcemos con sus troncos nuestras casas, 
Asilo de la enérgica pobreza; 
Donde creció el jaral y la maleza, 
La viña lujuriante medrará. 

Que el muelle cortesano la fortuna 
Busque adulando á su señor adusto, 
El torpe corazón siempre con susto 
De perder de su afán el fruto vil. 
Mientras él siembra el odio y la cizaña, 
Nuestras robustas manos siembren trigo; 
Mientras ve en cada hombre un enemigo, 
Amémonos con pecho varonil. 

El vínculo sagrado que nos une, 
Se apretará con la honradez probada. 
¡Sus, al combate, á la conquista ansiada 
Del trabajo fecundo en la lejion! 
Victoria al más intrépido! Bizarro, 
Sus pensamientos en la patria fijos, 
Ese llegue á tener hermosos hijos, 
Hombres libres de limpio corazón! 



"|Ó2 POETAS ARGENTINOS 



La gran naturaleza nos invita 

A su festin suntuoso; seamos parcos, 

Y al repasar por sus triunfales arcos, 
La libertad nos guie con su luz. 
Bajo su influjo bienhechor, la dicha, 
La paz y la abundancia nos esperan; 

A los valientes que en la lucha, mueran, 
Un recuerdo, una palma y una cruz! 

No desmayéis, conscriptos del progreso; 
Rasgue el arado el seno de la tierra; 
Guerra á la incuria, á la ignorancia guerra, 
Amor á Dios, respeto por la ley. 
Diques al mar pongamos, freno al vicio; 
Allanemos la rispida montaña, 

Y sea nuestro orgullo y noble hazaña 
En cada ciudadano ver un rey. 

Así avancemos como haz; la ruta 
Nos la haga más liviana el noble canto 
Del poeta; las artes con su encanto 
A nuestro rudo afán den galardón. 
Busquemos la gran patria en que los hombres 
Se reconozcan prósperos y hermanos, 
Invitando á los pueblos soberanos 
A seguir de los libres el pendón. 

Y dulce será ver en nuestros lares, 
De la jornada al fin, todos reunidos, 
A los seres amables y queridos 

Que ennobleció el trabajo y la virtud; 
Recordando los triunfos del pasado 
En las largas veladas del invierno, 
Ó elevando sus preces al Eterno, 
Que nos da la esperanza y la salud ! 

Carlos Guido y Spano. 



CANTO AL ARTE 

I 

Sentimiento y razón! Dualismo augusto, 
Gloria y dolor del hombre, 
Si sois verdad, ¿por qué luchar crueles 
Mientras la humanidad vaga perdida, 
Náufraga en los océanos de la vida? 

¿ No hay más allá en el mundo 

Tras la prisión que la mirada abarca ? 

Y el vuelo del espíritu, ¿ detiene 
El horizonte que la ciencia marca ? 

Lo bello, ¿no es verdad ? Acaso el arte 
Que creó el sentimiento del poeta, 
| Es un ensueño de la mente inquieta ? 

La idea que ardorosa 
Labra el cerebro y hasta el cielo llega 
¿Seiá quizá engañosa 
Transformación de la materia ciega? 

Virtud, justicia, ¿sois también mentira, 
Atributo del átomo que gira, 

Y el Dios, del alma anhelo, 
Vana ilusión del miserable suelo? 



164 POETAS ARGENTINOS 

Sentimiento y razón! Fatal misterio 
De la humana existencia ! 
¿Quién llevará del vencedor la palma 
En la lucha del alma contra el alma? 



II 



¿ Qué es el arte ? Un destello de Dios vivo 
Que Jiasta el alma del hombre se desprende. 
Allí sus formas el artista encuentra, 
Allí el poeta su palabra enciende; 

Y el músico, al buscar sus armonías, 
Las armonías del Creador sorprende. 

^nte el problema del ideal divino, 
La ciencia calla, y la razón, postrada, 
Se siente por el vértigo atraída 
Hacia el abismo de su propia nada. 
Allí principia el arte ! Allí se eleva, 
Por la fe revestido 
De indecible poder, de virtud nueva; 

Y siguiendo el impulso 

Que el sentimiento creador le imprime, 
Se lanza á la región de lo sublime! 
Es rápido cometa que en su vuelo 
Atraviesa las órbitas del cielo, 

Y que eterno girando 

En torno al ideal, el infinito 

De esferas en esferas va buscando! 

Gomo dos cuerdas vibran y responden 
Cuando están al unísono ajustadas, 
El artista se templa 
En las notas sagradas, 

Y es la obra del genio que se admira, 
Reflejo de lo eterno que le inspira. 



POETAS ARGENTINOS 1 6$ 

Así bajo el ardiente colorido, 

El lienzo mudo vive y se sublima, 

Y de suaves formas revestido, 
Al duro mármol la pasión anima; 
Así el poeta revelarse siente 

El mundo de la luz allá en su mente, 

Y los vagos acordes 

Que al imperio del ritmo se conciertan, 
Sed de infinito al corazón despiertan! 



III 



Sentimientos purísimos que al alma 

Sois corona de gloria! 

Verdad, justicia! aspiración perpetua 

Que no cabe en la forma transitoria! 

¿Qué de voso 'ros fuera 

Sin el arte que al hombre diviniza ? 

¿ Qué deciros supiera 

Esa razón que todo lo analiza ? . . . . 

La ciencia intenta conocer el cielo 

Y la unidad descubre de las fuerzas; 
Pero mira» allí mismo el sentimiento 

Y ve los mundos que en su marcha eterna 
Una suprema voluntad gobierna. 

La razón quiso penetrar al hombre, 

Y sólo halló un cerebro; 

Pero el arle ha encontrado la conciencia, 

Y ha visto á Dios, allí, donde no alcanza 
El severo rigor de la balanza ! 

No ! no es una ilusión, no es un delirio 

El ideal supremo 

Que á la más noble aspiración responde ! 

No puede ser mentira 

La visión inmortal que el alma esconde ! 



[66 POETAS ARGENTINOS 



La fiera en su guarida 

Es feliz y perfecta, 

Por la gruta ó el bosque protegida; 

El águila que sube 

A las regiones de la parda nube, 

Los hierros no sospecha 

De la atracción que su dominio estrecha; 

El bruto muere sin pavor; en su alma 

Elemental no existe 

De la severa ley la imagen triste. 

¿Por qué al hombre no llega 

Esa armonía que al insecto alcanza ? 

¿ Por qué esperar, si es vana la esperanza ? 

¿ Por qué el ideal, si la razón lo niega? 

No! no es una ilusión; no es un delirio 

La santidad del bien! Luz escondida 

De la conciencia humana en el misterio! 

Hay algo más que el átomo y la fuerza, 

Hay algo más que moles poderosas 

Sometidas del número al imperio! 

Del fondo de mi pecho un eco ardiente 
Al labio llega que mi voz inflama: 
Lo bello, lo sublime, no es materia! 
No es materia el ser que lo proclama! 

El canto poderoso de Bethoven, 
El pincel de Rafael, de Dante el verso, 
Todo eso es inmortal, todo es divino, 
Como es luz transformada el Universo ! 

¿ Qué sabe de esto la razón ? Qué sabe 
La ciencia atea que borrar pretende 
Toda virtud y gloria de la tierra ? 
Lo que sobre el secreto de la vida 
Sabe el cadáver que la tumba encierra ! 



POETAS ARGENTIN09 1 67 



IV 



Hay fuerzas que atraviesan 

De infinito á infinito 

Los espacios profundos; 

Son cadenas de luz en que reposa 

La unidad de los mundos. 

El ávido saber las interroga, 

Y el planeta descubre 

Que á la paciente observación se encubre; 

Y en el pálido rayo 
De la remota estrella, 

Sabe leer su presente, y de su historia 
Tal vez un dia encontrará la huella 

El sentimiento tiene 

También sus armonías. Sus acordes 

Vagan del infinito á lo creado; 

No hay voz que los exprese; pero se oyen 

Con acento no hablado. 

El genio los admira 

Y á ellos ajusta la inspirada lira; 
El átomo pensante se armoniza, 

Y raro encanto su existir hechiza. 
Es del arpa de Dios sagrada nota, 

Que en el misterio de los mundos brota! 

Eso es lo que sentimos 
Guando en las horas de silencio y calma, 
Vago ideal que en la razón no cabe, 
Que se presiente, pero no se sabe, 
Con secreto anhelar aspira el alma. 

Gravitación sublime, á cuyo influjo 
Los mundos del espíritu se rigen; 



1 68 POETAS ARGENTINOS 



Cadena de armonía, que vincula 
El ser creado á su celeste origen. 



Guando en la edad primera, 

El hombre de las selvas 

Su vida con el bruto confundía 

Y el dominio del suelo dividía, 
De su cerebro apenas 

El rayo de la idea 

Vagaba oscuro al labio balbuciente; 

Y preso en las cadenas 
De la materia ruda, 

Al suelo hundía la nublada frente. 

Y los tiempos pasaron 
En su eternal camino, 

Y las formas cambiaron 

Bajo el imperio dei cincel divino. 

Hasta que al fin la llama creadora 

Que al planeta circunda, 

Iluminó la noche de su mente, 

Como la luz de la primera aurora; 

Alzó su faz al cielo, 

Que un reflejo inmortal transfiguraba, 

Y á la bóveda inmensa 
Demandó su misterio, 

La frente altiva, la mirada intensa; 

Y con grito sin nombre, 

Hay un Dios ! exclamó; y aquella hora 
La hora sagrada fué del primer hombre. 

Así la humanidad se alzó del polvo, 
Para vencer los tiempos 



POETAS ARGENTINOS 1 69 



En inmortal carrera. 
Su primer sacerdote fué un poeta; 
Un canto al infinito fué la forma 
Que revistió la religión primera. 

Desde entonces, por siempre, 
Gomo valla insalvable 
Entre el hombre y el bruto colocada, 
Está la imagen del Creador alzada; 
Imagen pura, limpia, transparente, 
Que íá razón no ve, que el alma siente. 
Ella es el manantial de lo sublime 
Que el corazón en sus raudales baña; 
Ella fecunda el pecho de los héroes, 
Ella es la fe que al mártir acompaña! 

El frió excepticismo 
Alza su estéril mano, 

Y borrar lo imborrable intenta en vano; 
Antes la luz que los espacios llena, 

Su propia faz velara, 

Y el caos, el universo sepultara! 

No volverán los días 

De aquel ser de las selvas primitivo, 

Para cuyo existir fuera bastante 

La tierra fecundante. 

El hombre ya no vive de materia: 

Vive de la verdad! Su alma, tocada 

Por el fuego divino, 

Presa no puede ser de muerte incierta: 

Tiene ante sí la inmensidad abierta! 

Allí, su aspiración y su destino! 



Artistas, sacerdotes de lo bello ! 



170 POETAS ARGENTINOS 



Vuestra misión sobre la tierra es santa: 
Dios es del arte lá sublime idea: 
Que su revelación el arte sea ! 

Suprema luz increada, 

Artista de los mundos, yo te invoco ! 

Hacia la humanidad tu mano extiende, 

Y un rayo de tu llama 

En los altares de mi patria enciende! 



Carlos Encina. 



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EL ARPA PERDIDA 

Fantasía 
I 

La ráfaga lasciva 
Jugaba con las velas de la nave 
De altivo porte y de cortante prora 

Que en la tarde serena 
Dejó la playa, que con dulces lazos 

La retuvo cautiva, 

Y que le tiende los amantes brazos, 
Que rechaza la amante fugitiva. 

Era la hora 
En que la mar, la mar gigante siente 
Misterioso rumor, honda congoja, 

Y tiembla, como el pájaro en el bosque 

Y en el árbol la hoja, 

Porque bajan las sombras de Occidente, 

Con cauteloso paso, 
A espiar al sol, que se envolvió en sus ondas 

Y duerme en su regazo. 

De pié sobre la popa 
De la nave gentil, que lenta avanza, 

Y que á la luz crepuscular parece 
Una ave que se pierde en lontananza 



72 POETAS ARGENTINOS 



En busca de su nido, 

Va el bardo peregrino, 

Inquieto como ella, 
De las ondas antiguo conocido, 
A quien habla la brisa vagabunda 

Y sonríe en los cielos una estrella; 

Aquella estrella amiga 
Que tantas veces en la patria amada 
Besó su frente y enjugó sus ojos 
Con el dulce calor de su mirada ; 

Aquella estrella triste 

Que á la orilla del Plata 
Bajó una noche, y le confió al oído 
El dulce nombre de otra estrella ingrata ! 

Ni una sílaba brota 
Del labio mudo del cantor errante; 
• Ni palpita una nota 

En la lira que otrora, 

Con acento vibrante, 
Alzó á la libertad himno de gloria, 

Y saludó aquel astro soberano 

Que, rasgando montañas de tinieblas, 
Asomaba en el cielo americano. 

Algo como el murmullo 
Del enjambre interior del pensamiento, 
Misterioso aleteo de quimeras 

Que con doliente arrullo 
Se alejan en las ráfagas del viento, 

Celestes bayaderas 

Que en bulliciosa tropa 

Lo llaman desde lejos, 
Percibe el trovador, que yace mudo 
Del inquieto bajel sobre la popa. 



POETAS ARGENTINOS 1 73 

Al fin, el labio trémulo 
Les dice ¡adiós! con efusión extraña! 

A las ondas que pasan 

En raudo torbellino, 

A la negra montaña 
Que alarga la cabeza de granito, 
Gomo guardián huraño del destino, 
De vela en el umbral del infinito, 
Les dice ¡adiós! el bardo peregrino ! 

Adiós al mar, la fiera encadenada 
Que revuelve en la sombra la pupila, 
Olfateando la tierra descuidada, 

Que eternamente afila 

El peñasco sombrío, 

Hambrienta y negra garra 
Con que amenaza al cielo en sus enojos, 

Y cuanto pasa alrededor desgarra ! 

¡Adiós! que allá distante, 
Gomo cinta fantástica ceñida 
Del horizonte azul á la cintura, 
Va surgiendo á sus ojos, palpitante, 
De la patria la tierra bendecida, 

La tierra de ventura 
Que bajo el cielo tropical soñaba, 

Y cuyo santo nombre repetía 

En otra tierra bella, pero esclava ! 



II 



El Plata se adelanta 
Con impaciente y turbulento paso, 
A recibir la nave, que desplega 
En el alto mástil la enseña santa; 
La enseña que paseó por sus llanuras 



174 POETAS ARGENTINOS 

El viejo Brown, en raudo torbellino; 
La enseña, de los déspotas odiada, 
Que parece, flameando en las alturas, 
Blanca nube que cuelga de los cielos, 
Con un girón del firmamento atada ! 

Caricias de león! amor defiera! 

La débil nave cruje entre sus brazos, 

Y más la estrecha el rio enamorado 

Con lujuria salvaje ! 
Parece que quisiera 
Arrastrarla á sus antros tenebrosos, 
Ahogarla en sus espumas, 

Y jugar con sus tablas, como juega 
De la gaviota con las blancas plumas! 

¿Quién ruge por allá, que tiembla el Plata? 

¿Quién baja de la altura, 
Espoleando las nubes, que parecen 
Negros potros que cruzan la llanura ¥ 
¿Quién hace ahullar las olas 
Como hambrientos lebreles, 

Y azota con su látigo de fuego 
Las rocas y los frágiles bajeles? 

El huracán, que llega 
A disputar su presa al Plata inquieto ; 
El huracán , pirata del abismo, 
Que con la voz del trueno, 
Lanza á los cielos insultante grito, 

Y celoso de Dios, que lo perdona, 

Pretende en su locura, 
Ahogar con mano impura 
La centelleante luz de su corona! 

¡Ay de la débil nave! 



POETAS ARGENTINOS 1 75 



¡ Ay del bardo gentil del arpa de oro ! 
La nave va saltando de ola en ola, 

Gomo corcel herido 
Que lleva en los hijares la cornada 

Del iracundo toro! 

Y el bardo taciturno 
Sonríe con desden á la tormenta, 
Fija siempre en las sombras su mirada. 

Es que también él siente 
Otro huracán rugiendo en su cabeza, 

Y lleva, aunque sereno, 
Como la nave herida por el rayo, 
Otra herida mortal dentro del seno, 

Que sangra eternamente: 

La herida de la duda, 
Por donde el alma arroja á borbotones 
Los sueños generosos que encendieron 
Las chispas de las dulces ilusiones! 

¡ Ay de la débil nave ! 
¡ Ay del bardo gentil del arpa de oro, 
Que la brisa del trópico suave, 
Despidió con tristísimo lamento ! 

El huracán sañudo 
Va tronchando sus mástiles soberbios, 

Como podridas cañas ! 
Asesino feroz, que en su clemencia, 
Le revuelve el puñal en las entrañas ! 

Como la inerme res que el duro lazo 

Conduce al matadero, 

La res desgarre tada, 

Que aun lucha de rodillas 

Con su enemigo fiero, 
Aquella pobre nave destrozada, 



I76 POETAS ARGENTINOS 

Gladiador espirante, 
Va arrojando á la faz de su verdugo 
Girones de su seno palpitante! 

I I I 

Horrenda sacudida ! 
La nave se detiene amedrentrada, 

Y temblando de espanto como un niño, 
Quiere emprender la huida; 

Pero una mano férrea la sujeta : 

La zarpa del abismo, 
Que juega con las naves, como juega 

Con el carro lijero 
El brazo formidable del atleta ! 

Ahí está prisionera 
Del escollo traidor que la acechaba ! 

Y en vano en el terror de la impotencia. 
Quiere romper la bárbara cadena 

Que la retiene esclava ! 
En vano se retuerce y forcejea: 
El escollo la estrecha entre sus brazos, 

Y el huracán feroz la abofetea ! 

No hay esperanza ya! La pobre nave, 
Gomo un cadáver mutilado flota, 

Amarrado al abismo, 

Con invisibles lazos ! 
Las nubes son las aves de rapiña, 

Que bajan turbulentas 
A devorar su carne á picotazos ! 



POETAS ARGENTINOS I 77 



IV 



En medio del estrago, 

Taciturno y sombrío 
Yace el bardo gentil del arpa de oro. 
El bardo que cantó del patrio rio 

La cólera y la calma, 

Y que al fin va á confiarle 
Los últimos delirios de su alma ! 

Desciende de la nave 
4 Con paso firme y ánimo sereno. 
A dónde va? Quién sabe! 
En el roto mástil posa la planta, 

Y con la fe del bueno 

Y el arpa de oro al lado, 
Se lanza á la ventura, 

A las ondas del piélago irritado ! 



Los náufragos oyeron 
Largo rato en la sombra que crecía, 
Sobre la voz del huracán y el trueno, 
Murmullos de celeste melodía, 
Notas truncas de música divina, 
Gomo si alguien cantara en lontananza 
El himno de las santas alegrías, 
El poema inmortal de la esperanza 



VI 



Desde entonce el viajero 
Oye en la noche plácida y serena, 
O entre el rumor de la tormenta brava, 



178 POETAS ARGENTINOS 



Gomo el eco de dulce cantilena, 

Que de lejos lo llama! 

Es el arpa perdida, 
El arpa del poeta peregrino, 
Casi olvidado de la patria ingrata, 
Que duerme entre los juncos de la orilla 
Del turbulento y caudaloso Plata ! 



Olegario N. Andrade. 



LA CASITA BLANCA 

¿Te acuerdas, hermosa amiga, 
De aquella casita blanca, 
Casi oculta entre las flores, 
Los árboles y las zarzas; 
Del nido aquel do crecías 
Tan tierna, sencilla y casta, 
Como en sus nidos de yerbas 
Las palomitas torcazas; 
Donde el maternal cariño 
Daba alimento á tu alma 
Con la miel de sus consejos, 
De su^virtud con la savia? 
¿Ya no recuerdas el templo 
De tus impresiones castas, 
Donde tus labios dijeron 
A Dios la primer plegaria? 
Allí tus puros suspiros 
Hasta el Señor se elevaban, 
Como el incienso bendito, 
Desde el altar de tu alma. 
Allí nunca el negro cuervo 
Del dolor posó sus garras : 
Sólo el ave de la dicha 
Batía sus blancas alas. 
¿No te acuerdas ya del sitio 
Donde contenta pagabas 
La bendición de tus padres 



1 80 POETAS ARGENTINOS 



Con un ósculo en las canas? 
¿Ni de la sombra del árbol, 
Debajo de cuyas ramas 
Iba, en las tardes de eslío, 
A besar tu frente el aura? 
¿Ni del placer con que oías 
Los cantos que en tu ventana 
Entonaban los jilgueros 
A la suave luz del alba? 
Oh! sí, porque esas delicias, 
Esos ecos de la infancia, 
Son estrofas de un poema 
Que ha escrito Dios en el alma! 
Son sus bellas armonías 
Tan dulces, tan delicadas, 
Que el que una vez las percibe 
No puede nunca olvidarlas. 
¿Y cómo olvidar, Anita, 
Que ellas tu existencia encantan, 
Si eres tan pura y sencilla 
Cual las palomas torcazas 
Que hacían nidos de yerbas 
Allá en tu casita blanca? 

Gervasio Méndez. 



POETAS CHILENOS 



CANCIÓN NACIONAL DE CHILE 



CORO 

■Dulce patria, recibe los votos 
Con que Chile en tus aras juró 
Que la tumba será de los libres 
O el asilo contra el opresor. 



I 



Ha cesado la lucha sangrienta ; 
Ya es hermano el que ayer invasor; 
De tres siglos lavamos la afrenta, 
Combatiendo en el campo de honor. 

El que ayer doblegábase esclavo, 
Libre al fin y triunfante se ve; 
Libertad es la herencia del bravo, 
La victoria se humilla á su pié. 



II 



Alza, Chile, sin mancha la frente; 
Conquistaste tu nombre en la lid; 
Siempre noble, constante y valiente 
Te encontraron los hijos del Cid. 

Que tus libres tranquilos coronen 
A las artes, la industria y la paz, 



184 POETAS CHILENOS 



Y de triunfo cantares entonen 
Que amedrenten al déspota audaz. 

III 

Vuestros nombres, valientes soldados, 
Que habéis sido de Chile el sosten, 
Nuestros pechos ios llevan grabados. . 
Los sabrán nuestros hijos también. 

Sean ellos el grito de muerte 
Que lancemos marchando á lidiar, 

Y sonando en la boca del fuerte, 
Hagan siempre al tirano temblar. 

IV 

Si pretende el cañón extranjero 
Nuestros pueblos osado invadir, 
Desnudemos al punto el acero, 

Y sepamos vencer ó morir. 

Con su sangre el altivo araucano 
Nos legó por herencia el valor; 

Y no tiembla la espada en la mano 
Defendiendo de Chile el honor. 



V 



Puro, Chile, es tu cielo azulado, 
Puras brisas te cruzan también, 
Y tu campo, de flores bordado, 
Es la copia feliz del Edén. 

Magestuosa es la blanca montaña 
Que te dio por baluarte el Señor, 



POETAS CHILENOS l8$ 



Y ese mar que tranquilo te baña, 
Te promete futuro esplendor. 

VI 

Esas galas, ¡oh patria! esas flores 
Que tapizan tu suelo feraz, 
No las pisen jamas invasores; 
Con su sombra las cubra la paz. 

Nuestros pechos serán tu baluarte, 
Con tu nombre sabremos vencer, 
O tu noble, glorioso estandarte 
Nos verás, defendiendo, caer. 



Eusebio Lillo. 



HIMNO DE GUERRA DE LA AMERICA 



¡ América, á las armas ! 

De nuevo á tus confines trae Europa 

Oprobio y servidumbre. 

¡ América, á las armas ! 

Levanta tu pendón republicano, 

Y un solo grito: — libertad y guerra ! 
Atraviese el Océano 

Y estremezca la tierra 

Desde el Estrecho al Golfo Mejicano. 



II 



A la América libre, 

Señora de los Andes, 

Reina del Amazonas, 

Los déspotas intentan 

Traer farsantes y ceñir coronas ! 

¿Acaso todavía 

No conservan el rastro esas montañas 

De los héroes y hazañas 

Que voltearon la hispana monarquía ? 

¿ No fué en esas laderas ? 

¿No fué en aquel abismo ? 

¿ No fué en esa llanura do triunfaron 

Las rebeldes banderas, 



POETAS CHILENOS 



Y el noble patriotismo 

Y la noble virtud su premio hallaron ¥ 



III 



¡ América, á las armas ! 
Lanzas corta en tus bosques, 
Templa en tus rios el sagrado acero, 
Sube á tus cumbres y la trompa emboca; 

Y allí, con el guerrero 

Himno de libertad, la alarma toca ! 

Y que el son se derrame, 

Y despierte el valor y encienda la ira 

Y levante al infame, 

El alma grande del poeta inflame, 

Y en arma de pelear cambie la lira ! 



IV 



¿ Qué quieren de nosotros 
De la Europa los siervos y tiranos ? 
Al desierto aventar nuestros hogares, 
Usurparnos la patria, 

Y hacer de nuestros pueblos, 

Hoy moradas de libres ciudadanos, 
Teatros de lacayos y juglares. 

Y aquí, donde altanera, 
Mil rios como mares 
Desprende esa gigante cordillera, 
Madre del Aconcagua y Orizaba, 
Esplendor de una raza venidera, 
Formar la cuna de una raza esclava ! 



I América, á las armas 



POETAS CHILENOS 1 89 



No con vagos clamores 

Se combaten extraños invasores 

Y redímense pueblos oprimidos ! 

Si nuevo oprobio y nueva servidumbre 
Éa vieja Europa trae, 
Tu espada al sol relumbre, 
Levanta tu pendón republicano, 

Y un solo grito: — libertad y guerra ! 
Atraviese el Océano, 
Estremezca la tierra 

Desde el Estrecho al Golfo Mejicano. 

Guillermo Matta. 



DEBER DEL HOMBRE 

¡Vivir es trabajar! Cada hombre tiene 
Una santa misión, y al mundo viene 
A completar de Dios la obra divina. 

El trabajo encamina 
Al bien y á la virtud; la magia encierra 
De transformar en cielo la esperanza, 

Y á lo innoble y mezquino haciendo guerra, 
Con su fuerza vital todo lo alcanza. 

Rey de la creación, por Dios guiado, 
El hombre está en el mundo destinado 
A vencer imposibles con su empeño. 

Del mundo entero dueño, 
Todo á cumplir su voluntad se inclina, 
Dicta leyes do quier su inteligencia, 

Y dócil á su voz, se une y combina 
La cadena feliz de la existencia. 

¡Miradlo, y lo veréis cual raudo viento 
Volar con el vapor y en un momento 
Vencer el monte, atravesar el llano, 

Circundar el océano, 
Penetrar los secretos más profundos, 
De la ignorancia desgarrar el velo, 
Con férreo anillo entrelazar los mundos 

Y el rayo mismo arrebatarle al cielo! 



192 POETAS CHILENOS 



Su mente es luz! Dejadlo que conciba, 
Que del Creador la inspiración reciba, 

Y todo lo podra! Nada hay que asombre 

En su grandeza al hombre 
Si el genio vive en él. Hoy, atrevido, 
Tenaz, el aire dominar ensaya: 
Mañana, en el espacio suspendido, 
Astro será que donde quiera vaya! 

Por eso cuando el pueblo se levanta, 
Ávido de grandeza, y se adelanta 
Al campo del deber, el fuego brota 

Del alma del patriota, 
Ver cumplido su sueño le parece, 
Coronas ciñe a quien ganarlas supo, 
Y, viendo su esplendor, se enorgullece 
Del suelo libre do nacerle cupo! 

En nuestra hermosa patria no hay esclavos! 
Una legión titánica de bravos 
Rompió del servilismo las cadenas: 

,Con sangre de sus venas, 
Vertida en cruda lid, nuestros abuelos 
La sacrosanta libertad sellaron, 

Y al cumplir sus magnánimos anhelos, 
Vida, grandeza y patria nos legaron! 

Y por los Andes y la mar velada 
Esa patria feliz vive encantada 

En medio de sus bosques seculares. 

Cien rios como mares 
Fecundizan sus campos; lindas flores 
Alfombran su extensión, y en donde quiera 
Se ve un portento, y brillan los primores 
De una no interrumpida primavera. 



POETAS CHILENOS 1 93 



En nuestro cielo azul, ia roja lumbre 
Se refleja del sol: la blanca cumbre 
Del Andes colosal se alza orgullosa: 

Dejad que majestuosa 
La estrella de la tarde sus fulgores 
Derrame altiva en el azul sereno: 
Inmenso en forma, espléndido en colores, 
Veréis radiante el tricolor chileno! 

Como ese tricolor brillante y puro, 

Formado por Dios mismo, es el futuro 

Que le aguarda á la patria. En vuestras manos, 

Virtuosos ciudadanos, 
Apresurarlo está. .-. .Movedle guerra 
Al vicio en el taller, dad noble ejemplo 
De austero patriotismo, y nuestra tierra 
Será de libertad grandioso templo! 

¡Nadie sea en su patria un miembro vano! 
¡Levántese á vivir el ciudadano, 
Ensalce el bien y. la maldad combata. 

Si la fortuna ingrata 
Hinca en su vida su alevoso diente, 
Si airada ruje la tormenta fiera, 
Sereno en el peligro alce la frente, 
Y si es fuerza morir, como hombre muera! . . . 

¡ Soldados del progreso y de la gloria! 
El esplendor sin par de nuestra historia, 
Con fuego escrito en vuestros ojos leo ! 

Yo entre vosotros veo j 

Los O'Higgins del genio; los ungidos 
Rodríguez del trabajo; los Infantes 
Del sagrado deber ! Los elegidos 
Para ser del futuro los gigantes ! 



94 POETAS CHILENOS 



¡Entusiasta legión! vuestro destino 
Decidida llenad: por el camino 
Seguid que os marca la conciencia austera: 
Luchad con fe sincera, 

Y nada en el peligro os amedrente, 
Que, para conquistar la ansiada palma, 
Arde la inteligencia en vuestra frente 

Y un pedazo de Dios lleváis por alma! 



José Antonio Soffía. 



EL ÁNGEL Y EL POETA 

El poeta lloraba, 

Y en silencio gemía; 

La lira entre sus manos muda estaba, 
El con triste dolor la contemplaba, 

Y en su amarga agonía, 
«No canto más, no canto!» repetía. 

El mundo no comprende mis cantares; 

En medio de sus ruidos, 
Se pierden de mi lira los sonidos, 
Cuál las brisas en medio de los mares. 

Adiós, cantos de amores; 

Adiós, musa querida; 
En el festín eterno de la vida 
Voy á ocultar con risas mis dolores. 
Mis gemidos se apagan cuando lloro 

Entre el ruido del oro!» 
Su voz entrecortaba la agonía 

Y con dulce amargura, 
«No canto más, no canto!» repetía. 

Un ángel que escuchaba 
Su tierno y melancólico quejido, 
Le dijo, sonriéndole, al oído: 

«Vuelve á tomar la lira: 

Tu canto no es del mundo, 
Porque el cielo, poeta, te lo inspira. 

¿Qué te importan los hombres? 



196 . POETAS CHILENOS 



Perecen, y sus nombres 
Se pierden bajo el polvo del olvido. 
Vuelve á tomar la lira creadora, 
Canta á "Dios y á la patria en tu desvelo , 

Y une tu voz sonora 

A la voz de los ángeles del cielo.» 

Volvió la calma al seno del poeta, 
Ardió de inspiración su fantasía, 

Y en su ansiedad inquieta, 
Sonriendo de alegría, 

«Quiero cantar de nuevo!» repetía, 

Y al ángel de la altura, 

Que irradiaba una luz en su destino, 

Preguntó con ternura: 
— ¿Quién eres, noble espíritu divino, 
Que así me animas y me das la mano? 
Y el ángel respondióle: — Soy tu hermano. 



Luis Rodríguez Velazco. 



A GROSFO 

JR ADUCCIÓN DE LA P DA XVJ DEL J.IBRO SEGUNDO DE j"IORACIO 

El que surca las ondas ele los mares, 
Pide al cielo quietud cuando el nublado 
La luna oculta ó la brillante estrella , 
Que guía al navegante. 

Pide quietud el tracio belicoso, 
Quietud el medo, á quien adorna aljaba, 
Quietud, ¡oh Grosfo! que no compran perlas, 
Rica púrpura ni oro; 

Pues ni opulencia ni haces consulares 
Lanzan del pecho la aflicción penosa, 
Ni las inquietas cuitas que revuelan 
Por los techos dorados. 

¡ Dichoso aquél en cuya frugal mesa 
Copa heredada solamente brilla, 
Y cuyo sueño la codicia infame, 
O el temor no conturba ! 

% Por qué afanarnos con tan corta vida ? 
¿Y por qué recorrer países que alambran 
Astros distintos? Con huir su patria 
¿ Quién se evita á sí mismo % 



I98 POETAS CHILENOS 



La zozobra cruel entra en las naves, 

Y á los guerreros en la lid persigue, 

Más que el ciervo veloz, y más que el viento 
Guando lanza las nubes. 

Quien hoy contento vive, no se inquiete 
Por lo futuro, y las congojas temple 
Con la alegre sonrisa: que en el mundo 
No hay ventura cumplida. 

Siega la muerte en flor al claro Aquíles, 
A Titon larga caduquez consume, 

Y á mí tal vez me otorgará el destino 

Lo que á tí te ha negado. 

Hatos ciento en tu campo y cien novillas 
Oyes mugir, y relinchar tus yeguas, 

Y lanas vistes que tiñó dos veces 

La púrpura de Tiro. 

Diéronme á mí las infalibles Parcas 
Un campo reducido, el blando aliento 
De griega musa, y de inconstante plebe 
Desprecio los furores. 

Salvador San Fuentes. 



EL ARPA DE DAVID 

El rostro se enrojece 
Del colérico Rey; débil se inclina i 
La grey de cortesanos y enmudece. 

¡Ya Dios no lo ilumina! 

En loco desconcierto, 
Como banda de tímidas gacelas 
Cuando ruje el león en el desierto, 

Se alejan las esposas; 

De su ira temerosas. 

Saúl, el soberano, 

Se alza del áureo trono: 

Ya va á estallar su encono; 
Mas David, el pastor, con ágil mano 
De su arpa arranca armónico sonido, 
Suave como las brisas del Oriente 
Que bordan el Cedrón de leve espuma, 
Triste, como en la tarde, entre la bruma, 
De la tórtola amante es el gemido. 
Vacila el soberano estremecido, 
Y á cada acorde, inimitable acento, 
Las nubes se disipan de su frente, 

Y, cual mar tempestuoso 
Que vuelve á ondear en magestuosa calma, 

Vuelve la paz á su alma. 



200 POETAS CHILENOS 



Y David á su rey la paz volvía, 

Y el rey lo maldecía, 
Porque Saúl, el de purpúreo manto, 
Del humilde poeta envidia el canto. 
No le importa su cetro ni su gala, 

Ni su pueblo que gime, 
Ni el enemigo que sus campos tala; 
Que todo noble sentimiento muere 
Guando la envidia el corazón inquieta, 
Boa fatal que el corazón oprime 

Y con robustos lazos lo sujeta. 

Las glorias de David al rey espantan: 
Los profetas de Rama le predicen 
Su futura grandeza, y lo bendicen, 

Y de Sion las vírgenes le cantan. 

«Es preciso que muera 
El cantor de la blonda cabellera.» 
Así le ordena el corazón impuro: 
Brillan sus ojos, parte de .su mano, 

Y enclavada en el muro, 
Trémula vibra la ligera lanza. 

¡La ira del tirano 
Jamas del justo al corazón alcanza! 

Eduardo de la Barra Lastarria. 



POETAS BOLIVIANOS 



EN PRESENCIA DE LA ESTATUA DE 
BOLÍVAR 



¡Cuan grande la nación que reverente 
De los héroes acata la memoria, 
Soberbia presentando ante la historia 

Testimonio esplendente, 
En mármoles ó en bronces colosales, 
De su amor por las glorias inmortales! 

Y feliz cuando pueda, 
Del arte con gran pompa y lucimiento, 

Alzar un monumento 
Que en esplendor á lo más grande exceda, 
Para. dar culto 4 la virtud del hombre 
De altas proezas y de heroico nombre. 

¡A tí, Bolivar, redentor de un mundo, 

De América titán, sol en su cielo; 

A tí, alma fuerte, que con santo anhelo 

En el fuego fecundo 
De libertad templaste tu constancia, 
Para hollar de los tronos la arrogancia; 

A tí, que entre los grandes 
Genios levantas imperial cabeza, 

Que en glorias y en grandeza 
Fuiste más lejos, cual allá en los Andes 
A la de Humboldt triunfante se adelanta 



204 POETAS BOLIVIANOS 



Del Chimborazo en la ascensión tu planta; 
A tí, Bolívar, cuya sien corona 
De libertad el astro centellante; 
A tí, del continente más gigante 

Guerrero, á quien pregona 
La América, ya libre y soberana, 
Como el portento de que más se ufana; 
A tí, alto genio, de glorioso signo, 
Hoy te contemplo aquí, representada ^ 

Tu efigie venerada 
En un bronce inmortal, de tí tan digno! 

Y ante el atleta de renombre eterno, 
Descubro mi cabeza. . .y me prosterno. . . ! 

Al ver tan noble y envidiable ofrenda 

De gratitud al héroe sin segundo, 

Yo con mi acento, en emoción profundo, 

De admiración la prenda 
Tributo á la nación que así le ofrece 
Monumento de honor que la engrandece; 

Y mi alma, de entusiasmo arrebatada, 
Dice del Rimac á la ninfa bella: 

«Del porvenir la estrella 
Brille en tu frente, cual brilló la espada 
Del gran Bolívar, cuya inmensa gloria 
Es sol que alumbra la peruana historia.» 

Ricardo José Bustamante. 



AL ILLIMANI 

¡Salve, Illimani! Magestuoso, inmenso, 
Solitario, levantas hasta el cielo 
Tu frente , que corona eterno hielo, 
Do en vano vibra el sol su rayo intenso. 

La voz del hombre nunca ha resonado 
De tus profundos 'huecos en el seno: 
Sólo al rugir del viento y al del trueno 
El eco de tu mole ha contestado. 

El águila caudal nunca ha pasado 
Los muros diamantinos de tu hielo: 
Nunca la leve sombra de su vuelo 
Tus fúlgidos cristales ha cruzado. 

Unido con los cielos, en la tierra 
Inmenso bien derrama tu presencia; 
En tu torno difundes la existencia, 
Cuyo germen fecundo en tí se encierra. 

Miro á tu planta selvas silenciosas , 
Do el pino, el cedro y el limón se mecen, 
Y en donde al lado de la pina crecen 
Pálida aroma, purpurinas rosas. 

Las flores su fragancia deliciosa 

En honra tuya exhalan, y un presente 



20Ó POETAS BOLIVIANOS 



De gratitud y amor puro, inocente, 
Te ofrecen en el aura vagarosa. 

De tu cima descuélgase el torrente 

Que al saltar se deshace en leve espuma; 

Y aparece al través de blanca bruma, 
Un iris nacarado y refulgente. 

El agua, que desciende estrepitosa, 
Domado su furor, en manso giro 
Corre pura, cual es puro el suspiro 
Del pecho de una virgen candorosa, 

Burlas al aquilón y á las tormentas, 
Que en tí se estrellan con furor insano; 
Al golpe mismo de la fuerte mano 
Del tiempo airado, inmoble te presentas. 

El luminar del dia á tí primero 
Humildemente rinde su tributo; 

Y cuando al mundo cubre opaco luto, 
Aun brilla en tí su rayo postrimero. 

En la noche serena, tu alta cumbre 
Baña apacible con su luz brillante 
La luna, que embellece su semblante 
Al reflejar en tí su clara lumbre 

Hora corona tu elevada cresta 
La nube electrizada que se inflama 
Al resplandor del rayo, cuya llama 
Muestra tu mole colosal enhiesta. 

Los rayos que serpean por tu frente 
¿Son para tí cual son los pensamientos 
De dolor y amargura, que sangrientos 
Y horribles atraviesan por mi mente? 



POETAS BOLIVIANOS 20J 



¿Ó son cual la guirnalda que las sienes 
Ciñe de los mortales venturosos 
Que en el bullicio del feStin gozosos 
Encontrar juzgan sazonados bienes? 

Lo ignoro! Pero siento que el delirio 
De la pasión el alma ya no agita; 
Siento que el corazón ya no palpita 
En la voraz hoguera del martirio. 

Bajo la fresca sombra de una palma 
He buscado á tu planta dulce asilo: 
Ya mi pecho se aduerme más tranquilo, 
Gozando de la paz la suave calma. 

De Jehová el poder en tí se ostenta; 
En tí la cifra de su nombre miro; 
En tí su magestad sublime admiro; 
Su eternidad en tí se me presenta. 

¡Cómo! ¿Cual Dios, eterno tú serias? 
¡No! que en la tierra todo desparece, 
Excepto el alma, á quien benigno ofrece 
Dios en el cielo más dichosos dias. 

Guando Él con su soplo te deshaga, 
Yo miraré desde el excelso cielo, 
En el caos perderse tu albo hielo, 
Cual blanca vela que la mar se traga. 

Manuel José Cortés. 



LA CIEGA 

j Todo es noche, noche oscura ! 
Ya no veo la hermosura 
De la luna refulgente; 
Del astro resplandeciente 
Tan sólo siento el calor. 
No hay nube que el cielo dora, 
Ya no hay alba, no hay aurora 
De blanco y rojo color. 

Ya no es bello el firmamento, 

Ya no tienen lucimiento 

Las estrellas en el cielo; 

Todo cubre un negro velo; 

Ni el dia tiene esplendor; 

No hay matices, no hay colores, 

Ya no hay plantas, ya no hay flores, 

Ni el campo tiene verdor. 

Ya no gozo la belleza 

Que ofrece naturaleza 

Lo que el mundo adorna y viste; 

Todo es noche, noche triste 

De confusión y pavor ! 

Do quier miro, do quier piso, 

Nada encuentro y no diviso 

Sino lobreguez y horror ! 



210 POETAS BOLIVIANOS 



Pobre ciega, desgraciada, 
£lor en su Abril marchitada, 
¿ Qué soy yo sobre la tierra ? 
Arca do tristeza encierra 
Su más tremendo amargor; 

Y mi corazón enjuto, 
Cubierto de negro luto, 
Es el trono del dolor. 

En mitad de su carrera 

Y cuando más luciente era 
De mi vida el astro hermoso, 
En eclipse tenebroso 

Por siempre se oscureció. 
De mi juventud lozana 
La primavera temprana, 
En invierno se trocó. 

Mil placeres halagüeños, 
Bellos dias y risueños 
El porvenir me pintaba, 

Y seductor me mostraba 
Por un prisma encantador. 
Las ilusiones volaron, 

Y en mi alma sólo quedaron 
La amargura y el dolor. 

Cual cautivo desgraciado 
Que se mira condenado 
En su juventud florida 
A pasar toda su vida 
En una horrenda prisión, 
Tal me veo, de igual suerte: 
Sólo espero que la muerte 
De mí tendrá compasión. 



POETAS BOLIVIANOS 211 



Agotada mi esperanza, 
Ya ningún remedio alcanza; 
Ni una sombra de delicia 
A mi existencia acaricia; 
Mis goces son el sufrir: 

Y en medio á tanta desdicha 
Sólo me queda una dicha, 

Y es la dicha de morir. 



Haría Josefa Mujía. 



POETAS PERUANOS 



SALMO XVIII 

Coeli enarrant. 

Con clara voz publican 

Los cielos la excelencia 
De la gloria de Dios; su omnipotencia 
Las obras de sus manos testifican; 

Y el claro firmamento 
Las declara en armónico concento. 

Cada dia, al que sigue 

Anuncia su grandeza: 
Sus encomios también la noche expresa; 
La que sucede, el cántico prosigue; 

Y este himno permanente, 
En todo idioma se oye claramente. 

Su armonioso sonido 

En la tierra percibe 
Hasta el salvaje que en su extremo vive: 
Y sólo el temerario, que su oído 

Cierra á este lenguaje, 
Le niega al Hacedor el homenaje. 

Su trono magestuoso, 

De clara luz formado, 
Parece que en el sol ha colocado; 
Pues cual sale del tálamo el esposo, 

Así es la bizarría 
Del astro refulgente que hace el dia. 



2IÓ POETAS PERUANOS 



Con pasos de gigante 

Emprende su carrera 
Desde un extremo al otro de la esfera; 
La repite gozoso en el instante; 

Y al mundo vivifica 
Con la luz y calor que comunica. 

Sin mácula y hermosa 
Más que el sol, la ley santa 
Al sumo bien las ánimas levanta; 

Y en sus promesas fiel y generosa, 

Hace á los pequeñuelos 
Que aquí gusten la ciencia de los cielos. 

Sus mandatos son rectos; 

Dirige las acciones; 
Alegra los devotos corazones, 
Excitando dulcísimos afectos; 

Y es su luz tan activa, 
Que á la razón ilustra y la cautiva. 

Inspira el temor santo 
Que al alma fortalece, 

Y que en el justo siempre permanece. 

Es muy veraz; no admite algún quebranto; 

Y en el premio ó castigó, 
Su justificación está consigo. 

Aquesta ley divina, 
4 Más que el oro es amable 

Y las piedras preciosas; porque, estable, 
Es la felicidad á que encamina, 

Y porque más dulzura 
Que la miel tiene para el alma pura. 

Tu siervo, ¡oh Dios! la observa, 



POETAS PERUANOS 2\J 



Y tal deleite gusta, 

Que todo fuera de ella le disgusta: 

Y al que esta santa caridad conserva, 

Le tienes preparada 
Copiosa recompensa en tu morada. 

Mas ¡ay! ¿quién tener puede, 

¡Oh señor! sin tu lumbre, 
De todos sus delitos certidumbre ? 
Haz que de los ocultos libre quede, 

Y tu perdón imploro 

De los ágenos,, que contrito lloro. 

Mírame, pues, propicio; 
Tu indignación se acabe; 
Tu santa gracia mis pecados lave, 

Y echa de mí al orgullo, al grande vicio, 

Que á ninguno perdona, 
Porque á todos los hombres inficiona. 

Entonces mis loores 

Serán á tu oído aceptos: 
Rumiaré en tu presencia los preceptos, 
Con grato corazón á tus favores; 

Y por ningún motivo 
Me apartaré jamas de tu atractivo. 

Así,, Señor, lo espero, 
Porque ya con tu ayuda, 
De falsos bienes mi alma está desnuda, 

Y sólo quiere amar al verdadero. 

A tí se dé la gloria, 
Pues tuya, ¡oh Redentor! es mi victoria. 

José Manuel Valdés. 



FRAGMENTO 

DEL CANTO JJJ DEL POEMA " fk JVIaGALLANES ' 

IX 

Cálase el yelmo ; la pesada lanza 
Al aire gira, provocando el reto ; 
Toma el escudo á la romana usanza ; 
Se cubre pronto de luciente peto. 
Armado ya, sobre su hueste avanza, 
La ve y arregla con semblante inquieto, 

Y al aire dando placentero viva, 
Impetuosa marchó la comitiva. 

X 

Enfrente, al fin, de la enemiga playa 
El escuadrón valiente de cristianos, 
El entusiasmo desbordó su raya, 
Provocando á la lid á los indianos. 
Ninguno al ver el número desmaya ; 
El hierro salta en las robustas manos ; 
Vibran las lanzas, las espadas suenan, 

Y el mar vecino con su ruido atruenan. 

XI 

Al ver ese conjunto de guerreros 



220 i POETAS PERUANOS 



Tan membrudos, tan ágiles y armados, 
Que en furioso torrente los primeros 
Arremeten con ímpetu esforzados, 
Se diría que son los que tan fieros 
Caballeros intrépidos cruzados, 
Godofredo belígero encamina 
Sobre los muros de Salem divina. 

XII 

Llegan, se encuentran, hienden y destrozan; 
La sangre hirviente á borbotones brota ; 
De entre ambos bandos los aceros rozan ; 
La lanza vuela por el aire rota. 
A cada embate todos se alborozan, 
Menos la lid con el horror se acota, 

Y en cada vez cobrando más aliento 
Dejan en derredor lago sangriento. 

XIII 

Como impetuoso y montaraz torrente 
Que del enhiesto monte se derrumba, 
Se abre entre peñas surco suficiente, 
Lo arrasa todo, con fragor retumba, 
Sigue veloz con ímpetu rugiente 
Hasta encontrar en el Océano tumba, 

Y aun allí mismo en raudo torbellino 
Lucha por encontrar franco camino, 

XIV 

Así á la opuesta y formidable valla 
Que el conjunto de bárbaros formaron, 
En empeñada y desigual batalla 
Los valientes cristianos se lanzaron. 



POETAS PERUANOS 221 

Sobre mil picas su furor estalla ; 
En mil cuerpos sus armas embotaron ; 
A cada fuerte y vigoroso empuje, 
Mil vidas arrancando, el hierro cruje. 



XVIII 

Cayó como la reina de las aves 
Que la tormenta en el cénit espera; 
Gomo en cruda borrasca aquellas naves 
Que á toda vela sueltan su bandera; 
Gomo arrancada á las arenas graves 
La corpulenta y perenal palmera, 
Que opone al huracán tronco tranquilo 
Hasta que ensancha su corriente el Nilo. 



XXIV 

Guando después de completar la zona 
Que en la vuelta del mundo le faltaba, 
La flota, á los impulsos de la lona, 
Vencedora á la España se tornaba, 
Un nombre por las Cortes se pregona, 
Ovaciones y honores alcanzaba, 
Y quien ciñó el laurel del lusitano 
Fué el gran piloto Sebastian de Elcano. 

Manuel Nicolás Corpancho. 



Á SIMÓN BOLÍVAR 

¡ Héroe, semidiós, gigante, 
Goloso del mundo infante, 
Cuyo glorioso laurel 
Eterniza ya el pincel 
En láminas de diamante; 

ídolo de la victoria, 
Tú, que con fama notoria 
Tuviste desde la cuna 
Por esclava á la fortuna, 
Por cortesana á la gloria; 

Tú, de los héroes modelo, 
Vengador de nuestro duelo, 
Que, cual despeñado sol, 
Contra el tirano español 
Te envió en sus iras el cielo; 

Tú, que con ardor bizarro, 
De los nietos de Pizarro 
Despedazando el pendón, 
Manso hiciste á su león 
Tirar de tu triunfo el carro, 

Desde la excelsa región 
Donde el inmortal varón 
Vive en perdurable asiento, 



224 POETAS PERUANOS 



Escucha el débil acento 
De la humana inspiración. 

Venturosa tu fortuna 
Fué como no fué ninguna; 
No el cielo nacer te vio, 
Que el destino no colgó 
De las estrellas tu cuna. 

Tu origen fué terrenal, 

Tu fábrica, material; 

Mas tú, naciendo á ser hombre, 

Divinizaste tu nombre.... 

Te hiciste ser inmortal. 

¡Triunfar! Tal fué tu destino. 
Por eso á temple divino 
Fué para tí trabajada 
Tu nunca vencida espada. 
Fué entre palmas tu camino; 

Tu vida, aurora de Mayo; 
Tu muerte, del sol desmayo; 
El sosiego de tu alma, 
Del Océano la calma; 
Tu cólera, la del rayo. 

En los campos, tu bandera 
Volador meteoro era 
Que al contrario daba espanto; 
Tu nombre, de guerra canto, 
Y tu corcel, una fiera. 

¡Dios de nuestros patrios lares! 
Campos fueron tus altares, 
Gradas batallas tus fiestas, 



POETAS PERUANOS 22$ 



Y tus sonoras orquestas, 
Las músicas militares. 

Los Andes, que con decoro 
Te dan aplauso sonoro; 
Los Andes, que el mundo acata, 
Cuyas sienes son de plata, 
Cuyo corazón es de oro; 

Los Andes, esas montañas 
Que con su pié las entrañas 
Del globo rasgando van, 
Páginas son donde están 
Bien escritas tus hazañas; 

Páginas donde el poeta 
Tu vida escrita interpreta 
En el idioma del genio; 

Y así, cuando aquel proscenio 
Recorre su vista inquieta; 

Guando por el panorama 
De esos montes se derrama, 
Que en eterna duración, 
Columnas de piedras son 
Del gran templo de tu fama, 

Lee allí toda tu historia, 
Donde dejaste memoria 
De que tu constancia pudo 
Dejar de palmas desnudo 
Todo el árbol de la gloria. 

¡Tempestad de la montaña, 
Rayo vestido de saña, 
Que en ímpetu vengador 



22Ó POETAS PERUANOS 



Estallaste con fragor 

Contra las huestes de España! 

Recuerda el cuadro severo 
De esos dias en que, fiero, 
Sobre nuesíra frente esclava 
El despotismo asentaba 
Firme su trono de acero. 

Débil nuestra juventud, 
Siendo el temor su virtud, 
Sola se arrastraba entonce 
Ante el ídolo de bronce 
De la torpe esclavitud. 

Y atada á cadena impía, 
La libertad despedía 
Tristes quejas y sollozos 
En los hondos calabozos 
De la negra tiranía. 

Nuevo, esperado Mesías, 
Tú, en esos funestos dias 
Te alzas, y á tu aparición 
Bate el de la destrucción 
Genio sus alas sombrías. 

Suena tu grito de guerra, 

Y cual trueno, por la tierra 
Rueda en profundo clamor, 
Llenando el valle de horror, 

Y estremeciendo la sierra. 

Tiembla un momento el tirano; 
Mas después el soberano 
Cetro empuña, y centellea 



POETAS PERUANOS 227 



Ya el rayo de la pelea 
En su vengadora mano. 

Tú vences sus adalides, 

Y en unas y en otras lides 
Siempre fuerte y triunfador, 
Renovadas tu valor 

Ve las hazañas de Alcídes. 

Vencedor te proclamaron 
Cuantos astros te admiraron, 
Cuantas montañas te dieron, 

Y campos te conocieron 

Y rios te contemplaron. 

Besó humilde el Amazonas 
Tus plantas; las juguetonas 
Sirenas del Apurimac, 
Las bellas ninfas del Rimac, 
Dieron á tu sien coronas. 

Rey te aclamó el Chimborazo, 
Que el marcial desembarazo 
Tuyo asombrado miró, 

Y en sus bases retembló 
Cuando tú moviste el brazo. 

Y esa que en el mar descuella. 
Ninfa encantadora y bella, 
Esposa del Océano, 

De su imperio soberano 
Gala, luz, norte y estrella; 

América, ese verjel, 
Del mar florido bajel, 



228 POETAS PERUANOS 



Perla á su seno arrancada, 
Sirena desencantada,, 
Te consagró su laurel. 



Manuel Adolfo García. 



LA LOCOMOTIVA 

I 

Ni el cóndor de los Andes, que alza el vuelo 
Desde su nielo hasta la azul región, 

Y rasgando la túnica del cielo, 
Hiende las nubes que ilumina el sol; 

Ni el fiero musulmán de tez morena, 
Cabalgando en el árabe corcel, 
Que corre y graba en la movible arena 
La media luna de su herrado pié; 

Ni el barco humeante cuyo peso abruma 

Y fatiga las olas de la mar, 

Que huyen gimiendo en desgarrada espuma, 
Como luciente polvo de cristal; 

Ni el aeronauta audaz, ni la ligera 
Góndola del Adriático veloz, 
Aventajan al monstruo en la carrera, 
Con sus alas de fuego y de vapor. 

¿No veis? Ya rueda. De su entraña hirviente, 
Que bulle cual la lava del volcan, 
Arroja larga flecha de humo ardiente, 
Como la blanca espuma de la mar. 



230 POETAS PERUANOS 



Lanza á las nubes estridente grito 
En su hálito de fuego abrasador, 

Y corre, arrebatando al infinito 
El ala del relámpago y la voz. 

Comprime sus entrañas bullidoras, 
En su seno palpita el frenesí, 

Y el monstruo vuela á devorar las horas, 
El tiempo y el espacio y el confín. 

Más que el torrente que á la mar ligero 
Se arrastra en pavorosa rapidez, 
Agitando sus músculos de acero 
Corre el monstruo del siglo sobre el riel. 

Parece apenas que la tierra toca, 
Pasando como el rápido aquilón, 

Y olas vomita de su ardiente boca, 
Jadeante con hórrido estertor. 

Y el muro, el árbol, la montaña, el rio, 
Todo se ve en un vértigo girar, 
Como sombras de un loco desvarío 
En un baile fantástico, infernal. 

Vuela y esparce, retemblando el suelo, 
Sus huellas de rocío y de carbón, 
Mientras fluctúa en el azul del cielo, 
Cual larga nube, su penacho en pos. 



II 



Terrestre Leviatan! ¡Vuela! Devora! 
Con tu ala de vapor azota el viento; 
Lleva á la noche el rayo de la aurora 
Y al hombre esclavizado el pensamiento! 



POETAS PERUANOS 23 



Como antorcha del siglo brilladora, 
Alumbra al pueblo de la luz sediento, 
Para que escriba en su pendón de guerra: 
«El pueblo es rey y su sitial la tierra!» 



Carlos Augusto Salaverry. 



JULIO ARBOLEDA 

En la estrecha montaña que una tarde 
Regara con su sangre generosa 
El héroe de Ayacucho, misteriosa 

Y traidora y cobarde, 
Para mengua del suelo granadino, 
La mano alza otra vez un asesino. 
De la sublime democracia en nombre, 
Que acepta al bueno, que rechaza al malo, 

Se ha asesinado á un hombre. . . 
Al cantor de Pubenzay de Gonzalo ! 

Eso dirá la historia, 

Y el pueblo colombiano será reo 

Si en él no se alza un nuevo Macabeo 
Que revindique su empañada gloria 

Y esa página borre infamatoria. 

Si hay turba que el delito deifica 
De la guerra civil en la tormenta, 

Coronando asesinos, 
Vendrá el rayo de Dios, que purifica, 
Porque Él en su justicia toma cuenta 
También auna nación, ¡oh granadinos! 

¡No! no puede Colombia 
Aceptar en silencio el torpe crimen, 

Que á protestar de villanía 
Bolívar de su tumba se alzaría. 



234 POETAS PERUANOS 



La santa democracia no consiente 
El comprado trabuco del bandido, 
Que ella siempre ha vencido 
En combate leal y frente á frente. 



Ricardo Palma. 



POETAS ECUATORIANOS 



TRADUCCIÓN 

DE LA ODA XIV , LIBÍ^O PRIMERO , DE JÍOP^ACIO 

i Oh, nave ! ¿ dónde vas ? No te amedrentan 

Las nuevas olas que á la mar te impelen 

¡ Ay ! el peligro es cierto. 

Torna, torna veloz, ocupa el puerto. 

Tu costado de remos ve desnudo, 

Y ve tu mástil roto 

Al ímpetu del ábrego sañudo. 

¡ Cuál crujen las entenas ! 

Sin cables, sin timón, la frágil tabla 

Resistir podrá apenas 

Los asaltos del mar. No hay vela sana, 

Ni dios propicio que á tu voz descienda 

Y en tu nuevo conflicto te defienda. 
No te valdrá tu nombre, ni el ser hija 
Del más excelso pino 

Que fué honor de las selvas del Euxino. 
¿ Y pondrá en vano el tímido piloto 
En la pintada popa su esperanza ? . . . 
Guarte, nave infeliz: cada momento 
Teme ser juego del furioso viento. 
Tú, que otro tiempo fuiste 
Inquieto tedio á mi ánimo agitado, 

Y ahora objeto triste 

De mi acerbo pesar y mi cuidado, 



2^8 POETAS ECUATORIANOS 

Huye, bajel querido, 

Del mar embravecido, 

Que entre escollos corriendo peligrosos 

De viva roca y de ferviente arena, 

A seguro naufragio te condena. 

José Joaquín Olmedo. 



LA REPÚBLICA 

Alza tronos, odiosa tiranía: 
Míseros pueblos, la cerviz doblada, 
Los sostendrán, llamando afortunada 
La suerte vil que los abruma impía. 

Tiende, ostentando audacia y felonía, 
Demagogia, tu garra ensangrentada, 

Y en nombre ¡ ay ! de libertad sagrada, 
Grita á la sociedad: «¡ Presa eres mia !» 

¿ Y habréis de ser eternos, infernales 
Monstruos lanzados por castigo al suelo, 

Y ante quienes la dicha huye y se aterra % 

No, que apiadado al fin de nuestros males, 

Tornándose al abismo, dirá el cielo: 

« ¡ República inmortal, tuya esla tierra ! » 

Juan León Mera. 



DAME TU LIRA 

Si á mis pies derramando su tesoro, 
Me dijese algún rico de la tierra: 
— Escucha, trovador: hé aquí más oro 
Que en los abismos de la mar se encierra 

Con él tendrás la dicha y los placeres 
Por que tu ardiente corazón suspira, 

Y el amor de bellísimas mujeres, 
Grandezas y poder; dame tu lira — ; 

Y si el mayor de todos los monarcas 
Arrojase la púrpura suprema, 

Y mostrando á lo lejos sus comarcas, 
Colocase en mi frente su diadema, 

Y me dijese: — Tuyos son, poeta, 

Mis vasallos, mis pueblos, mis honores; 
Dame el acento de tu lira inquieta, 
El arpa en que suspiras tus amores — ; 

Si el orador me diese la elocuencia 
Que á torrentes derrama en la tribuna, 

Y el sabio los caudales de su ciencia, 

Y el guerrero su bélica fortuna, 

A todos, sin dudar, respondería: 

— Mi alma esos dones admitir rehusa, 



242 POETAS ECUATORIANOS 

Porque le agrada más la melodía 

Y el blando acento de mi triste musa. — 

Mas si el tímido y puro adolescente 
Me brindase su tierno y casto ardor. . . . 
Yo le daría mi laúd doliente 
Por la dulzura del primer amor! 

Huma Fompilio Liona. 



POETAS VENEZOLANOS 



A CRISTÓBAL COLON 

Tu frágil carabela, 
Sobre las aguas, con tremante quilla, 

Desplegada la vela, 
¿Do se lanza, llevando de Castilla : 
La veneranda enseña sin mancilla? 

Y abriéndose camino 
Del no surcado mar por la onda brava, 

¿Por qué, ciega y sin tino, 
Del pérfido elemento vil esclava, 
La prora inclina á donde el sol acaba? 

¿No ves cómo á la nave 
Desconocidos vientos mueven guerra? 

¿Cómo medrosa el ave, 
Con triste augurio que su vuelo encierra, 
Al nido torna de la dulce tierra? 

La aguja salvadora, 
Que el rumbo enseña y que á la costa guia, 

¿No ves cómo á deshora, 
Del norte amigo y firme se desvía, 
Y á Dios y á la ventura el leño fía? 

¿Y el piélago elevado 
No ves al Ecuador, y cual parece 
Oponerse irritado 



246 POETAS VENEZOLANOS 



Á la- ardua empresa, y cual su furia crece, 

Y el sol como entre nublos se oscurece? 

¡Ay, que ya el aire inflama 
De alígeras centellas lluvia ardiente! 
¡Ay, que el abismo brama, 

Y el trueno zumba, y el bajel tremente 
Gruje, y restalla, y sucumbir se siente! 

Acude, que ya toca 
Sin lonas y sin jarcia el frágil leño 

En la cercana roca; 
Mira el encono y el adusto ceño 
De la chusma sin fe, contra tu empeño; 

Y cual su vocería 
Al cielo suena, y cómo en miedo y saña 

Creciendo, y agonía, 
Con tumulto y terror la tierra extraña 
Pide que dejes, por volver á España. 

¡Ay, triste! que arrastrado 
De pérfida esperanza, al indo suelo, 

Remoto y olvidado, 
Quieres llevar flamígero tu vuelo! 
¿No ves contrario el mar, el hombre, el cielo? 

La perla reluciente 
Y el oro del Japón buscas en vano; 

En vano á Mangi ardiente; 
Ni de las hondas aguas del Océano 
Jamas verás patente el grande arcano . 

Vuelve presto la prora 

Al de Hesperia feliz, seguro puerto, 

Donde del nauta llora, 



POETAS VENEZOLANOS 247 

Juzgándole quizá cadáver yerto, 

La inconsolable madre, el hado incierto. 

Engañosa sirena 
Vanamente el error cante en su lira: 

• ¡Colon! clava la entena: 
Corre, vuela: no atrás, avante mira; 
Al remo no des paz: no temas ira. 

Y aunque fiero, atronado 
Ruja el mar, dance el hombre y brame el viento 

Con furia desatado, 
Resista el corazón, y al rudo acento, 
De tus pinos aviva el movimiento. 

Por la fe conducido, 
Puesta la tierra en estupor profundo, 

De frágil tabla asido, 
Tras largo afán y esfuerzo sin segundo, 
Así das gloria á Dios y á España un mundo. 

¡Oh noble, oh claro dia 
De ínclita hazaña y la mayor victoria 

De la humana osadía; 
En fama excelso, sin igual en gloria, 
Eterno de la gente en la memoria! 

En la tostada arena 
Te vio, sabio ligur, mojar en llanto, 

De asombro el alma llena; 
Y en voz de amor y de alabanza en canto 
Entonar de David el himno santo. 

De Cristo el alto nombre 
Aclamar triunfador entre la gente; 
Y un culto dar al hombre 



248 POETAS VENEZOLANOS 

Desde el gélido mar y rojo Oriente 
Al confín apartado de Occidente; 

Y la sacra bandera 
Que nuevo Dios y nuevo rey pregona, 

Al viento dar ligera 
Del astro de los incas en la zona, 
Astro luego de Iberia y su corona; 

La veleidosa plebe, 
Humillada á tus pies, en plauso ahora 

Al cielo el grito mueve; 
Y el que del sol en las regiones mora, 
Ángel te llama, y como Dios te adora. 

¡Qué humana fantasía 
Dirá tu pasmo, y cuanto el pecho encierra 

De orgullo y de alegría! 
Trocada en dulce paz, ve aquí la guerra: 
Cual divina visión, allí la tierra; 

No el que buscas ansioso, 
Mundo perdido en tártaras regiones; 

Mundo nuevo, coloso 
De los mundos, sin par en perfecciones, 
De innumerables climas y naciones; 

De ambos polos vecino, 
Entre cien mares que á sus pies quebranta 

El Ande peregrino, 
Guando hasta el cielo con soberbia planta 
Entre nubes y rayos se levanta. 

Allí raudo, espumoso, 
Rey de los otros rios^ se arrebata 
Marañon caudaloso 



POETAS VENEZOLANOS 249 

Con crespas ondas de luciente plata, 

Y en el seno de Atlante se dilata. 

De la altiva palmera 
En la gallarda copa dulce espira 
Perenne primavera; 

Y el cóndor gigantesco fijo mira 

Al almo sol, y entre sus fuegos gira. 

Allí fieros volcanes; 
Émulo al ancho mar lago sonoro; 

Tormentas y huracanes; 
Son árboles y piedras un tesoro; 
Los montes plata, y las arenas oro. 

¿Qué tardas? Lleva á Europa 
De tamaño portento alta presea; 

Hiera céfiro en popa, 
Ó rudo vendabal, que pronto sea, 

Y absorto el orbe tu victoria vea. 

El piélago sonante 
Abrirá sus abismos; sorda al ruego, 

La nube fulminante 
Su terrífica voz lanzará luego, 

Y tinieblas y horror y lluvia y fuego. 

Y del mar al bramido, 
Unirá contra tí la envidia artera 

Su ronco, horrible ahullido. 
¡Piloto sin ventura! ¿á qué ribera 
Llegará tu bajel en su carrera? 

¿Qué será de tu gloria? 
Tu nombre entre las gentes difamado, 
¿Morirá sin memoria? 



250 POETAS VENEZOLANOS 

O tal vez de las ondas libertado, 

¿Por tu empresa un rival será premiado? 

Todo será: el delirio 
De férvido anhelar que vence y llora; 

Gozo, gloria, martirio; 
Cadena vil y palma triunfadora : 
Cuanto el hombre aborrece, y cuanto adora. 

Mas, ¿qué á tu fe del viento, 
Del rayo y la traición crudos azares? 

Levanta el pensamiento: 
¡Elegido de Dios! hiende los mares, 
Y con nombre inmortal pisa tus lares. 

No Argos más gloriosa 
Llevó á Tesalia el áureo vellocino 

De Coicos la famosa, 
Ni de Palas guiado en el Euxino 
Con esfuerzo mayor se abrió camino. 

De gente alborozada 
Hierve ondeando el puerto, el monte, el llano, 

Cual en tierra labrada 
Mece la blonda espiga en el verano 
Con rudo soplo cálido solano. 

Y de ella sale un grito 

De asombro y de placer que al mar trasciende 

Con ímpetu inaudito: 
«¡Colon!» exclama, y los espacios hiende, 
Al polo alcanza, hasta el empíreo asciende. 

Del incógnito clima, 
¡Oh rey deLusitania! los portentos 

Y la mies áurea, opima, 



POETAS VENEZOLANOS 2$ 



Llorando el corazón duros tormentos, 
Airados ven tus ojos y avarientos. 

De tí y de tus iguales, 
El anglo poderoso, el galo fuerte, 

A las plantas reales, 
¿Un mundo no ofreció, y excelsa suerte, 
Del tiempo vencedora y de la muerte? 

Si de Enrique tuvieras 
El ánimo preclaro, agena hazaña 

En mal hora no vieras, 
Ni el mar inmenso que la tierra baña 
Hacer de entrambos mundos una España. 

Ni á Iberia agradecida, 
Del aurífero Tajo hasta Barcino 

Ofrenda merecida 
De incienso y flores, cual á ser divino, 
Rendirle fiel en el triunfal camino. 

Su esfuerzo sobrehumano, 
Tus joyas, Isabel, trocó en imperios; 

Por él ya el orbe ufano 
Saluda tu estandarte, y son hesperios 
Del uno al otro mar los hemisferios. 

¡Fernando! ¿qué corona 
Al huésped de la Rábida guardada 

Sus hechos galardona? 
¿Bastará tu corona,, que empeñada 
Con todo su poder se vio en Granada? 

Dilo tú, que en el templo 
Vagas inulta en medio á los despojos, 
¡Oh sombra de alto ejemplo! 



252 POETAS VENEZOLANOS 

En cuya mano y sien miran los ojos 
Grillos por cetro, y por corona abrojos. 

# Mas no á la gran Castilla 
El rostro vuelvas-, ni á Isabel ceñudo: 

No es suya la mancilla; 
Que á tí fué abrigo cuando más desnudo; 
Al indio, madre; al africano, escudo. 

Y unirá su alta gloria 
Á tu gloria la tierra agradecida 

Con perpetua memoria, 
Guando en el indio suelo, al fin rendida, 
Vigor nuevo recobre y nueva vida. 

Que Dios un vasto mundo, 
Cual de todos compuesto, no formara 

Sin designio profundo; 
Ni allí de sus tesoros muestra rara 
En cielo y tierra y aguas derramara . 

Tu alada fantasía, 
Al contemplarlo, en el edén primero 

Volando se creía, 
Y edén será en el tiempo venidero, 
De la cansada humanidad postrero, 

Donde busquen asilo 
Hombres y leyes, sociedad y culto, 

Cuando otra vez al filo 
Pasen de la barbarie, en el tumulto 
De un pueblo vengador con fiero insulto. 

¡Ay de ellas, las comarcas 
Viejas en el delito y la mentira; 
De pueblos, de monarcas, 



POETAS VENEZOLANOS 2<$¿ 

Cuando el Señor, que torvo ya los mira, 
Descoja el rayo y se desate en ira! 

Por las tendidas mares 
Entonces vagarán, puerto y abrigo, 

Paz clamando y altares; 
Y después de las culpas y el castigo, 
Nuevo mundo hallarán cordial y amigo; 

¡Colon! el mundo hermoso 
Que de su seno á las hinchadas olas 

Arrancaste animoso, 
Coronando de eternas aureolas 
Las invencibles armas españolas. 

Así de polo á polo 
Resuena el canto; extiende tu renombre 

Por los cielos Apolo; 
Y, emblema de virtud y gloria al hombre, 
De una edad á otra edad lleva tu nombre. 

Rafael Liaría Baralt. 



FRAGMENTO 

DE UN POEMA TITULADO "^MERICA" 

PARTE SEGUNDA 

A tí también, Javier Ustáriz, cupo 

Mísero fin; atravesado fuiste 

De hierro atroz á vista de tu esposa, 

Que con su llanto enternecer no pudo 

A tu verdugo, de piedad desnudo: 

En la tuya y la sangre de sus hijos, 

A un tiempo la infeliz se vio bañada. 

¡ Oh Maturin ! ¡ Oh lúgubre jornada ! 

¡ Oh dia de aflicción á Venezuela, 

Que aun hoy, de tanta pérdida preciosa, 

Apenas con su gloria se consuela! 

Tú, en tanto, en la morada de los justos 

Sin duda el premio, amable Ustáriz, gozas 

Debido á tus fatigas, á tu celo, 

De bajos intereses desprendido; 

Alma incontaminada, noble, pura, 

De elevados espíritus modelo, 

Aun en la edad oscura 

En que el premio de honor se dispensaba 

Sólo al que á precio vil su honor vendía, 

Y en que el rubor de la virtud, altivo 

Desden y rebelión se interpretaba. 



256 POETAS VENEZOLANOS 

i La música, la dulce poesía 

Son tu delicia ahora, como un dia ? 

¿Oá más altos objetos das la mente, 

Y con los héroes, con las almas bellas 
De la pasada edad y la presente, 
Conversas, y el gran libro desarrollas 
De los destinos del linaje humano, 

Y los futuros casos de la grande 
Lucha de libertad que empieza, lees, 

Y su triunfo universal lejano? 

. De mártires que dieron por la patria 
La vida, el santo coro te rodea: . 
Régulo, Traceas, Marco Bruto, Decio, 
Cuantos inmortaliza Atenas, Tibre, 
Cuantos Esparta y el romano libre; 
Los que el Bátavo suelo y el Helvecio, 
Muriendo, consagraron, y el Britano; 
Padilla, honor del nombre castellano; 
Caupolican y Guaicapuro altivo, 

Y España osado; con risueña frente 
Guatimozin te muestra el lecho ardiente; 
Muéstrate Gual la copa del veneno, 

Y Luisa el cruento azote; 

Y tú, en el blanco seno 

Las rojas muestras de homicidas balas, 
Heroica Policarpa, le señalas; 
Tú, que viste espirar al caro amante 
Con firme pecho, y por ajenas vidas 
Diste la tuya, en el albor temprano 
De juventud, «á un bárbaro tirano. 

¡ Miranda ! # de tu nombre se gloría 
También Colombia; defensor constante 
De sus derechos, de las santas leyes, 
De la severa disciplina amante. 
Con reverencia ofrezco á tu ceniza 



POETAS VENEZOLANOS 257 

Este humilde tributo, y la sagrada 
Rama á tu efigie venerable ciño. 
Patriota ilustre, que proscrito, errante, 
No olvidaste el cariño 
Del dulce hogar que vio mecer tu cuna; 

Y ora blanco á las iras de fortuna, 
Ora de sus favores halagado, 

La libertad americana hiciste 
Tu primer voto y tu primer cuidado. 
Osaste, solo, declarar la guerra 
A los tiranos de tu tierra amada, 

Y desde las orillas de Inglaterra 

Diste aliento al clarín, que el largo sueño 
Disipó de la América, arrullada 
Por la superstición. Al noble empeño 
De sus patricios no faltó tu espada; 

Y si, de contratiempos asaltado, 

Que á humanos medios resistir no es dado, 
Te fué el ceder forzoso, y en cadenas 
A manos perecer de una perfidia, 
Tu espíritu no ha muerto, no; resuena, 
Resuena aún el eco de aquel grito 
Con que á lidiar llamaste; la gran lidia, 
De que desarrollaste el estandarte, 
Triunfa ya, y en su triunfo tienes parte. 

Andrés Bello. 



MEDITACIÓN 

Es la hora deliciosa de la tarde. 
El sol, envuelto entre dorada nube, 
Cual vespertino, espléndido querube, 
Hace de su poder soberbio - alarde. 

Quiebra sus dardos ricos, luminosos, 
En el tenue vapor que lo circunda, 

Y el suelo, el monte, el mar y el cielo inunda 
De sus varios colores misteriosos. 

Con regia majestad baja á su ocaso, 

Y á proporción que la tiniebla crece, 
Descolorido el mundo empalidece, 
Teñido de un color blanco y escaso. 

Mas esta palidez encantadora, 
Con su vaga, fugaz melancolía, 
Lleva hasta el pecho de su calma pia 
La languidez feliz y bienhechora. 

Horizontes sin límites, profundos, 
Ruedan y se dilatan á lo" lejos, 
Do puso mil colores, mil reflejos, 
El escultor sublime de los mundos. 

Las estrellas avanzan lentamente 
Como flotantes lamparillas de oro, 



2Ó0 POETAS VENEZOLANOS 

Con que ilumina el azulado coro 
El ángel de la noche transparente. 

De los montes las cumbres ondulosas 
Flotan en el azul del éter vago, 
Cual los abismos del celeste lago, 
Sus crestas levantando tenebrosas. 

Todo es magnificencia en las alturas: 
Globos sin fin la vasta esfera encierra; 
Todo es allí grandeza, y en la tierra 
Reposo, ambiente, amor y esencias puras. 

La creación parece que despliega 
De su nocturna pompa los primores, 
Para obsequiar al ser que estos fulgores 
Y tanta luz en los espacios riega. 

La luna emperatriz, limpia, sin velos, 

Es el fanal de paz y de alegría, 

Que ilumina la inmensa galería 

De esta regia función que dan los cielos. 

¿Por qué entre tanto yo, triste, turbado, 
Sentado de mi valle en la eminencia, 
Al contemplar de Dios la omnipotencia, 
De mí mismo á pesar, gimo angustiado? 

¿Quién á mi delicioso sentimiento, 
Quién á mi dulce y celestial delirio, 
Quién á mi blanda paz mezcla el martirio 
De un extraño pesar? Mi pensamiento. 

Él me revela, ¡oh Dios! la soberana 
Obra de tu poder, que atento miro; 
Mas me dice también que si hoy la admiro, 
Yo, ser mortal, la perderé mañana. 



POETAS VENEZOLANOS 2ÓI 

Por él el corazón pretende ansioso 
Hallar tu forma y conocer tu esencia ; 
Mas de su necedad, de su impotencia, 
Hasta el abismo rueda tenebroso. 

Te busco de la noche entre los velos , 
Te busco en el espacio constelado, 

Y en esas luces mil que has derramado 
En las profundidades de los cielos. 

Mas ¿qué me dicen al buscarte en ellas?. . . . 
Que cuando hacer el mundo resolviste, 
Entre el hombre y tu trono interpusiste 
Tu magnífico pórtico de estrellas. 

Miro la creación, y me deslumhra; 
En tus obras, Señor, tu poder leo; 
Sospecho lo que habrá por lo que veo 
En ese mar de soles que me alumbra. 

Y al ver resplandecer tanto sistema, 
Polvo qne huella tan gigante paso, 
Siento la fuerza inmensa de tu brazo, 

Y me anonada mi impotencia extrema^ 

Pienso en el tiempo, en ese mar profundo, 
Cuyas ondas se agitan incansables, 

Y para cuyos senos insondables 
Cien siglos son iguales á un segundo. 

| 

Y al comparar mi instante diminuto 
Con esa eternidad que te reservas, 
Desdeño el ser, ¡oh Dios! que me conservas, 

Y mi angustiada vida de un minuto. 

Miro el éter azul, ilimitado, 



2Ó2 POETAS VENEZOLANOS 

-T— 1 , , -. , . 

Que cuanto más se mide, más se extiende, 
Cuyo confín la mente no comprende 
Por más que añada el cálculo cansado. 

Miro ese campo inmenso y esplendente 
De sistemas sin fin, de orbes flotantes, 
Ese enjambre de mundos rutilantes, 
Que no hay signo en la tierra que los cuente. 

Y al'ver la inmensidad de ese conjunto, 
Donde el ojo del hombre se extravía, 
Siento entonces que yo, polvo de un dia, 
Ocupo en él un invisible punto. 

Así pasan mis horas silenciosas 
Entre la admiración y el descontento; 
En alas vago ya del manso viento, 
Ya abandono mis miras ambiciosas. 

En el libro inmortal de lo infinito 
A veces un reglón de muerte leo, 

Y un ¡ay! oculto y fujitivo veo 
En sus eternas páginas escrito. 

Ved, entretanto, al pobre campesino, 
Que entusiasmado de placer delira: 
También la creación absorto admira 
Junto á su techo rústico y mezquino. 

<Nada revela en él pesar ni duelo; 
Todo es deleite el venturoso aldeano, 
Sostiene el hacha su robusta mano, 
Q-ae suelta al fin para mirar al cielo. 

Vaga en sus labios plácida sonrisa, 
Le interesan la luna y las estrellas 



POETAS VENEZOLANOS 265 

Y del sol que se va, las blancas huellas, 

Y el cielo azul y la nocturna brisa. 

¿De dónde viene la embriaguez intensa, 
Sin mezcla de inquietud, que le domina? 
¿ Por qué sólo venturas imagina 
En cuanto siente y ve?. . .' Porque no piensa. 

Bendito el hombre que en los campos mora, 

Cuya feliz, pacífica ignorancia, 

Le muestra de las flores la elegancia, 

Y le esconde la espina punzadora. 

Bendito el labrador manso, inocente, 
Que oculta su cabana entre las breñas; 
Para ése son las márgenes risueñas 

Y el agua que susurra mansamente. 

Para ése son los ecos armoniosos, 
De las aves errantes el concierto, 
Porque ése nunca de un futuro incierto 
Intenta alzar los velos misteriosos. 

Y para mí serán, no las venturas 
Del aldeano feliz que no medita, 
Sino la escena de su paz bendita 

Y de su fácil vida las dulzuras. 

José Antonio Maitin, 



wwvwwwvwww 



LA LIBERTAD 

Ceñida de relámpagos 
La tempestuosa frente, 
Derriba los alcázares, 

Y trémula, rujien te, 
Escombros y cadáveres 
Se sienta á contemplar; 

Y besando la flamígera, 
La ponderosa clava 

Y la orgullosa púrpura 
De los tiranos lava, 
De roja sangre cálida 
En un inmenso mar. 

Atenas, noble víctima 
De la ambición, del odio, 
La diosa invoca férvida, 

Y el valeroso Harmodio 

Clava un puñal .... Del déspota 
Libre á su patria ve. 
La formidable Némesis 
De Bruto arma la diestra: 
Al dictador sacrilego 
Colérica la muestra .... 
Del Tíber la onda rápida 
Murmura : «César fué». 

¡ Encantadora América, ' 



2Ó6 POETAS VENEZOLANOS 

Región de los aromas, 

Donde suspiran lánguidas 

De Venus las palomas, 

Despierta ! ... El orbe atónito 

Tu yelmo vea lucir. 

No más tus glorias ínclitas 

Ultrajen los tiranos; 

¡ Abre los ojos, míralos ! 

Imbéciles enanos 

Son los que ven tus lágrimas 

Con júbilo surgir. . 

¿ Qué se hizo la titánica, 

La raza lidiadora 

Que en las gigantes cúspides 

Del Andes, triunfadora 

El colombiano lábaro 

De redención clavó? 

¿ Dó los clarines bélicos, 

Los roncos atambores, 

Y dónde el son horrísono 
Que en tumbos mugidores, 
Allá en Junin las águilas 
Iberas ahuyentó? 

Sobre tu blanca túnica, 
Rota por mano impía, 
Tiró su dado pérfido 
La negra tiranía, 

Y se usurpó famélica , 

¡ Oh patria ! tu heredad. 

¿ Lloras ? . . . ¡ Tu llanto cálido 

Enjuga, virgen bella !• 

De tu infeliz horóscopo 

La sanguinosa estrella . 

Recobrará su prístina, 

Serena claridad. 






POETAS VENEZOLANOS 267* 

Deja los bosques, ídolo 

Del colombiano suelo; 

i Ven, libertad, seráfico, 

Divino don del cielo ! 

Rompe los hierros bárbaros 

Que forja la opresión. 

Mueve tu hueste innúmera, 

Aguija tus ¿pidones; 

Tu aliento, como el ábrego, 

Sacuda los pendones 

Que encomendaste al Hércules 

Del mundo de Colon. 

Ya tu celeste oráculo 
Rujir cual trueno escucho: 
« Con fraternales vínculos 
« Los bravos de Ayacucho 
« Uniéronse; no el número 
« Les hizo allí vencer; 
« Austera virtud cívica 
« Nutrió sus grandes almas: 
« Así segaron vividas 
« Las triunfadoras palmas, 
« Cuyos marchitos vastagos 
« Aun pueden florecer. 

« ¡ Union ! . . . Y nueva Débora, 

« Oh patria agonizante ! 

« De la victoria el cántico 

« Entonarás triunfante, 

« Y cual radiosa pléyada, 

« Tu gloria brillará. 

« En vividores mármoles 

« Leerá la edad futura 

« Tu portentosa página, 

« Tu ingénita bravura, 



2Ó8 POETAS VENEZOLANOS 

« Y de tus nobles mártires 
« La suerte envidiará. » 

¿ Oís? Desde su trípode, 

Ardiendo el ojo en llama, 
Con sorda voz profética , 
« ¡ Union ! » la diosa clama, 
Y fulminosas ráfagas 
Agitan su broquel. . . . 
¡ Encantadora América, 
Región de los aromas, 
Donde suspiran lánguidas 
De Venus las palomas, 
Despierta ! . . . El orbe atónito 
Contempla tu laurel. 



Abigaíl Lozano. 



EL HOMBRE, EL CABALLO Y EL TORO 

A un caballo dio un toro tal cornada, 
Que en todo un mes no estuvo para nada. 
Restablecido y fuerte, 
Quiere vengar su afrenta con la muerte 
De su enemigo; pero como duda 
Si contra el asta fiera, puntiaguda, 
Arma serán sus cascos poderosa, 
Al hombre pide ayuda. 

«De mil amores, dice el hombre. ¿Hay cosa 
Más noble y digna del valor humano 
Que defender al flaco y desvalido, 

Y dar castigo á un ofensor villano? 
Llévame á cuestas tú, que eres fornido; 
Yo le mato, y negocio concluido.» 

Apercibidos van á maravilla 

Los aliados; lleva el hombre lanza, 

Riendas el buen rocin, y freno y silla; 

Y en el bruto feroz toman venganza. 
«Gracias por tu benévola asistencia , 
Dice el corcel; me vuelvo á mi querencia ; 
Desátame la cincha; y Dios te guarde!» 

«¿Cómo es eso? ¿Tamaño beneficio 

Pagas así?» — «Yo no pensé.. .» — «Ya es tarde 

Para pensar; estás á mi servicio; 



270 POETAS VENEZOLANOS 

Y quieras ó no quieras, 

En él has de vivir hasta que mueras.» 

Pueblos americanos, 

Si jamas olvidáis que sois hermanos, 

Y á la patria común, madre querida, 
Ensangrentáis en duelo fratricida, 

¡Ah! no invoquéis, por Dios, de gente extraña 

El costoso favor, falaz, precario, 

Más de temer que la enemiga saña. 

¿Ignoráis cuál ha sido su costumbre? 

Demandar por salario 

Tributo eterno y dura servidumbre. 

Andrés Sello. 



POETAS COLOMBIANOS 



NAPOLEÓN EN SANTA ELENA 

¿ Dónde estoy ? ¿ qué es de mí ? Yo , que podía 
Ser el libertador del mundo entero, 
Mísero y desgraciado prisionero 
Entre estas rocas ! . . . Mas la culpa es mia: 

Guando al pueblo mi espada defendía, 
Fui de todos los héroes el primero ! 
¡ Con qué orgullo la Francia á su guerrero 
De laurel inmortal la sien ceñía ! 

Hoy , sin gloria , en destierro ignominioso , 

Al sepulcro desciende el soberano 

A quien veinte monarcas se abatieron! 

Dijo , cruzó los brazos silencioso , 

Y los ojos del fuerte veterano , 

De dolor una vez se humedecieron . 

José Fernández Madrid. 



EN BOCA DEL ULTIMO INCA 

Ya de los blancos el cañón huyendo, 
Hoy á la falda del Pichincha vine, 
Como el sol vago, como el sol ardiente, 
Como el sol libre ! 

¡ Padre sol, oye ! Por el polvo yace 
De Manco el trono; profanadas gimen 
Tus santas aras; yo te ensalzo solo, 
Solo, mas libre ! 

Padre sol, oye ! Sobre mí la marca 
De los esclavos señalar no quise 
A las naciones; á matarme vengo, 
A morir libre ! 

Hoy podrás verme desde el mar lejano, 
Cuando comiences en ocaso á hundirte, 
Sobre la cima del volcan, tus himnos 
Cantando libre . 

Mañana solo, cuando ya de nuevo 
Por el oriente tu corona brille, 
Tu primer rayo dorará mi tumba, 
Mi tumba libre ! 

Sobre ella el cóndor bajará del cielo; 



276 POETAS COLOMBIANOS 

Sobre ella el cóndor que en las cumbres vive, 
Pondrá sus huevos y armará su nido, 
Ignoto y libre! 

José Ensebio Caro. 



LA NOCHE EN EL MAR 

fi. MI AMIGO ^. JVÍ. J3. 

¡ Adiós, mi amigo, adiós ! El corvo diente 
Soltó del ancla el fondo ribereño, 
Y henchida el alta lona, flota el leño 
Gomo el nido de un pájaro en el mar. 
Mi horizonte se ensancha : es el espacio ; 
Mi paso, un vuelo; el aquilón, mi aliento; 
Sólo es pequeño aquí mi pensamiento; 
Sólo yo traigo aquí duda y pesar. 

Vueltos los ojos á la comba playa, 
Que en línea azul el horizonte muestra, 
Tiendo hacia tí mi abandonada diestra, 
Vuelvo á la tuya mi espantada faz. 
Pero es en vano ya. Surco de espumas 
Rompe en las aguas la tremenda quilla: 
Tú te quedas pacífico en la orilla; 
Yo vuelo con el céfiro fugaz . 

Cual un punto á mi vista desparece 
El alto monte, rey de la ribera; 
Del mar, en tanto, tras la azul testera, 
Grande, redondo, el sol se va á apagar. 
La noche viene. Su cordón de estrellas 
Cruza en mil cintas el azul del cielo, 
Cual lentejuelas del inmenso velo 
Que está plegado ante el inmenso altar. 



278 POETAS COLOMBIANOS 



El silencio es tu voz, la paz tu aliento, 
Noche, que duermes sobre el mar callado, 
Abismo sobre abismo reclinado 
En la escala de abismos hasta Dios. 
Mas si guardas también en tu hondo seno 
La voz del duelo y el raudal del llanto, 
Desata ese raudal entre mi canto, 
Desprende de mis labios esa. voz. 

Con su perfil de luz se alza la ola 
Como la crin del mar que riza el viento, 

Y fecunda cual grande pensamiento, 
Cien nuevas olas hace borbotar. 

El mar, así en sus aguas y sus playas, 
Todo horizonte, toda zona encierra, 

Y ciñe entre sus brazos á la tierra 
En su tálamo hirviente ele coral. 

Él ve volar el tiempo hora tras hora; 
Retrata el cielo estrella por estrella; 
Mas ni el cielo ni el tiempo dejan huella 
En su hondo seno, ni en su móvil faz. 
Si onda de sangre hasta sus ondas corre, 
Purifica su linfa en la ribera; 
Hoy es terso y azul como antes era , 
El mar de Navarino y Trafalgar. 

i No ! Ya no quiero el arpa de amargura 
Que á el alma sólo su pasión recuerda; 
Yo la despedacé cuerda por cuerda, 

Y á la distante playa la arrojé. 
Brota el mar olas, como el alma ideas; 
Con el espacio crece el pensamiento; 
Quiero medir el mar, beber el viento; 
Aquí ya no suspiro: cantaré. 



POETAS COLOMBIANOS 279 

¡ Oh ! ¿ Quién aquí su bien ó mal no olvida? 
¿ Quién del mundo se acuerda ó de sí mismo ? 
De un abismo delante y de otro abismo, 
Entre el cielo y el mar, no hay sino Dios. 
Doquier que el alma en la mirada vuela, 
El infinito encuentra, de Dios huellas: 
Son las mil ondas y las mil estrellas 
Que cada cielo y cada mar da en pos. 

El lanza su rumor y su marea, 
Que sonante á la playa se desboca; 
Mas, ora dé en la arena, ora en la roca, 
Quiébrase en ella y. vuelve con clamor. 
Las aguas llegan y en el linde mugen; 
Cada corriente arrastra su cadena; 

Y en movedizo círculo de arena 
Mueren del mar oleages y rumor. 

Del alto monte y de las agrias rocas 
Ruedan hasta él hinchados los torrentes, 

Y arrastran mujidoras sus corrientes 
Los arroyos, los rios hasta él. 

Es su manto la aurora; el sol, su estrella; 
Los iris, sus rayadas aureolas; 
El céfiro, el suspiro de sus olas; 
El cielo ilimitado, su dosel .... 

Por un palmo de tierra divididas, 
Las naciones á guerra se llamaron; 
Mas los mares entre ellas se lanzaron, 

Y dieron por confín la inmensidad; 
La inmensidad, que Fulton algún dia 
Recojió como un polvo entre su mano, 
E hizo un pueblo, anudando el Océano, 
De toda la dispersa humanidad. 



28o POETAS COLOMBIANOS 

¡ Bello eres, mar ! Bajo tu manto de olas 
Otro universo inmenso se dilata, 
Do en nidos de coral, lechos de plata, 
Brilla el delfín y mora el Leviatan. 

Y es cada perla de tus hondas fuentes 
En tu cáliz de roca desatada, 
Globos de vida, límpida morada 
Donde mil seres en su mundo están. 

¡ Siempre sublime ! Ya cuando la calma 
La ola reclina sobre la ola inerme,, 

Y como infante que en la cuna duerme, 
Dueño de las tormentas, duermes tú; 

Y ya cuando, del fondo de tu abismo, 
Arrastrando la muerte entre sus alas, 
Brota armada y gigante como Palas, 
La tempestad sobre tu frente azul. 

Tú eres, mar, el coloso de mis sueños; 
Algo hacia tí mi espíritu atraía; 
Mi alma, estrecha doquier, en tí cabía; 
Yo concebí, al mirarte, el porvenir. 
¡ Qué mucho que, por verte, abandonara 
La dulce paz de mis nativos montes, 
Cuando viene á tus amplios horizontes 
El sol á contemplarte y á morir ! 

Santiago Pérez. 



EL CADÁVER DEL SALVAJE 

IMITACIÓN DE WILLIAM CULLEN BRYANT 

Llevadle, sí, llevadle á la llanura, 

Y sepultad allí su cuerpo yerto, 
Que la grama del campo y su verdura 
Deben ser la modesta sepultura 
Del hijo valeroso del desierto. 

Al despojo del hombre y á la muerte 
Debe el hombre respeto y sentimiento, 
Porque es siempre sagrado el polvo inerte 
Que fué templo del noble pensamiento 

Y animó Dios con su inmortal aliento. 

En su robusto pecho palpitaba 
Un corazón magnánimo y altivo, 

Y su mirada ardiente reflejaba 

El alma que sin mancha conservaba 
La grandeza del hombre primitivo. 

Del más grandioso ser que ha Dios formado, 
Su bella imagen, la criatura humana, 
Sólo queda ese resto inanimado, 
De cuya yerta sien será borrado 
El sello de su mano soberana. 



Ese hombre nunca conoció ciudades, 



282 POETAS COLOMBIANOS 

Ni admiró de sus artes el portento, 
Porque lejos del mundo y sus maldades, 
Vivió errante en las vastas soledades 
Bajo el palio turquí del firmamento. 

De tierra virgen hízolo la mano 

Que formó nuestra raza, y siempre unido 

A su montaña y al florido llano, 

Vivió de sus florestas soberano 

En el silencio de su aduar querido. 

Él amaba las brisas rumorosas 

Y de los montes la apacible sombra, 
El cielo azul, las noches silenciosas, 

Y las fuentes que ruedan bulliciosas 
De las llanuras por la verde alfombra. 

Hijo de las florestas, las quería 
Como á su patria y á su hogar nativo, 

Y en medio á la intemperie, allí vivia 
Sin resguardarse de la lluvia fria 

Ni de los rayos del calor estivo.. 

Con desden impasible desafiaba 
La tempestad y el pavoroso trueno, 
Las ondas con su brazo dominaba, 

Y con audaz arrojo se lanzaba 
De las cascadas al hirviente seno. 

Las vírgenes florestas que al salvaje 
Dan amparo , solaz , dicha y sustento , 
El árbol de magnífico follaje, 
Cuyos frutos doblegan su ramaje , 
Fueron su anhelo y todo su contento. 

Eran sus marchas en la selva umbría 



POETAS COLOMBIANOS 283 

Por los astros herniosos orientadas , 

Y con rumor , que él solo conocía , 
El suelo silencioso le advertía 

Del distante enemigo las pisadas. 

¡ Valiente raza que ha desparecido 
Con su historia y sus selvas seculares ! 
Una raza rival le ha sucedido 
Que altivos monumentos ha erigido 
Sobre el polvo infeliz de sus aduares. 

Su tierra es nuestra ; el agua de sus fuentes 
Apaga nuestra sed y nos. recrea; 
Mieses nos dan sus campos florecientes 

Y á nuestras bellas de nevadas frentes 
De su selva el ramaje las sombrea. 

¡Pobres indios! Sus bosques y el collado 
Donde al sol adoraban, son ya ajenos; 
Su suelo entero ha sido conquistado, 

Y nada, nada se les ha dejado. 

¡Que les queden sus tumbas á lo menos! 

Arcesio Escobar. 



UN RECUERDO A LA PATRIA 

¡ Bella es la Europa ! Ella guarda 

Bajo su manto de gloria, 

De cien naciones la historia, 

Cual tesoro secular. 

Es un santuario inmenso 

De arte, de luz y de ciencia, 

Cuya mágica opulencia 

Puede al alma fascinar. 

Pero ¡ ay ! do quier que mi mente 
La esperanza va buscando, 
Va también adivinando 
Una triste decepción .... 
Porque en medio de esta pompa, 
De este mundo de luz y oro, 
Le falta el mayor tesoro 
A mi amante corazón ! 

¿Cuál? Tú sabes, Josefina: 
En ese alfombrado suelo , 
Son las montañas , el cielo , 
La selva , el viento, la flor; 
Todo ese bello conjunto 
Que llaman « Patria natía » 
Que despierta noche y dia 
Nuestros recuerdos de amor 



286 POETAS COLOMBIANOS 

Peregrino de otro mundo, 
De saber y luz sediento , 
De uno en otro monumento 
La verdad buscando voy; 
Y perdido entre la turba, 
A cada voz que profiero, 
El eco dice : ¡ « Extranjero ! » 
Porque en otro mundo estoy . 

Entonces , indiferente 

A esta pompa que fascina, 

Mi espíritu, Josefina, 

Vuela en pos de otra región . . 

Que así cual ninguno iguala 

De una madre al dulce anhelo , 

Sólo el sol del patrio suelo 

Da calor al corazón. 

Allá , tras el lomo inquieto 
Del Océano profundo , 
Alza su mole otro mundo 
De esplendor meridional ; 
Tierra de amor y de vida , 
De sempiterna verdura , 
De incomparable hermosura , 
De grandeza tropical . 

¡ Colombia ! Su sólo nombre 
Es de la gloria un emblema'; 
Su historia es un gran poema 
De heroísmo y libertad! 
Yo amo su cielo, sus Andes, 
De sus bosques los conciertos, 
Sus solitarios desiertos 
De solemne* majestad; 



POETAS COLOMBIANOS 287 

Su gigantesco Tolima, 
Cubierto ele limpia escama; 
Su estupendo Tequendama, 
De magnífica explosión; 
Sus selvas donde el arroyo 
En blancos hilos asoma, 
O el torrente se desploma 
Sobre el cóncavo peñón. 

Amo su cóndor soberbio 

Y sus roncos huracanes. 
Sus escarpados volcanes 
Cuyo aliento hace temblar; 

Y sus rios que descienden 
Entre bosques de palmeras; 
Sus riquísimas praderas, 
Inmensas como la mar 

Ese es un mundo salvaje, 
Pero lleno de esperanza, 
Donde asoma en lontananza 
Portentoso porvenir. 
La libertad es su brillo, 
El heroismo su gloria: 
Por eso, con su memoria 
Siento el corazón latir. 

José María Samper. 



ORIGEN DE LA LENGUA CASTELLANA 

Una región lindísima demora 
Allende el mar,, y por el mar bañada, 
Que las cadenas del Pirene excelso 
Con el antiguo continente enlazan: 
La Thársis de fenicios y de hebreos, 
La Iberia que sus viajes limitaba, 
Del griego mercader última Hesperia, 
Del latino invasor altiva Hispania. 

Piérdese en la tiniebla del pasado 
De esta región la primitiva raza. 
Veintiocho siglos há, celtas veían 
Nacer el Tajo, el Ebro y el Guadiana, 
Viviendo entremezclados con los hijos 
De la agreste, la indómita Cantabria, 
Cuando ávida, Cartago les impuso 
Su comercio á la sombra de sus armas. 

Tan rica presa, tan feraz colonia, 

Asaltaron las águilas romanas, 

Y una vez y otra vez manchó la tierra 

Noble sangre vertida en las batallas; 

Repitiendo los ecos todavía, 

Sin distinción de tiempos ni comarcas, 

De monte en monte en funeral lamento, 

Las glorias de Sagunto y de Numancia. 



29O POETAS COLOMBIANOS 

Uncida al carro del augusto César, 
Por cuatro siglos recibió la España 
Lenguaje, ciencias, leyes y costumbres 
De la Roma imperial, potente y sabia. 
Pero enjambre de bárbaros venían, 
Y, á despecho de Roma, la asolaban, 

Y de suevos y vándalos hicieron 
Huellas de sangre por do quier las plantas. 

Y nuevas hordas que brotó la orilla 

Del Ponto Euxino y la oriental Asgarda, 
Lanzáronse sobre ella, sometiendo 
El latino poder á su pujanza. 
Dueños los visigodos de la tierra, 
Fundó su imperio el animoso Valia, 

Y Eurico y Alarico y Leovigildo 
Dictaron leyes á la gente hispana. 

Del un extremo al otro de la Europa 
Dos naciones innúmeras luchaban, 

Y las dos lenguas madres, confundidas, 

Y en una jerga bárbara mezcladas, 
Eran apenas la expresión del odio, 
De la necesidad ó la arrogancia; 

Y la de vencedores y vencidos 
Informe lengua, se llamó romana. 

Pueblos sin voluntad para el estudio 
Del idioma enemigo, en ignorancia 
La más profunda, por do quier cercados 
De obstáculos sin cuento, que se hallaban 
Sin guias, sin fijeza en un lenguaje 
Que cada cambio de señor cambiaba, 
Al fin hicieron, con sus mil dialectos, 
Una nueva Babel de la palabra. 



POETAS COLOMBIANOS 20J 

Mas la preciosa fuente primitiva, 
Cuyas reliquias el vascuence guarda, 
La Fenicia y Cartago enriquecieron, 

Y el copioso raudal entró en las aguas 
De esa mezcla teutónico-latina, 
Que, en distintos dialectos fracturada, 
Origen fué del habla que hoy ostenta 
Potente y rica sus egregias galas. 

Y cuando del ultraje de Florinda 

El conde Don Julián tomó venganza 
En Rodrigo, su rey, traidor trayendo 
Hasta Jerez las sarracenas lanzas 

Y fundando el poder de los Califas 
En lo más rico, lo mejor de España, 
Refugio y libertad dieron al godo 
Los peñascos de Asturias y Vizcaya. 

Y allá también con él llevó la informe 
Romana lengua, en que lanzó el hosana 
De victoria Pelayo en Covadonga, 

Y después de León en la esplanada 
El católico Alfonso, y Don García 
En toda la extensión de la Navarra, 

Y, andando el tiempo, en el confín del moro, 
De Aragón y Castilla los monarcas. 

Tantos pequeños reinos, divididos 
Por miras y pasiones encontradas, 
Que á palmos arrancados en la lucha 
Fueron al musulmán ; las recias vallas 
De situación, distancias y costumbres, 
Todo fué parte á confundir el habla, 

Y á producir dialectos que ha vencido 
La poderosa lengua castellana. 



292 POETAS COLOMBIANOS 

Clara, enérgica, fácil, melodiosa, 

Llena de magestad y de elegancia, 

De su base latina los sonidos 

Al nervio del teutónico y la audacia 

Sabe juntar, y amalgamar con ellos 

El tesoro poético de Arabia, 

Que, en sapiente raudal, la media luna 

Por ocho siglos derramó en España. 

Todo pueblo naciente cuyos labios 

Apenas articulan las palabras, 

Mas cuyamente abriga altos designios, 

Cuyo pecho acomete empresas arduas, 

Sus guerras, sus triunfos, sus desdichas, 

Sus caudillos, su amor, todo lo canta : 

La poesía, cuna de su lengua, 

La nutre, le da forma, la engalana. 

Y así en Castilla sucedió : las rimas 
De trova montaraz, desaliñada, 
Sirvieron al amor, á la belleza, 

Al son caballeresco de las armas, 

Y al espíritu audaz y religioso 

De la Edad Media. Desplegó sus alas 
Años después la musa de Castilla, 

Y alzóse al éter sonorosa y blanda. 

Los sencillos cantares que enaltecen 
Del Cid Vivar las ínclitas hazañas,, 
Son la joya primera recogida 
Por esos tiempos en la ciencia gaya ; 

Y Berceo y el sabio Don Alfonso, 
El príncipe Manuel, Castro y Ayala, 

Y el de Villena y Santillana y otros, 
Los arrullos rimaron de su infancia. 



POETAS COLOMBIANOS 293 

Tal fué la cuna, tales los vagidos 
Del que ahora en el ámbito de España 
Único idioma y absoluto reina ; 
Del que reina en la tierra americana 
Que descubrió Colon, y sometieron 
Los Pizarros, Corteses y Quesaclas, 

Y del que puede con razón decirse 
Que no se pone el sol en sus comarcas. 

Si el cielo azul, si escenas pintorescas, 
Si el aromoso ambiente y brisas blandas 
Diéronle fuerzas, giros y dulzura 
Allá donde la mente estuvo esclava, 
¿ Qué no podrá esperar de estas regiones 
De torrentes y valles y montañas, 
Que en veste virginal, con voz sublime, 
La libertad del pensamiento aclaman ? 

¿ Qué no podrá esperar si en algún dia 
Los dispersos fragmentos de su raza, 
En la patria común del patrio idioma, 
Dan á las letras y al saber morada ? 
Se abrirá nuevo campo á sus conquistas, 
De otros lauros será su sien orlada, 
Lucirán en su cielo otras estrellas, 

Y ecos sin fin pregonarán su fama. 

Lorenzo María Lleras. 



A MI PATRIA 

Dos leones del desierto en las arenas, 
De poderosos celos impelidos, 
Luchan lanzando de dolor bramidos 

Y roja espuma de sus fauces llenas. 

Al estrecharse, erizan las melenas, 

Y tras nubes de polvo confundidos, 
Vellones dejan al rodar caídos, 
Tintos en sangre de sus rotas venas. 

La noche allí los cubrirá lidiando . . . 
Rugen aún . . . Cadáveres la aurora 
Sólo hallará sobre la pampa fria. 

Delirante, sin fruto batallando, 

El pueblo dividido se devora; 

¡ Y son leones tus bandos, patria mia ! 

Jorge Isaacs. 



POETAS CENTRO-AMERICANOS 



EL VENADO, LA SERPIENTE Y LA PALOMA 

Por una vereda estrecha 
Un ciervo se dirigía 
A una siembra de sandía 
Que se hallaba ya en cosecha. 

Aunque este bruto es hermoso 
Por su figura elegante, 
Hace muy mal caminante 
Por lo cobarde y medroso. 

Del más leve movimiento 
Entre las hojas, recela; 
De un paj arillo que vuela, 
Del ruido que causa el viento. 

Pausadamente camina; 
Á cada paso orejea; 
Todo cuanto le rodea 
Con atención examina. 

Parando, pues, de este modo, 

Y andando por intervalos, 
Llegó á una puente ele palos, 
Puesta por el mucho lodo. 

Tímido aquí se retrae, 

Y circuí ármente mira, 



300 POETAS CENTRO-AMERICANOS 

Una oreja atrás retira, 

Y otra' por delante atrae. 

Elevada la cabeza, 
Hiere con la mano el suelo; 
Para el rabo pequefmelo, 
Que sacude con viveza. 

A tocias partes se vuelve, 

Y no viendo otros senderos, 
Continuar por los maderos 
Su caminata resuelve. 

Pero al dar el primer paso, 
Silbó una astuta serpiente, 
Diciéndole: «Hola! detente, 
« Y evitarás un fracaso. 

« Yo vi al hombre fraudulento 
« Que estaba con mil fatigas 
« Acomodando esas vigas, 
« Aunque ignoro con qué intento. 

« Con todo, no dificulto, 

« Siendo del hombre tai obra, 

« En quien la malicia sobra, 

« Que ha de haber engaño oculto. 

« Si te pareciere vano 

« Mi recelo, yo te juro 

« Que no pondrás pié seguro 

« Donde el hombre ha puesto mano». 

No sabe entonces, suspenso, 
Qué hacerse el pobre animal, 
Porque el dicho lodazal 
En longitud era inmenso. 



POETAS CENTRO-AMERICANOS 30] 

Por el tiro más estrecho 
De latitud, es muy largo 
Para el salto; sin embargo, 
Brinca y se atolla hasta el pecho. 

Su corpulencia le vale, 

Y con diligencia mucha 
Contra el lodo espeso lucha, 

Y á la orilla opuesta sale. 

Al fin ya de la jornada, 
Enlodado, sucio y puerco, 
Se vio delante del cerco 
De aquella fruta vedada. 

Iba á entrar, sin embargo, 
Por un portillo, y observa 
Que oculto bajo la yerba 
Estaba por dentro un lazo. 

Suspéndese vacilante, 

Y entre las ramas se asoma 
Una sencilla paloma 
Diciendo : « Pase adelante; 

« No ponga reparo, amigo: 
« Nada hay aquí que le asombre: 
« Yo miro salir al hombre 
« Y entrar por ese postigo. 

« Siendo él tan sabio y experto, 
« Libre va que se expusiera 
« A ningún riesgo, aunque fuera 
« Remoto y el más incierto. » 

Hé aquí nuestro venado 



302 POETAS CENTRO-AMERICANOS 

Se anima, y al punto entra,, 
Sin saber cómo se encuentra 
Por el pescuezo lazado. 



Brinca con esfuerzo y salta 
Tira, jala y se despecha, 
El lazo más se le estrecha, 

Y el aliento ya le falta. 

Con voz ronca y oprimida 
Dijo por la última vez : 
« La prudencia y sencillez 
« Son peligros de la vida. > 

Tierna juventud humana 
De este siglo diez y nueve, 
Al Evangelio se debe 
La máxima soberana: 

Simplicidad imprudente 
Es paloma peligrosa, 

Y prudencia maliciosa 
Es mortífera serpiente. 



Llegó al colmo de la ciencia 
Quien unir á un tiempo sabe 
De este reptil y aquella ave 
Lá sencillez y prudencia. 



García Oroyena. 



POETAS MEJICANOS 



LA MAÑANA 

Ya se asoma la candida mañana 
Con su rostro apacible; el horizonte 
Se baña de una luz resplandeciente, 
Que hace brillar la cara de los cielos. 

Huyen como azoradas las tinieblas 
A la parte contraria. Nuestro globo, 
Que estaba, al parecer, como suspenso 
Por la pesada mano de la noche, 
Sobre sus firmes ejes me parece 
Que lo siento rodar. En un instante 
Se derrama el placer por todo el mundo. 

¡ Agradable espectáculo ! ¿ Qué pecho 
No se siente agitado si contempla 
La milagrosa luz dej almo dia ? 
Ya comienza á volar el aire fresco, 

Y á sus vitales soplos se restauran 
Tocios los seres que hermosean la tierra. 
El ámbar de las flores ya se exhala, 

Y suaviza la atmósfera; las plantas 
Reviven todas en el verde valle 
Con el jugo sutil que les discurre 
Por sus secretas, delicadas venas. 
Alegre la feraz naturaleza, 

Se levanta risueña y agradable; 
Parece, cuando empieza su ejercicio, 



306 POETAS MEJICANOS 



Que una mano invisible la despierta. 
Retumban los collados con las voces 
De las cantoras, inocentes aves; 
Susurran las frondosas arboledas, 

Y el arroyuelo brinca, y mueve un ronco, 
Pero alegre murmullo entre las piedras. 

¡ Qué horas tan saludables en el campo, 
Son éstas de la luz madrugadora, 
Que los lánguidos miembros vigorizan, 

Y que malogran en mullidos lechos 
Los pálidos y entecos ciudadanos ! 
Tocio excita en el alma un placer vivo, 
Que con secreto impulso la levanta 

Á grandes y sublimes pensamientos. 
Todo lleva el carácter estampado 
De su Hacedor eterno. Allá, á su modo, 
Parecen alabar todos los seres 
La mano liberal que los produce. 
Todo se pone en pronto movimiento: 
Cada cual de los simples habitantes 
Comienza su ejercicio con el dia. 
Tras su manada de corderos blancos 
Leda la pastorcilla se entretiene 
Tejiendo una guirnalda, que matiza 
De varias flores para su alba frente. 
El vaquero gobierna su ganado, 
Que se dilata en el hermoso ejido. 
El labrador robusto se dispone 
Para el cultivo del terreno fértil. 
Voime al sembrado que la Providencia 
Con su invisible diestra me señala; 
Sufriré el sol ardiente, pero alegre 
Con los frutos sazones y abundantes 
Que los sulcos me dan: ¡qué beneficio! 
Apagado el bochorno de la tarde, 
Me volveré á mi choza apetecible, 



POETAS MEJICANOS 307 



Morada ele la paz y de los gustos, 
Donde mi esposa dulce ya me espera 
Con sus brazos abiertos; mis hijitos, 
Después de recibirme con mil fiestas, 
Penderán ele mi cuello. Ciertamente 
Que vendré á ser entonces como el árbol 
De que cuelgan racimos los más dulces. 
¿Y he de trocar, entonces, mi cabana, 
Aunque estrecha y humilde, por el grande 
Y soberbio palacio, donde brilla, 
Como el sol en su esfera, un señor rico, 
Pisando alfombras con relieves de oro ? 
Nada menos. Tampoco este instrumento, 
Este instrumento rústico y grosero, 
Bienhechor, que me da lo necesario 
En tocias las urgencias de mi vida, 
Por el cetro brillante que un monarca 
Empuña con su diestra poderosa. 
No cabe el gozo dentro de mi pecho, 
Ni de alabar me canso en la mañana 
Al padre universal de las criaturas, 
Que miro en esa luz madrugadora, 
Sin dejarlo de ver en las restantes 
Producciones tan grandes de su seno. 
¡Oh cuántas, cuáles son y qué admirables! 
Pero ninguna como el alba hermosa, 
Que parece que á todos les da vida, 
En viéndoles la luz de su semblante. 



¡Oh, risa de los cielos y alegría 

De estos campos felices! Precursora 

De los rayos del sol, yo te saludo. 

Las frescas sombras, las campiñas verdes 

Las fuentes claras, los favonios blandos, 

Las aves dulces y las flores tiernas 

Te saludan también, allá á su modo. 



308 POETAS MEJICANOS 



Su faz hermosa la naturaleza 
Sacar parece del sepulcro ahora; 
Todos sus entes cobran nueva vida 
A tu presencia dulce y agradable. 
Corren las fieras á sus cuevas hondas, 
Brincan las cabras, los corderos balan, 
Llaman las vacas á sus becerrillos, 
Mugen los toros y responde el eco 
Que saje de los montes retumbando. 
Los pastorcillos y las zagalejas 
Sonoros himnos cantan al eterno 
Autor que baña tu semblante hermoso 
De tan alegre luz por la mañana. 



Fray Manuel Navarrete. 



AL GRAN MORELOS 

Á combatir te lanzas iracundo; 

El español en vano te resiste, 

Que en tu mente de fuego concebiste 

El pensamiento en glorias más fecundo. 

Y despertaste al pueblo del profundo 
Letargo en que yaciera esclavo triste, 
Cuando con voz de trueno le dijiste: 
«¡Viva la libertad del Nuevo Mundo!» 

Méjico te comprende, héroe gigante. 

Y del trono que eterno parecía, 

¿Qué se hicieron las bases de diamante? 

Tres siglos de opresión y tiranía 
Al brillo de tu espada fulminante 
A tus plantas cayeron en un dia 

Joaquín Télles. 



EN LA MUERTE 

DEL pENERAL JZaRAGOZA 

Pálida está la frente 

Que con divino rayo 
De luz brillante circundó la gloria, 
Al alumbrar su espléndida victoria 
El quinto sol del memorando Mayo; 

Apagada la ardiente, 

Eléctrica mirada 
Que al enemigo de terror cubriera, 
Que cual vivo relámpago luciera 
Para anunciar el rayo de su espada. 

Está ya el labio mudo, 
Que, apenas se movía, 
Agitaba terribles batallones, 
Jinetes y corceles y cañones, 
Y, mandaba vencer, y se vencía; 

Yerto el brazo nervudo, 
Nunca al afán rendido, 
Asolación del galo aventurero, 
Y, al envainar el victorioso acero, 
Noble sosten y amparo del vencido. 

Inmóvil yace, inerte 



312 POETAS MEJICANOS 



Dentro del pecho frío, 
El corazón en el valor templado, 
De capilan y de último soldado 
Noble modelo de constancia y brio. 

¡Duerme ya el hombre fuerte 

En eterno letargo, 
El hijo que á su patria dar debía 
Con su victoria el más glorioso dia, 
Con su temprana muerte el más amargo! 

Hoy el galo se goza, 

De vergüenza desnudo, 
Viendo que el rostro nos volvió la suerte,' 
Viendo que aleve derribó la muerte 
Al que vencer su ejército no pudo. 

« No existe Zaragoza: 

« Inerme está la diestra ■ 
« Que en ocio vergonzoso nos mantiene. 
« Ya murió el .vencedor: ¿quién nos detiene? 
« ¡A combatir, que la victoria es nuestra! 

« Las águilas augustas, 
« Que ya han tendido el vuelo, 
« Victoriosas do quiera en la pelea, 
« En África y en Asia y en Crimea, 
« En Magenta, Pallestro y Montebello, 

« Agitarán robustas 

« Sus alas magestuosas, 
« Y, atravesando raudas el espacio, 
« Irán á reposar en el palacio 
« En que tú, bella Méjico, reposas. 

« Allí, en cercano dia, 



POETAS MEJICANOS 313 



« De Luis soldados fieles, 
« De oro, de gloria y de placeres llenos, 
« Reclinaremos en hermosos senos 
« Nuestras frentes, cubiertas de laureles ». 

Así, conburla impía 

Los invasores claman; 
Y, al escuchar su risa mofadora, 
Olvido este pesar que me devora, 

Y la venganza y el valor me inflaman. 

Lloremos, mejicanos; 
Mas breve el llanto sea, 

Y dejemos el llanto por la espada, 
¡Ay! para que de Francia la mirada 
Estas acerbas lágrimas no vea. 

Juntemos nuestras manos 
En la tumba que encierra 
Los venerandos restos del guerrero, 

Y pronunciando nuestro adiós postrero, 
Sólo se oigan después gritos de guerra. 

¡Guerra, sí, patria mia! 

Guerra por tus montañas, 
Guerra por tus inmensas soledades, 
Guerra por tus caminos y ciudades, 
Guerra en los templos, guerra en las cabanas! 

Tiempo sobrará un dia 
De llorar al que muera; 
El soldado inmortal que tú perdiste 

Y con su grande espíritu te asiste, 
No quiere llanto ya: triunfos espera. 

José Fernández. 



LA CAMELIA 

Hoy que te miro á mi lado 
Tan feliz y tan risueña, 
Voy á referirte, Mina, 
La historia de una camelia. 

Doce mayos han contado 
Tu juventud hechicera, 

Y nunca viste á las flores 
Marchitas sobre la tierra. 

Siempre del tallo flexible 
Las arrancaste contenta, 
Sin reparar que en el suelo 
Hollabas las flores muertas. 

Mas eso no me sorprende, 

Y eso tan sólo me prueba 
Que tus ojos no han llorado 

Y que aun guardas tu inocencia. 



I 



Allá en el jardin de Celia, 
La amiga de tu niñez, 
Ostentaba su esbeltez 
Una pomposa camelia. 



316 POETAS MEJICANOS 



Era la flor un tesoro, 
Guardando sus hojas bellas, 
Aprisionadas entre ellas, 
Semillas menudas de oro. 

Celia, con amante exceso 
La quiso, y cada mañana 
Iba á regalarle ufana 
Un pensamiento y un beso. 

Sobre del césped tendida, 
Halagando sus antojos, 
Clavando en ella los ojos 
Con el alma embebecida, 

En un éxtasis de amor, 
Tras emociones sinceras, 
Pasaban horas enteras, 
Juntas la niña y la flor. 



II 



Y un dia la dijo Alfredo 

( El primo hermano de Celia): 
— Prima, ¿me das tu camelia? 

Y ella contestóle: — No. 

Él entonces suplicante 
Ante sus plantas se arroja: 
— Dame siquiera una hoja. 
¡ Ay ! y Celia se la dio. 

A la mañana siguiente 
Alfredo otra vez la mira, 
Contempla la flor, suspira, 

Y una esperanza entre vio. 



POETAS MEJICANOS 317 



— ¿No me das la flor entera? 
— No, Alfredo, ve que me enojas. 
— Dame siquiera dos hojas. 
¡ Ay ! y Celia se las dio. 

De nuevo al brillar el alba 
Volvió junto á Celia Alfredo: 
— ¿Me das la flor? — ¡Ay! no puedo. 
Mas el galán sollozó. 

— ¿Me amas mucho, Celia mia? 
— Tú sólo á mí me acongojas. 
— Dame siquiera tres hojas. 
Ay! y Celia se las dio. 

III 

Luego cuatro y otras más, 
Y la flor de lindas hojas, 
Perdió aquellas tintas rojas 
Que ya no vuelven jamas! .... 



Sin hojas se queda al fin, 

Y Celia, muerta de miedo, 
Fuese á esperar á su Alfredo. . 

Y Alfredo no fué al jardin. 

¡Ay desdichada de Celia! 
No tiene esperanza alguna, 
Pues fué dando una por una 
Las hojas de su camelia! 

No tiene amante ni flor, 

Y allá en las hojas marchitas, 
Vio las páginas escritas 

De su desgraciado amor! 



3 l8 POETAS MEJICANOS 



IV 

Hoy que te miré á mi lado 
Tan feliz y tan risueña, 
Quise referirte, Mina, 
La historia de una camelia. 

Tú llevas dentro del pecho 
Una flor lo mismo que ésa: 
De tu corazón las hojas 
No malogres como Celia. 

Adiós, y siempre que mires 
Flores mustias por la tierra, 
Quiera Dios que nunca llores, 
Y que guardes tu inocencia. 



José Peón Contreras. 



AL PABELLÓN NACIONAL 

Bendito seas, pabellón hermoso, 
Pabellón que acaricia la victoria, 
Epopeya de un pueblo generoso, 
Emblema del honor y de la gloria. 

Cuando así te contemplo enaltecido, 
Hasta el cielo se eleva el pensamiento, 
Y el corazón se agita estremecido 
De orgullo, de placer, de sentimiento. 

Tú eres la historia, de heroísmo llena, 
De este pueblo magnánimo y valiente, 
Que rompió, despertando, su cadena, 
Del extranjero déspota en la frente. 

En tí cifra su gloria y sus amores 
La nación favorita ele los cielos: 
Tú simbolizas con tus tres colores 
La libertad del pueblo de Morelos. 

¡ Cuan hermoso y cuan grande me pareces 
Cuando al son del airado torbellino, 
Orgulloso en la atmósfera te meces, 
Al sol brillando tu esplendor divino ! 

Sigue siempre orgulloso de los vientos; 
Sigue flotando así, sigue flotando, 



320 POETAS MEJICANOS 



De la patria en los altos monumentos, 
La santa libertad simbolizando. 

Feliz el que en tu amor siempre ha vivido. 
Desdichado el que bárbaro te ofende, 
Porque Dios te bendice conmovido 
Y un poderoso pueblo te defiende ! 

Hoy por tí las naciones soberanas 
Sobre la Francia arrojan su anatema, 
Porque hoy hasta en las zonas más lejanas, 
De honor y libertad eres emblema. 

Tú alimentas el santo sentimiento 
Que á un porvenir espléndido nos guia; 
Tú inspiras el valor y el ardimiento; 
Tú eres la gloria de la patria mia. 

El pueblo, por tu amor, se alza gigante, 
Formando donde estás una muralla; 
Por tu amor, hasta el niño vacilante 
Corre á buscar la gloria en la batalla. 

De la muerte el guerrero no se asombra, 
Ni ele la augustia siente los dolores, 
Guando muere al abrigo de tu sombra, 
Mirando, al espirar, tus tres colores. 

Bendito sea el inmortal destino 
Que el Dios de las naciones te señala; 
Bendito sea tu esplendor divino; 
Bendito seas., pabellón de iguala. 

Yo, con el ansia de mi amor, anhelo 

Que en donde quiera triunfen tus legiones; 

Que bendito te mires por el cielo; 

Que deslumbre tu gloria á las naciones. 



POETAS MEJICANOS 32 I 



Que ante el valor del pueblo que te adora, 
Perdón pidiendo el invasor sucumba, 
Y te halle al despuntar la nueva aurora, 
Del extranjero ejército en la tumba 



Pero ¡ay! deliro; mi ansiedad es vana; 
Se apagó nuestro espíritu guerrero; 

Y en donde flotas hoy, veré mañana 
Flotar el pabellón del extranjero. 

¡Ay! de la Francia el águila impaciente 
Tal vez mañana volará tranquila 
Desde el confín de Yucatán ardiente 
Hasta la playa del undoso Gila. 

¡Otro estandarte alumbrarán los cielos 
En donde hoy victorioso te levantas, 

Y gemirán los hijos de Morelos 

De un extranjero déspota á las plantas! 

¡La libertad á tierra muy lejana 
Se- irá llorando con dolor profundo; 

Y desgarrado tú, serás mañana 
El escarnio y la fábula del mundo! 

¡Nos mirarán lanzando lastimeros, 
Los guerreros de Europa los más bravos 
En vez de la canción de los guerreros, 
El grito de dolor de los esclavos! 

¡Implorando del galo una mirada, 
Suspiraremos lánguida querella, 

Y hundiremos la frente ensangrentada 
¡Ay! en el polvo que su planta huella! 



322 POETAS MEJICANOS 



Victoriosos y avaros de laureles, 
Los nuestros ceñirán los invasores, 
Y te hollarán los pies de sus corceles, 
¡Sagrado pabellón de tres colores! 

¿Será vuestro señor el galo impío, 

Será la esclavitud nuestra existencia? 

¡No! Tan inmenso deshonor, Dios mió, 

No puede permitir la Providencia. 

¡Justo Dios! Que nos hieran tus rigores, 
Que ya no tenga compasión la muerte, 

Que nos abrasen rayos vengadores 

Pero no nos humilles de esa suerte! 



Antes que el mundo nuestra infamia vea, 
Antes que llegue tan fatal momento, 
Polvo mil veces nuestra patria sea, 
Polvo que arrastre sin piedad el viento. 

Entre tanto que el galo nos destroza, 
No permanezcan quietas nuestras manos: 
Desde el cielo nos mira Zaragoza: 
O libertad ó muerte, mejicanos! 

Hoy en la guerra está la independencia. 
¡Guerra, sí, que por siempre al mundo asombre! 
¡Guerra para salvar nuestra existencia! 
¡Guerra por el honor de nuestro nombre! 



Que el corazón altivo nos abrase 
Rencor de muerte despiadado y ciego, 
Para que halle el francés por donde pase, 
Luto y desolación y sangre y fuego! 



Soberbio avanza el invasor impío 



POETAS MEJICANOS 3 2} 



¡Gran Dios! ¡Qué mengua! Nuestra ruina es cierta. 
¿En dónde estás, Hidalgo, padre mió? 
¡Libertador de Méjico, despierta! 

Deja un instante tu sepulcro helado; 
Rayos de indignación lancen tus ojos, 
Y á defender levántate irritado, 
El pabellón que cubre tus despojos. 

Siento que el fuego del valor me inflama, 
Siento la dulce fe de la esperanza. . . . 
¡Guerra al conquistador que nos infama! 
¡Guerra al conquistador, guerra y venganza! 

Que nunca, por piedad, haya tiranos 
Donde hoy la santa libertad impera; 
Que no se vea en extranjeras manos 
Nuestra adorada tricolor bandera! 

Suceda una batalla á otra batalla; 
Enfurecido el hierro se despierte; 
Lance el cañón torrentes de metralla. . . . 
¡Muerte ó victoria, libertad ó muerte! 

Destroza, ¡oh patria! la soberbia impía 
De esos soldados que humillarte quieren; 
Animo y esperanza, patria mia! 
¡Dios es Dios, y los pueblos nunca mueren! 



Y tú no temas, pabellón querido, 
Ya no temas al galo que te ofende, 
Porque Dios te bendice conmovido 

Y un poderoso pueblo te defiende. 

¡Honor y gloria, pabellón hermoso, 
Monumento que asombra á las edades. 



?24 POETAS MEJICANOS 



Epopeya de un pueblo generoso, 
Símbolo de las patrias libertades! 

Plegué á Dios que, cual nuncio ele victoria, 
Te respeten los pueblos de la tierra; 
Que eternices de Méjico la gloria 
En medio de la paz y de la guerra! 

Y que siempre en los altos monumentos, 
Vencedor de los siglos vencedores^ 

Te acaricien las ondas de los vientos 

Y brillen con el sol tus tres colores! 

José llosas. 



POETAS CUBANOS 



ÁL NIÁGARA 

Templad mi lira, dádmela, que siento 
En mi alma estremecida y agitada 
Arder la inspiración. ¡Oh! cuánto tiempo 
En tinieblas pasó, sin que mi frente 
Brillase con su luz!... Niágara undoso, 
Tu sublime terror sólo podría 
Tornarme el don divino, que ensañada 
Me robó del dolor la mano impía. 

Torrente prodigioso, calma, acalla 
Tu trueno aterrador; disipa un tanto 
Las tinieblas que en torno te circundan; 
Déjame contemplar tu faz serena, 
Y de entusiasmo ardiente mi alma llena. 
Yo digno soy de contemplarte: siempre 
Lo común y mezquino desdeñando, 
Ansié por lo terrífico y sublime; 
Al despeñarse el huracán furioso, 
Al retumbar sobre mi frente el rayo, 
Palpitando gocé. Vi al océano, 
Azotado por austro proceloso, 
Combatir mi bajel, y ante mis plantas 
Vórtice hirviente abrir; y amé el peligro. 
Mas del mar la fiereza 
En mi alma no produjo 
La profunda impresión que tu grandeza. 



328 POETAS CUBANOS 



Sereno corres, majestuoso, y luego 
En ásperos peñascos quebrantado, 
Te abalanzas violento, arrebatado, 
Como el destino irresistible y ciego. 
¿Qué voz humana describir podría 
De la sirte rugiente 
La aterradora faz? El alma mia 
En vago pensamiento se confunde 
Al mirar esa férvida corriente, 
Que en vano quiere la turbada vista 
En su vuelo seguir al borde oscuro 
Del precipicio altísimo: mil olas, 
Cual pensamientos rápidas pasando, 
Chocan y se enfurecen, 

Y otras mil y otras mil ya las alcanzan, 

Y entre espuma y fragor desaparecen. 
Ved! llegan, saltan! El abismo horrendo 
Devora los torrentes despeñados: 
Crúzanse en él mil iris, y asordados 
Vuelven los bosques el fragor tremendo. 
En las rígidas peñas 

Rómpese el agua: vaporosa nube 
Con elástica fuerza 
Llena el abismo en torbellino, sube, 
Gira en torno, y al éter 
Luminosa pirámide levanta, 

Y por sobre los montes que le cercan 
Al solitario cazador espanta. 

Mas ¿qué en tí busca mi anhelante vista 
Con inútil afán? ¿Por qué no miro 
Alrededor de tu caverna inmensa, 
Las palmas ¡ay! las palmas deliciosas 
Que en las llanuras de mi ardiente patria 
Nacen del sol á la sonrisa y crecen, 

Y al soplo de las brisas del océano 
Bajo un cielo purísimo se mecen? 



POETAS CUBANOS 329 



Este recuerdo á mi pesar me viene 

Nada, ¡oh Niágara! falta á tu destino, 

Ni otra corona que el agreste pino 

A tu terrible magestad conviene 

La palma y mirto y delicada rosa, 

Muelle placer inspiran y ocio blando 

En frivolo jardin: á tí la suerte 

Guardó más digno objeto, más sublime; 

El alma libre, generosa, fuerte, 

Viene, te ve, se asombra, 

El mezquino deleite menosprecia, 

Y áün se siente elevar cuando te nombra. 

Omnipotente Dios! En otros climas 
Vi monstruos execrables 
Blasfemando tu nombre sacrosanto, 
Sembrar error y fanatismo impío, 
Los campos inundar en sangre y llanto, 
De hermanos atizar la infanda guerra, 

Y desolar frenéticos la tierra. 

Vílos, y el pecho se inflamó á su vista 
En grave indignación. Por otra parle 
Vi mentidos filósofos que osaban 
Escrutar tus misterios, ultrajarte, 

Y de impiedad al lamentable abismo 
A los míseros hombres arrastraban. 
Por eso te buscó mi débil mente 
.En la sublime soledad: ahora 
Entera se abre á tí; tu mano siente 
En esta inmensidad que me circunda, 

Y tu profunda voz hiere mi seno 
De este raudal en el eterno trueno. 



¡Asombroso torrente! 
¡Cómo tu vista el ánimo enajena, 
Y .de terror y admiración me llena! 



330 POETAS CUBANOS 



¿Do tu origen está? ¿Quién fertiliza 

Por tantos siglos tu inexausta fuente? 

¿Qué poderosa mano 

Hace que al recibirte 

No rebose en la tierra el océano? 

Abrió el Señor su mano omnipotente, 
Cubrió tu faz de nubes agitadas, 
Dio su voz á tus aguas despeñadas, 

Y ornó con su arco tu terrible frente. 
Ciego, profundo, infatigable corres, 
Como el torrente oscuro de los siglos 
En insondable eternidad !... Al hombre 
Huyen así las ilusiones gratas, 

Los florecientes dias, 

Y despierta' al dolor! . . . Ay! agostada 
Siento mi juventud, mi faz marchita, 

Y la profunda pena que me agita 
Ruga mi frente, de dolor nublada. 

Nunca tanto sentí como este dia 
Mi soledad y mísero abandono 

Y lamentable desamor. . . . ¿Podría 
En edad borrascosa 

Sin amor ser feliz? Oh! si una hermosa 
Mi cariño fijase, 

Y de este abismo al borde turbulento 
Mi vago pensamiento 

Y ardiente admiración acompañase! 
Cómo gozara, viéndola cubrirse 
De leve palidez y ser más bella 

En su dulce terror, y sonreírse, 
Al sostenerla mjs amantes brazos!.. 
¡Delirio de virtud! Ay! desterrado, 
Sin patria, sin amores, 
Sólo miro ante mí llanto y dolores. 



POETAS CUBANOS ¿¿ I 



¡Niágara poderoso! 
Adiós! adiós! Dentro de pocos años 
Ya devorado habrá la tumba fria 
A tu débil cantor. Duren mis versos 
Cual tu gloria inmortal! Pueda piadoso, 
Viéndote algún viajero, 
Dar un suspiro á la memoria mia! 

Y al abismarse Febo en occidente, 
Feliz yo vuele do el Señor me llama, 

Y al escuchar los ecos de mi fama 
Alce en las nubes la radiosa frente. 



José María Heredia. 



A WASHINGTON 

No en lo pasado á tu virtud modelo., 
Ni copia al porvenir dará la historia, 
Ni el laurel inmortal de tu victoria 
Marchitarán los siglos en su vuelo. 

Si con rasgos de sangre guarda el suelo 
Del coloso del Sena la memoria, 
Cual astro puro brillará tu gloria, 
Nunca empañada por oscuro velo. 

Mientras la fama las virtudes cuente 
Del héroe ilustre que cadenas lima 
Y á la cerviz de los tiranos doma, 

Alza gozosa, América, tu frente, 

Que al Cincinato que formó tu clima 

Le admira el mundo, y te lo envidia Roma. 

Gertrudis Gómez de Avellaneda. 



DOS LAUDES 

fc don JIamon Palma 

Sólo y sentado en la mojada peña, 
Contempla el pescador'la mar tranquila, 
Oye su voz armónica, halagüeña, 

Y sin saber por qué cuando cavila, 

Se abre su labio en contracción risueña. 

Y es que un dulce recuerdo le retrata 
La choza paternal de forma chata 
Que allá en el fin del arenal divisa; 

Ve de su techo el humo, y que la brisa, 
En revoltosos giros lo arrebata. 

Y todo embebecido en su memoria, 
Se pone á ver que fué dia tras dia 
Su amigo su batel, la red su gloria, 

Y que él, hijo del mar, tiene una historia 
Que en noche de huracán divertiría. 

Todo esto alegra al pescador honrado; 
Pero si viese, cavilando en esto, 
Pasar no muy distante, bien pintado, 
Otro batel que boga de costado, 

Y así va más airoso, y va más presto; 

Otro batel que hiende la bahía 



¿¿6 POETAS CUBANOS 



Y besan su timón ola tras ola, 

Por el valor con que á la mar se fía, 
Mientras que con gentil coquetería 
Danzando al aire va su banderola, 

Entonces ¡ay! el pescador, quejoso, 
Con indecible envidia y amargura 
Verá pasar el botecillo airoso, 

Y llamará barquero venturoso 

Quien da tal vela al viento que murmura. 

Asi al oír el solitario canto 

De ese laúd que dedicaste al llanto, 

Al casto amor y á la ilusión tronchada, 

De noble emulación atormentada 

Te sigue el alma y se enternece en tanto. 

Que yo sentí también la dura huella 
De algún pesar con que la mente angustio, 
Aunque amando los dos distinta estrella, 
Tú has evocado al descontento mustio 

Y yo he cantado á la esperanza bella. 

Y me es dulce pensar que en esta vida, 
Saludándose siempre nuestras manos 
Como quien, dice adiós, pero no olvida, 
Tú por senda riscosa y yo florida, 
En sentir y cantar somos hermanos. 

Ambos latimos con afecto puro 

Por esta Cuba, en que la noche mora, 

Y como el ave entre el ramaje oscuro, 
Al horizonte ensordecido y duro 
Pedimos ambos la benigna aurora. 

Ambos con entusiasmo y embeleso 



POETAS CUBANOS 337 



Notamos ya la claridad que asoma; 
Y con el gozo en el semblante impreso, 
Vemos que al pié de la difícil loma 
Clava la planta el vencedor progreso. 

El alma ardiente apresurar querría 
Su lento andar por la encumbrada vía: 
Por eso mismo al exhalar tu pena, 
Tu canto augusto y vigoroso truena 
Con relámpagos mil de poesía. 

Pero ¡ay! canten á la indignada musa! 
No en vano Dios con su bondad profusa 
Quiso ligar en comunión sonora, 
Con tu gran voz que lamentando acusa, 
Mi débil voz que aconsejando llora. 

Tal vez quiso mandar que de este modo 

El uno y otro sostenidos vamos 

Por no caer ni resbalar al lodo. 

Así en el bosque en que susurra todo, 

Se mecen á la par dos verdes ramos. 

1 José Jacinto Milanos. 



LAS DOS OLAS 

• 

De blanda brisa impelidas 
Como dulces compañeras, 
Dos olas del mar salado 
Marchaban á la ribera, 
Cuando impaciente la una, 
Acusando la pereza 
De su amiga, así le dice : 
«Atrás, taimada, te quedas; 
«Así nunca medrarás 
«Por andar con las pequeñas: 
«Verás cómo ahora me junto 
«Con otras olas soberbias, 
«Y me levanto del Ponto 
«En la superficie tersa, 
«Y sumerjo los navios 
«Y me trago hasta la tierra.» 
No bien húbose engrosado 

Y extendido, cuando envuelta 
Por su misma pesadumbre 
Quedó en espumas deshecha, 

Y así acabó ; mas la amiga 
Que alzarse la vio tan hueca, 
Siguió callada y tranquila 
Burlando de su demencia : 
Ya un pintado pececillo, 
Saltando la sigue y juega; 
Ya en ella el suave favonio* 
Su planta toca ligera ; 

Y así se va deslizando 



40 POETAS CUBANOS 



Hasta que á la orilla llega, 
Donde abraza la cintura 
De una preciosa doncella, 

Y sube á su rostro y moja 
Su flotante cabellera, 
Pasando á morir gozosa 
En lecho de blanda arena. 
Yo, que mis redes cuidaba 
En tanto que el sol las seca, 

Y he dado en ambas locuras 
De pescador y poeta, 
Pensé que el mundo era mar, 

Y hombres las olas. Aquellas 
Que de la calma se apartan, 
'Desdeñando la pobreza, 

Y con los grandes se juntan 
Por ostentar preeminencias, 
Son trasuntos de los vanos 
Amantes de la opulencia, 
Que mueren sin alcanzarla 
Entre el ansia y la miseria, 
Desprendidos de los suyos, 
Por seguir quien los desprecia; 

Y estas que caminan mansas 

Y no ambicionan, ni anhelan 
Más bienes que aquel estado 
Que les dio naturaleza, 

Son los pacíficos hijos 
Del deber y la prudencia, 
Que ni murmuran, ni envidian, 
Ni de los suyos se alejan, 
Ni distinguen por colores, 
Ni casan por conveniencia, 
Ni se envanecen, ni tienen 
El trabajar por afrenta. 

Gabriel de la Concepción Valdés. 



A MI AMIGO A. S. 

;&L QJJEREF^JRETRATARME SOBRE UN PEDESTAL, CORONADA DE LAUREL 
Y PULSANDO UNA LIRA 

Mi noble amigo, 

EL delicado y generoso obsequio 
Conmovida agradezco ; mas no quieras 
Verme subir al pedestal que me alzas 
Con la vista inclinada y con la frente 
Por tí ceñida de laurel glorioso, 
Teñida de rubor. . . . No, amigo mió : 
Pinta un árbol más bien, hojoso y fresco, 
En vez de pedestal, y á mí á su sombra 
Sentada, con un libro entre las manos, 

Y la frente inclinada suavemente 
Sobre sus ricas páginas, leyendo 

Con profunda atención; no me circundes ^ 

De palmas, de laureles y de rosas, 
Sino de fresca y silenciosa yerba, 

Y en lugar de la espléndida corona, 
Pon simplemente en mis cabellos lisos 
Una flor nada más; que más convienen 
A mi cabeza candorosa y pobre 

Las flores que los lauros. 

No me pintes más blanca, ni más bella; 
Píntame como soy, trigueña, joven, 
Modesta y sin belleza; y si te place, 



342 POETAS CUBANOS 



Puedes vestirme, pero solamente 
De muselina blanca, que es el traje 
Que á la tranquila sencillez de mi alma 

Y á la escasez de la fortuna mia 
Armoniza más bien. . . . Píntame en torno 
Un horizonte azul, un lago terso, 

Y un sol poniente cuyos rayos tibios 
Acaricien mi frente sosegada. 

Píntame así; que el tiempo poderoso 
Los años hundirá con rauda prisa, 

Y después que esté muerta y olvidada, 
A la sombra del árbol silencioso 
Siempre leyendo encontrarás á Luisa. 

Luisa Pérez de Montes de Oca. 



ÍNDICE 



Dedicatoria v 

Al lector ' vn 

POETAS URUGUAYOS 

Francisco A. de Figueroa : 

Himno Nacional 3 

Alejandro Magaríños Cervantes : 

La gloria 7 

Pedro P. Bermúdez: 

El charrúa - 13 

Adolfo Berro: 

Población de Montevideo 19 

Juan Garlos Gómez : 

El tiempo , . . . 25 

Melchor Pacheco y Obes : 

El cementerio de Alégrete ^< 27 

Heraclio G. Fajardo : 

La azucena 31 

Aurelio Berro : 

Al monumento elevado en la Florida en conmemoración 
de la Independencia nacional . 35 

Fermín Ferreira y Artigas : 

Inmortalidad 41 

José Sienra y Carranza : 

El niño. . ; . . . 45 

Ramón de Santiago: 

La verdad y la gloria '. . . . 49 



ÍNDICE 



Alcídes De-María: 

Un recuerdo al Club Universitario 51 

José Pedro Várela : 

A la escuela . 53 

Eduardo Górdon: 

El trabajo 57 

Carlos María Ramírez: 

La guerra 59 

Washington P. Bermúdez : 

Los treinta dineros 61 

Juan Zorrilla de San Martin: 

¡Patria mía! -. 63 

Luis Melian Lafinur: 

Inspiración . 69 

Agustín de Vedia: 

Sorpbra y luz ¡ 73 

Luis Piñeiro del Campo: 

La golondrina y la flor 75 

Anacleto Dufort y Álvarez : 

La igualdad 79 

Victoriano E. Montes: 

El tambor de San Martin 83 

Joaquín de Salterain : 

La escuela de la aldea 87 

Constantino Becchi: 

Al sol de la libertad 89 

José G. Busto : 

Hiedra y palmera 97 

Antonio Lamrerti : 

La tocadora de arpa 99 

POETAS ARGENTINOS 

Vicente López y Planes : 

Himno Argentino 105 



índice 347 



Pág. 

Florencio Várela: 

La concordia 109 

Juan Cruz Várela: 

De mi muerte 113 

Esteban Echeverría : 

La cautiva 115 

José Rivera Indarte: 

Ei rey Baltasar 121 

Gabriel Real de Azúa: 

La gaviota y el canario 125 

Luis L. Domínguez: 

Montevideo 127 

Juan María Gutiérrez: 

Caicobé. 131 

José Mármol : 

Los trópicos 137 

Florencio Balcarce : 

El cigarro 143 

Bartolomé Mitre : 

El salmo de la vida. ... 117 

Ricardo Gutiérrez: 

El poeta y el soldado 149 

Estanislao del Campo : 

La luz y la sombra. . 155 

Garlos Guido y Spano : 

¡Adelante! 161 

Carlos Encina: 

Canto al arte 163 

Olegario N. Andrade: 

El arpa perdida 171 

Gervasio Méndez : 

La casita blanca 179 



34^ índice 



POETAS CHILENOS 

Eusebio Ltllo: 

Canción nacional de Chile 183 

Guillermo Matta: 

Himno de guerra de la América 187 

José Antonio Soffía : 

Deber del hombre 191 

Luis Rodríguez Velazgo: 

El ángel y el poeta 195 

Salvador San Fuentes : 

A Grosfo 197 

Eduardo de la Barra Lastarria: 

El arpa de David , . . . . . 199 

POETAS BOLIVIANOS 

Ricardo José Bustamante : 

En presencia de la estatua de Bolívar 203 

Manuel José Cortés: 

Al Illimani , 205 

María Josefa Mujía: 

La ciega ■ .... 209 

POETAS PERUANOS 

José Manuel Valdés : 

Salmo XVIII 215 

Manuel Nicolás Corpancho : 

Fragmento del canto III del poema «A Magallanes» . . 219 

Manuel Adolfo García : 

A Simón Bolívar 223 

Garlos Augusto Salaverry : 

La locomotiva 229 



índice 349 

Pfig. 

Ricardo Palma : 

Julio Arboleda . 233 

POETAS ECUATORIANOS 

José Joaquín de Olmedo : 

Traducción de la oda XIV, libro primero, de Horacio. . 237 

Juan León Mera : 

La República 239 

Numa Pompilio Llona: 

Dame tu lira 241 

POETAS VENEZOLANOS 

Rafael M. Baralt : 

A Cristóbal Colon '...,..-.. 245 

Andrés Bello : 

Fragmento del poema «América» 255 

José Antonio Maitin : 

Meditación '. . * 259 

Abigaíl Lozano: 

La Libertad 265 

Andrés Bello: 

El hombre, el caballo y el toro 269 

POETAS COLOMBIANOS 

José Fernández Madrid : 

Napoleón en Santa Elena 273 

José Eusebio Caro : 

En boca del último Inca 275 

Santiago Pérez : 

La noche en el mar 277 

Argesio Escobar: 

El cadáver del salvaje « 281 



.350 índice 

Pág. 

José M. Samper: 

Un recuerdo á la patria 285 

Lorenzo M. Lleras : 

Origen de la lengua castellana . . 289 

Jorge Isaags : 

A mi patria 295 

POETAS CENTRO-AMERICANOS 

García Goyena : 

El venado, la serpiente y la paloma 299 

POETAS MEJICANOS 

Fray Manuel Navarrete : 

La mañana 305 

Joaquín Telles : 

Al gran Morelos 309 

José Fernández : 

En la muerte del general Zaragoza . 311 

José Peón Gontreras : 

La camelia 315 

José Rosas: 

Al pabellón Nacional 319 

POETAS CUBANOS 

José María Heredia : 

Al Niágara 327 

Gertrudis Gómez de Avellaneda : 

A Washington 333 

José Jacinto Milanés : 

Dos laúdes 335 

Gabriel de la Concepción Valdés : 

Las dos olas 339 

Luisa Pérez de Montes de Oca : 

A mi amigo A. S 311 



ERRATAS 

En la página 37, donde dice: Gundaron, debe leerse: 
Fundaron. 

En la página 39, donde dice: Gertilizando, debe leerse: 
Fertilizando. 

En la página 225, donde dice: es escritas, debe leerse: 
escritas. 

En la página 267, donde dice: Aguija tus pendones, debe 
leerse: Aguija tus bridones. 



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